Teólogo peruano destaca dinamismo misionero de la iglesia evangélica
SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, México, Octubre 26, 2004
El dinamismo misionero del pueblo evangélico latinoamericano lo ha convertido en el instrumento más adecuado Taxi Heathrow Airport para el cumplimiento de la misión, afirmó el teólogo peruano Samuel Escobar en el II Simposio sobre Protestantismo Evangélico en América Latina, que se desarrolló en esta ciudad del estado de Chiapas, en el sur de México, del 19 al 22 del corriente mes.
Por un lado, dijo, el protestantismo evangélico se siente siempre "en estado de misión", viendo el territorio latinoamericano como campo que hay que evangelizar. Cerrando los ojos a la existencia del catolicismo considera el campo como si fuese totalmente pagano. Prevalece la visión simplista de que "aquí no había nada auténticamente cristiano hasta que llegamos nosotros".
Además, al finalizar el siglo XX se ha producido lo que el misiólogo Andrew Walls llama el gran viraje del cristianismo hacia el sur. La práctica y vigencia de la fe cristiana ha declinado en Europa y está en crisis en Norteamérica, mientras asistimos al crecimiento de formas contextuales de cristianismo en Africa, Asia y América Latina, lo mismo que entre las poblaciones marginales y las minorías étnicas de Europa, Norteamérica, y algunos casos en Europa Oriental.
En el Simposio, convocado por la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL), capítulo de México, el Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano y docentes de la Universidad Nacional Autónoma de México, Escobar abordó en tres conferencias diversos aspectos actuales del protestantismo de América Latina.
Para el liderazgo católico, dijo, la expansión protestante pone en tela de juicio toda la práctica misionera católica del siglo dieciséis y la práctica pastoral del siglo veinte. En el pasado se utilizaron la coerción social y política para detener "la avalancha" y se forjó la teoría de la conspiración masónica, estadounidense y hasta comunista.
En tiempos más recientes, algunos estudiosos católicos han percibido la significación misiológica del protestantismo latinoamericano. Estas percepciones tienen interesantes puntos de contacto con los más recientes estudios sociológicos del protestantismo popular.
Entre otros, mencionó que el obispo católico Boaventura Kloppenburg señaló hace un tiempo que la actual migración del catolicismo a movimientos protestantes en América Latina, es ya cuantitativamente mayor que el movimiento de católicos al protestantismo que se dio en Europa durante el siglo dieciséis.
El jesuita español Juan Díaz Vilar, que trabaja en Nueva York, tomando en cuenta el dinamismo misionero de los evangélicos y el atractivo de sus comunidades para los inmigrantes en transición, concluye: (las sectas) "pueden ser una ayuda que alerta a la Iglesia Católica a la necesidad de conformar una Iglesia que sea más personal, más comunitaria, más compasiva - una Iglesia en la que todos, cualquiera sea su raza, trasfondo étnico o idioma, se pueden sentir queridos, necesarios y 'en casa."
Escobar enfatizó que la vocación misionera de los evangélicos latinoamericanos les viene del impulso misionero que heredó las notas del pietismo, los moravos, Wesley y los avivamientos en el mundo de habla inglesa. La única forma en que los evangélicos no pentecostales van a poder definir teológicamente su relación con los pentecostales es explorando este parentesco con lo que el historiador Scott Latourette llamaba las "minorías vitales" protestantes de los siglos dieciocho y diecinueve, dijo.
El teólogo católico Franz Damen llama la atención al arraigo latinoamericano de las iglesias (a las que llama sectas). Reconoce que las sectas son un fenómeno primariamente religioso más bien que político, que un número creciente de sectas no son de origen norteamericano sino latinoamericano; y que muchas de ellas se nacionalizan e independizan pronto.
Damen destaca la capacidad de las iglesias populares para movilizar a todos sus miembros en la tarea de evangelización. Monseñor Roger Aubry reconoce que este esfuerzo evangelizador es "muy generoso", pero critica el hecho de que a veces "parece más proselitista que evangelizador", aunque admite "que entre nosotros (los católicos), a pesar de los serios esfuerzos que se van realizando, son pocos los laicos involucrados en forma activa y creativa en la actividad pastoral de su parroquia o de su Iglesia."
Damen llama la atención de que los grupos pentecostales, que son los que muestran el mayor crecimiento, son también los que en relación con su tamaño, cuentan con el menor número de misioneros. Algunos de estos estudiosos, indica Escobar, reconocen que el esfuerzo evangelizador de las iglesias protestantes populares provee la primera experiencia de fe cristiana para algunas personas.
Un documento de trabajo del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) de 1979 reconocía que "Las mayorías latinoamericanas generalmente se consideran 'católicas, apostólicas y romanas' aunque la adhesión eclesial de ellas frecuentemente se basa más en una pertenencia costumbrista a la Iglesia que en convicciones profundas de fe".
