
La barbarie...y la civilización en 1973
Maximiliano Salinas C., SANTIAGO, Chile, Diciembre 17, 2004
Cada vez resulta más evidente que en 1973 cayó sobre Chile un proceso de barbarie. Taxi Heathrow Airport Barbarie entendida como la destrucción del ser humano. Las muertes injustas, y ahora las torturas, conocidas, tras treinta años de silencio, por el Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. Hechos horripilantes.
“Un terremoto sobre el alma de Chile”, ha dicho el presidente Lagos. Unos piden perdón, otros prefieren no hacerlo, en fin. Lo terrible es que esa barbarie es el ‘sello’ de la ‘cara’ supuestamente bonita que algunos llaman civilización.
La barbarie fue traída por los propios civilizadores. No son dos cosas aparte. El civilizado de 1973 es el bárbaro de 1973. El ideólogo circunspecto ante la cámara de televisión y el oficial en la cámara de tortura fueron la ‘cara’ y el ‘sello’ de los que quisieron hacer de nuevo a Chile hace tres décadas.
No se puede disculpar o exculpar a uno -como un santo- y culpar al otro -como un demonio-. Fueron distintos, hasta disputaron entre sí, pero fueron la misma ‘moneda’ que empezó a correr desde el 11 de septiembre de 1973. No fueron para nada blancas palomas los civilizadores de 1973.
Suelen decir los defensores de la dictadura que el gobierno militar tuvo su lado bueno y su lado malo. La ‘cara’ bonita sería el progreso económico, la expansión capitalista. El ‘sello’ sería la violación de los derechos humanos. Civilización, por un lado; y, por el otro, barbarie.
¿Cuándo nos daremos cuenta que civilización y barbarie llegaron juntas y revueltas? ¿Que no pudo haber una sin la otra? Ahora en esta seguidilla de pedir o no pedir perdones, ojalá se entendiera que la barbarie -la violación estremecedora de los derechos humanos- fue la condición necesaria para que se estableciera la civilización ‘occidental y cristiana’ que enorgulleció a los gobernantes de los años 70.
Hoy que Chile -como tantas veces en la historia de su arrogante elite republicana- se cree tan ‘civilizado’, tan ‘firstworld’, debe considerar que toda esa cara ‘vencedora’ y ‘vendedora’ de desarrollo y progreso requirió de la barbarie de los 1.132 recintos de detención de prisioneros y de torturas a lo largo de todo el país.
Como siempre. No hay nada nuevo en eso. Así fue también en el siglo XVI. La acumulación de oro de los castellanos en Chile fue paralela a la caída demográfica de los indígenas. Así de simple. No lo olvidemos, por lo menos.
¿Qué sacamos con denunciar la barbarie si no denunciamos también la civilización que la presupone? Más allá -o más acá- de toda civilización y de toda barbarie debemos reconocer que hay algo superior a toda obra humana.
Nos referimos a la vida y al derecho universal a la vida, y de toda vida sobre la Tierra. Tenemos que empezar a hablar desde esta perspectiva. Realmente vital y vivificante.
Al recibir el premio Nobel de la Paz Kofi Annan en el 2001 expresó: “Yo creo que en el siglo XXI la misión de las Naciones Unidas vendrá definida por una conciencia nueva y más profunda de la santidad y la dignidad de cada vida humana,…”. La vida -como dicen todas las confesiones religiosas, de moros o cristianos- procede de Dios. No somos dueños de ella. No la podemos manipular según nuestros oportunismos políticos, bárbaros o civilizatorios.
Desde el derecho a la vida de la Tierra hay que protestar contra toda forma de barbarie, pero también contra toda forma de civilización que se monta sobre la barbarie. Como la que instalaron, decadentes, los ‘civiles’ civilizadores de ese tristón 1973.
Santiago, 12 de diciembre de 2004.
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Maximiliano Salinas Campos. Historiador chileno. Profesor del Departamento de Historia, de la Universidad de Santiago de Chille. Autor, entre otros libros, de Chile: la lucha por un pueblo de hermanos. Antecedentes para una historia del colonialismo y los derechos humanos (Vicaría de la Solidaridad, Santiago 1976); La reivindicación de Jesús. Clotario Blest y su tiempo (Ediciones de la Familia Franciscana, Santiago 1994); Gracias a Dios que comí. Los orígenes del cristianismo en Iberoamérica y el Caribe, siglos XV-XX (Dabar, México D.F., 2000).

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