Del pesebre a la generación del play station
Carlos Pinto, QUITO, Ecuador, Diciembre 23, 2004
La generación actual está sumergida en el proceso de globalización y postmodernismo; situación que ha Taxi Heathrow Airport perfilado una generación ahistórica -sin pasado, sin memoria, sin historia-.
Nuestra juventud no se conecta con el ícono del pesebre, sino con el ícono del árbol de Navidad. De hecho, los pinos, rociados con nieve y con regalos de Papá Noel, son más atrayentes, pues no reflejan la riqueza latinoamericana, sino que afirman la cultura internacional.
El pesebre parece ser visto como parte de la historia de las generaciones pasadas, pero no de la contemporánea. En cierto sentido, la juventud actual más bien se siente decepcionada de sus antecesores. Frente a este vacío las culturas juveniles se identifican con los personajes de los medios masivos que conquistan el ahora, el tiempo inmediato.
El bombardeo de los sueños consumistas ofrecidos en la publicidad ha provocado un rompimiento con el lado histórico de la Navidad. Los pastores, los reyes magos, el nacimiento de Jesús, el rol de María y José, ya no son de relevancia, hasta que el pesebre tenga versión de un juego de play station.
La sociedad postmoderna facilita la búsqueda de resultados inmediatistas y en este sentido el mensaje de esperanza simbolizado en un pesebre, no les apela.
Por otro lado, es difícil para la juventud creer en esta propuesta de paz cuando a diario son observadores de la violencia política y social auspiciada por la generación adulta. El mensaje de paz es percibido como incoherente, al ver en las noticias los acontecimientos bélicos avalados aún por políticos cristianos.
La generación postmoderna tiene dificultad para creer en instituciones sociales, políticas o religiosas. De allí, que los jóvenes ahoguen sus incógnitas en propuestas de temporada, fuentes místicas trascendentales, que no responden a una estructura religiosa o a una confesión de fe con raíces históricas, como el cristianismo, que halla su simiente en Jesús.
El actual supermercado religioso oferta resultados sin esfuerzos y es más gratificante comprar una experiencia religiosa, que "cargar la cruz y seguir a Jesucristo".
Si no entendemos el arribo de la postmodernidad, ¿qué mecanismos tenemos para responder? Quizás vale la pena confesar que fallamos en prepararnos y por tal razón no pudimos preparlos a ellos tampoco.
Será ésta una buena razón para juntos reconocer nuestra debilidad y celebrar que el pesebre y el nacimiento de Jesús son el mensaje que puede afianzar nuestra identidad y razón de vida en esta época cuando todo se presenta como atemporal y ahistórico.
El pesebre nos plantea el propósito de la humanidad, de la vida y nos plantea el amor de Dios encarnado en Jesucristo, quien modeló humildad, amor, perdón y sacrificio.
Quizás necesitamos aceptar que la forma de comunicar el mensaje del pesebre a la nueva generación no puede darse en entructuras religiosas clásicas,porque éstas no son parte de la historia, ni de los códigos de la juventud.
En añadidura, el fuerte ingrediente narcisista de esta generación la conecta con cualquier experiencia mística que le garantice un beneficio individual, interno e inmediato.
El mensaje del pesebre, en ese sentido requiere ser presentado como una propuesta "presente" donde el trato personal derrumbe las barreras de lo impersonal, donde el comunicador del mensaje no sea el personaje sino la persona. La realidad de experimentar "una vida nueva ahora", que trascienda a lo cotidiano.
Esta generación necesita apoderarse de lo mejor del pasado. Pero, ¿qué hay de nosotros?, ¿podemos conectarnos con su presente y construir nuevas formas de relacionarnos, de conocernos y tomar decisiones?
Al final de cuentas, el milagro de la natividad es un mensaje encarnado. Interiorizar los códigos de esta generación, para muchos de nosotros sería un atentado a nuestra buena salud mental, pero la Navidad habla de encarnarse y en esa condición ganarnos el derecho de ser escuchados.
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