Otras característica de la misiología evangélica que los estudiosos católicos señalan es el origen popular de su membresía y de su liderazgo. El teólogo español José Luis Idígoras, quien fue por varias décadas misionero en el Perú, contrasta este carácter popular de los pastores pentecostales con el elitismo de los sacerdotes católicos y.critica la formación secularizante que reciben éstos.
Agrega que la extracción de los pastores protestantes suele ser tan popular como la de los católicos. Pero viven más cercanos al pueblo y su formación suele ser menos filosófica y más teológica. Fundamentalmente se basa en la lectura y en la interpretación de la Biblia, sin mucho recurso a métodos exegéticos. De esa manera conservan más fácilmente la mentalidad popular con que iniciaron su formación.
Asimismo, indicó, resaltan que las iglesias populares evangélicas crean un ambiente de comunidad y de fraternidad para los pobres en el mundo urbano. El sacerdote Angel Salvatierra, ecuatoriano, señala que frente al crecimiento de la población de América Latina, el catolicismo se enfrenta con la escasez de sacerdotes y la "excesiva concentración de responsabilidades en los sacerdotes".
El reconocimiento de estas cualidades del protestantismo popular no significa que estos autores católicos hayan dejado de lado sus particulares convicciones respecto a la Iglesia de Roma, pero representan un paso en la comprensión de las diferencias y semejanzas entre evangélicos y católicos cuando se piensa en la misión cristiana en el próximo siglo.
La cuestión fundamental sería si el catolicismo puede ver al protestantismo popular como obra de Dios en el mundo.Esta misma pregunta se plantea a muchos protestantes de denominaciones más antiguas que se sienten también desafiadas, cuando no amenazadas, por el crecimiento del protestantismo popular.
Las aproximaciones misiológicas han tenido su efecto en los cambios más recientes que se han dado al interior de la Iglesia Católica. El Documento Ecclesia in America que el Papa presentó en México el 22 de enero de 1999, afirma: "la acción proselitista que las sectas y nuevos grupos religiosos desarrollan en no pocas partes de América, es un grave obstáculo para el esfuerzo evangelizador", pero no deja lugar a dudas en cuanto al exclusivismo católico.
Hay, además, un cambio de énfasis de lo social a lo espiritual. El Sínodo de Obispos de América anotó "hay que preguntarse si una pastoral orientada de modo casi exclusivo a las necesidades materiales de los destinatarios no haya terminado por defraudar el hambre de Dios que tienen estos pueblos, dejándolos así en una situación vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual".
Escobar recordó que a comienzos del siglo veinte los precursores y fundadores del protestantismo latinoamericano tenían la visión de que la Iglesia Católica necesitaba del movimiento misionero protestante "a fin de que el bien en ella triunfe sobre el mal".
Las diversas formas de presencia protestante en América Latina han tenido como uno de sus efectos la renovación del catolicismo, indicó Escobar. Desde esta perspectiva, se puede concebir que con el advenimiento de sociedades más plurales, y ante el crecimiento de corrientes y formas de vida totalmente contrarios a la visión del Reino de Dios, católicos y evangélicos podrían encontrarse juntos en nuevas avenidas de servicio y testimonio.
Sin embargo, subrayó Escobar, la Iglesia Católica sigue siendo igual y los cambios en el catolicismo constituyen un desafío a la identidad de los evangélicos y a su creatividad, son un reto a que los evangélicos revisen y definan cuáles son las marcas distintivas de su fe.
Desde un ángulo diferente, dijo,el crecimiento de las mega-iglesias para-evangélicas nos plantea preguntas similares que son una llamada al análisis. En algunas de estas iglesias vemos la venta de objetos sagrados tales como agua y aceite benditos, vemos que se nombran "apóstoles" con autoridad ilimitada e incuestionable, y vemos métodos de recolectar fondos en los cuales se promete a los ofrendantes que recibirán multiplicado por diez el monto de lo que ofrenden.
Por otra parte, anotó, el progreso de la obra misionera desde América Latina ha sido notable. Se estima que en 1982 había unas 92 organizaciones evangélicas enviando un total de 1.120 latinoamericanos como misioneros a otras partes del mundo. Hacia 1988 existían 150 organizaciones y unos 3.026 misioneros. Las cifras más recientes indican que hay 3.921 misioneros latinoamericanos en otras partes del mundo, enviados por 284 organizaciones.
La tarea que cabe ahora a las nuevas generaciones que piensan su fe evangélica y reflexionan sobre su experiencia es la de llevar el hecho evangélico al terreno del diálogo cultural de una manera objetiva y no apologética. Esto significa aprender a dialogar superando las actitudes sectarias derivadas del hecho de ser minoría, afirmó el teólogo y profesor peruano.
Al mismo tiempo, concluyó, es necesario trabajar creativa y críticamente en la profundización de una cultura evangélica con sus peculiaridades frente a los desafíos de la posmodernidad, es decir frente a esos cambios de paradigma que Arturo Piedra ha identificado con tanta precisión desde su perspectiva de historiador evangélico. (760/2004).
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