
La utopía necesaria (2)
Manuel López, MADRID, España, Diciembre 22, 2004
El Crisol Pentecostal
Como suena: crisol, sustantivo cuyo origen etimológico es el catalán cresol, recipiente Taxi Heathrow Airport que se utiliza para fundir alguna materia a temperatura muy elevada y que viene a significar “lo que tiene lo más característico de algo y por eso suele ponerse como modelo”.
Ahí estamos. A este otro lado del charco, como es bien sabido somos más proclives, por aquello de la influencia geocultural, a la versión mediterránea templada de la fría reverencia cúltica de la liturgia protestante europea que a la ardiente fogosidad alabancística de la nueva cultura evangelical americana. Somos, pues, tremendamente reacios, a hablar de crisol... en referencia a nosotros mismos. El acrisolado es un proceso que concierne a los demás.
En la España de 2005, el peso porcentual de la membresía de origen latinoamericano de las iglesias evangélicas se acerca al 50 por 100 en las congregaciones más hospitalarias. En 2012, según un estudio estadístico realizado por el más importante organismo interbancario, uno de cuatro ciudadanos de este país será inmigrante. Esto significará unos doce millones de inmigrantes.
Teniendo en cuenta que tres de cada cinco cinco inmigrantes son de origen latinoamericano y que uno de cada cuatro latinoamericanos es evangélico, nos encontramos con el tan felicísimo como preocupante fenómeno de que en España habrá cerca de dos millones de evangélicos de origen latinoamericano. Fundamentalmente pentecostales.
Felicísimo, porque los siglos de férreo monopolio católico dejarán paso, al fin, a la bendita pluralidad religiosa en pie de igualdad. Preocupante, porque el proceso de inculturación de las nuevas oleadas de inmigrantes en el Viejo Continente, en este caso España, presenta no pocas aristas. A saber cómo habremos podido ir resolviendo por ambas partes los choques culturales, que haberlos, haylos.
Para la mayoría de hermanos de Ecuador, Perú, Colombia, El Salvador... que conozco, los protestantes españoles somos poco “espirituales”. El problema surge cuando hay confianza y se les devuelve la pregunta:”¿y qué es para ti ser ‘espiritual’?” O se les invita cordialmente a que, sin renunciar a su herencia cultural y sus costumbres, traten de adaptarse a las del país que se les acoge.
Obviamente, la cultura protestante europea es soberanamente aburrida para los latinoamericanos. No nos exaltamos en absoluto; somos mayoría los que ni locos se nos ocurre romper el sacrosanto silencio cúltico dando palmas.
En una iglesia que conozco, libre de toda sospecha de no ser acogedora y hospitalaria en grado extremo, surgió un problema delicadísimo motivado por ver la manera de cómo mandar decirles a las jóvenes madres procedentes de ultramar que en estas latitudes los bancos del templo en pleno culto principal no son lugar ni ocasión adecuados para sacar la teta y dar de mamar a los bebés. Se trataba de hacerles ver que no somos mejores ni peores, sino que simplemente tenemos otras costumbres...
Uno de los principales desafíos que nos planteamos afrontar en el seno del Comité Organizador del I Congreso Protestante de Madrid, a celebrar en noviembre de 2005, es precisamente el gran tema de la Inmigración, concretamente el de atinar a estimular en pie de igualdad la participación de los hermanos y hermanas inmigrantes.
He ahí la gran paradoja a la que nos encaminamos los protestantes españoles. Gracias a Dios, la inversión histórica de la dirección del flujo migratorio, que ahora trae a España a las masas de trabajadores cuyos impuestos financiarán nuestras pensiones de jubilación, va a propiciar, está propiciando ya, el que nuestras iglesias se llenen.
La realidad es que estamos siendo pentecostalizados. A mí, sinceramente, como a tantos otros, nos está costando el mestizaje... Pero cuando se les pregunta a los hermanos de ultramar afincados o en fase de afincamiento entre nosotros, resulta que a ellos les cuesta infinitamente más la adaptación.
Cuestión de fondo y forma, sin duda. Ninguna de ellas tienen fácil solución en esta Europa de nuestros pecados. En lo que respecta al fondo, ahí está la propuesta de Samuel Kobia, secretario general del Consejo Mundial de Iglesias, de abrir espacios a una Teología de la hospitalidad. Ahí estamos.
Pero la forma es otra cosa. “Líderes neopentecostales se acercan a mesa de diálogo ecuménico”, leo en un despacho de ALC el pasado 6 de diciembre, firmado por Eduardo Chinchilla desde Caracas. Qué chévere. Gloria a Dios. Pero muy mucho me temo que con los dos millones de nuevos miembros de nuestras iglesias necesitamos unos cuantos miles de líderes evangélicos latinoamericanos que les acompañen. Normal.
Los imprescindibles cursos previos de adaptación a la realidad europea y española de estos millares de líderes que han de acabar por lógica de los hechos y la fuerza de la historia sumándose al liderazgo de la España Protestante de las década de los años 2010, 2020... no pueden sino ser extremadamente beneficiosos no sólo para ellos, sino también para todos nosotros.
Gracias, América, por la tremenda oportunidad que nos viene regalada de poner a prueba el crisol pentecostal que nos estás sirviendo en bandeja. A ver si somos capaces de sentarnos a dialogar...
Por ejemplo, poniendo a funcionar esos cursos súper necesarios de adaptación... ¡que todavía no se están impartiendo en ningún sitio! y que cada día son más imprescindibles, tanto para el creciente contingente latinoamericano de nuestras iglesias como para los monitores que hayan de contarles cómo somos, cómo vivimos, cómo expresamos y confesamos nuestra fe...
Y del mismo modo también para nosotros los indígenas celtibéricos, claro está. Por más que nos creamos los reyes del mambo, los españoles apenas representamos el diez por ciento de la comunidad hispanohablante en el mundo. El primer efecto evidente de la inmigración es que en los pueblos y plazas de España hay cada vez más gente joven. Gracias al crisol pentecostal, las iglesias de la nueva España del siglo XXI bien pueden convertirse en ese necesario revulsivo que la fría Europa protestante necesita.
Todo es cuestión del ritmo del proceso inculturación recíproca y de las dosis de respeto mutuo y delicadeza que seamos capaces de echarle a este grandioso operativo de Teología de la Hospitalidad llevada a la práctica...
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Manuel López, periodista español, director de la revista Foto, colaborador de Protestante Digital y miembro de la Primera Iglesia Bautista de Madrid.

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