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Jueves 25 de Noviembre, 2004

Análisis de la presencia evangèlica en Bolivia, hizo rector del Seminario Bautista

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, México, Noviembre 2, 2004

Un análisis del proceso histórico, logros y falencias de la presencia del protestantismo evangélico en Taxi Heathrow Airport Bolivia, hizo Marcelino Tapia Roque, rector del Seminario Bautista de Cochabamba.

Tapia presentó una ponencia en el 2º Seminario sobre el Protestantismo Evangélico en América Latina, que, convocado por la Fraternidad Teológica Latinoamericana, el Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano y docentes de la Universidad Nacional Autónoma de México, se realizó del 19 al 22 del pasado mes de octubre en esta ciudad del estado de Chiapas, en el sur de México.

En su trabajo, titulado "El cristianismo evangélico en el mundo indígena: Perspectiva Boliviana", Tapia señaló que en Bolivia la población indígena representa el 40 por ciento de la población total y que, con su presencia de más de un siglo, la misión protestante ha trabajado entre los indígenas.

Cabe preguntarse, dijo, si esa misión es diferente de la que hicieron los católicos, ¿Cuáles los impactos, aportes y desaciertos de la obra misionera protestante entre los indígenas? ¿Cuánto ha contribuido en la reivindicación de los derechos y el mejoramiento de la calidad de vida de los indígenas? Y, finalmente, ¿Cuáles los desafíos que tiene la misión protestante frente a los pueblos indígenas?.

A manera de conclusiones, Tapia anotó que las misiones protestantes entre los indígenas lograron considerables éxitos, pero su objetivo fue mayormente el de la asimilación del indígena a la vida nacional. Se trataba de un propósito civilizador, con la consiguiente pérdida de su identidad cultural.

En general, hasta ahora se peca de considerar al indígena como interior al blanco de habla castellana. Esto ha llevado a considerar al indígena como no capacitado para el liderazgo y necesitado de dirección.

Y ha generado, indicó, serios problemas para el desarrollo de la obra, aunque en algunas iglesias, como la Metodista, esta situación ha ido cambiando y actualmente, el obispo metodista es  un indígena,
Carlos Intipampa.

Después de casi cinco siglos de evangelización,los cristianos deben admitir su fracaso en dar a conocer el auténtico Evangelio de Jesucristo a quienes Dios puso primero en estas tierras, sostuvo Tapia.

Un mejor conocimiento de las culturas nativas y la disponibilidad de mejores herramientas para la comunicación con estos pueblos deben alentar a un trabajo misionero más adecuado y efectivo, opinó.

La creciente conciencia de que deben ser indígenas los que evangelicen a los indígenas abre nuevas posibilidades para el desarrollo de la misión en el continente, anotó Tapia.

Finalmente, queda como desafío para el protestantismo el restaurar la unidad de las comunidades indígenas. En Bolivia, es un verdadero problema ancestral la división al interior de las bases indígenas y de los actores políticos que ahora los representan (Evo Morales, Alejo Veliz y el "Mallku" Felipe Quispe). La construcción de un movimiento que puede tener fuerza y legitimidad pasa por la unidad, lo cual es posible en los valores del Reino de Dios, indicó.

El catedrático boliviano dividió su trabajo en tres ejes principales: el período de inicio y consolidación del trabajo misionero entre los indígenas (1866-1940); la búsqueda de autonomía indígena (1952-1985)y el período del liderazgo indígena (1985 en adelante).

En el primero, dijo, después de casi cuatro siglos de un proceso de exterminación, explotación y continua lucha  por encontrar su plena libertad, desde los días de la conquista, el indígena boliviano cayó en peores manos después de la independencia,su situación se agravó en el período de la oligarquía criolla liberal.

En estas circunstancias, el protestantismo en Bolivia se infiltró, en principio, en forma clandestina. Después de la promulgación de libertad de culto por el presidente lsmael Montes, en 1905, el protestantismo se insertó como un aliado estratégico para los gobiernos liberales, que buscaban reducir la influencia católica e integrar a los indígenas a la vida nacional a través de un trabajo civilizatorio.

Siguiendo las recomendaciones del congreso misionero de Montevideo (1925) las misiones que ingresaron a Bolivia se dedicaron, junto con la tarea de la evangelización, a la labor educativa, médica y de desarrollo social y económico, señaló el conferencista.

En el segundo período, dijo Tapia, que fue una época de despertar y agitación campesina, que terminó en la revolución de 1952, y se caracterizó  por una participación notable de los indígenas en losprocesos sociales. Se puede observar una mayor participación  indígena en el trabajo misionero.

Así se inició el notable surgimiento de iglesias campesinas. En manos de los misioneros indígenas, la obra en los pueblos indígenas crece notablemente. Un notable crecimiento de la membresía indígena en distintas denominaciones (metodistas, bautistas, Unión Cristiana, adventistas) se da a partir de 1969. Ese año, los aymaras y quechuas constituían el 85 por ciento  de la membresía total de la Iglesia Metodista.

En este período se observa el resurgimiento de un liderazgo indígena que empieza a tomar protagonismo desde 1985.

En este período, caracterizado por el retorno a la democracia, se producen cambios en la constitución política del estado, que caracterizan al país como "pluriétnico y plurilingüe". A esto se añade una nueva manera de entender la identidad, en la que simplemente se busca ser ciudadano, ya no interesa ser blanco, mestizo, indio u otro.

Como resultado de la educación concientizadora que emprendieron metodistas y bautistas, Genaro Flores, miembro de la Iglesia Metodista, llegó a ser el primer indígena en dirigir la Confederación Obrera Boliviana (COB) en 1986, y  Víctor Hugo Cárdenas, miembro de la Iglesia Bautista, llega a ser vicepresidente de la República.

Sin embargo, en este período contemporáneo, anotó Tapia, los indígenas protestantes reproducen la clásica división de tendencias teológicas: fundamentalismo, liberalismo e integral.

En la corriente fundamentalista, están los pentecostales y neopentecostales, que son los mejores instrumentos del sistema neoliberal, al ofrecer a sus feligreses como respuesta a sus  problemas sociales soluciones espirituales.

Siguiendo la lógica del mercado, ofrecen a la gente productos exóticos para toda necesidad, con el propósito de hacer negocio con la fe de la gente.

Al otro extremo, dijo, están los liberales, que han sido absorbidos por el proceso de secularización, para el que su fe ya no toca su ética, sino que se reduce a un discurso de liberación y justicia.

Y además, anotó, quedan los indígenas protestantes que creen en una salvación integral y que está salvación no es solo para ellos sino para todos. Por ello asumen una ética solidaria que busca comprometerse con su comunidad, movilizándola en busca de un desarrollo que mejore su calidad de vida.

En este período es visible el liderazgo indígena, pero también una nueva forma de cristianismo evangélico indígena que encuentra en sus iglesias el espacio para reinsertarse y ser parte de la identidad ciudadana. No obstante, queda postergado el proyecto de un trabajo misionero que implique el desarrollo integral de un cristianismo evangélico rural, concluyó Tapia. (779/2204).


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