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Miércoles 10 de Noviembre, 2004

Celebraron 200 años de las Sociedades Bíblicas

BUENOS AIRES, Argentina, Setiembre 24, 2004

Hoy, María Jones toma distintos nombres, idiomas, y nacionalidades. La podríamos encontrar en las pobres Taxi Heathrow Airport y olvidadas calles de Calcuta, sedienta de agua y esperanza en Sudán, expuesta al peligro en un suburbio de Sao Paulo o limpiando vidrios de autos en una avenida de Buenos Aires, subrayó Marcelo Figueroa.

El secretario general de la Sociedad Bíblica Argentina (SBA) se refería a María Jones, la joven galesa que trabajó seis años para ahorrar el dinero suficiente para comprar su propia Biblia y luego caminó 40 kilómetros para adquirirla. Su epopeya inspiró a un pequeño grupo que en 1804 fundó la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera para difundir la Biblia.

Figueroa habló en el acto conmemorativo de los 200 años de lo que ahora son las Sociedades Bíblicas Unidas, el pasado martes 21.

Actualmente la Biblia o parte de ella ha sido traducida a 2.355 idiomas de los aproximadamente 6.000 que se hablan en el mundo. Las Sociedades Bíblicas Unidas, presentes en más de 200 países, distribuyen aproximadamente 600 millones de Escrituras al año.

Figueroa anotó que la SBA, fundada en 1825, ha distribuido la Biblia en las lenguas indígenas toba, mocoví, pilagá, chorote, wichí, yagahan y quichua. La historia de María Jones, enfatizó, se repitió hace pocos meses, cuando Adriana y Verónica, dos jóvenes wichís que viven en el monte de la provincia de Formosa, enteradas de la llegada de Biblias en wichí caminaron 15 kilómetros llevando sus artesanías como único bien de cambio. Adriana y Verónica nos convocan, nos desafían y dan fuerzas para seguir adelante.

Dijo que la SBA promueve una iniciativa oficial para que se dicte en Argentina una ley que instaure el cuarto domingo de septiembre como el Día Nacional de la Biblia. Esa propuesta es apoyada por representantes de la Iglesia Católica y de organizaciones evangélicas.

En el mismo acto, Salvador Delluttri, presidente de la SBA, resaltó que la Biblia, siendo la Palabra del Dios de la eternidad, está siempre integrada al tiempo. Cuando iniciamos el siglo XXI, dijo, lo hicímos llenos de esperanza.

Sin embargo, el corto trecho transitado nos está mostrando que ese optimismo era infundado: la intolerancia, la violencia, el odio, la muerte, la opresión, el hambre y la miseria ocupan el centro de la escena.

Estamos ante una escalada internacional de violencia. Pero lo más terrible y vergonzoso es que en algunos casos se esgrima el nombre de Jesucristo para justificar “guerras preventivas contra el mal” y se intenta disfrazar la voracidad y la rapiña bajo el rótulo de “guerra justa” o, lo que es peor, de “guerra santa”.

Pero, junto con la violencia abiertamente bélica se ejerce otra tanto o más despiadada: la de la miseria y la pobreza. El egoísmo, la ambición y el materialismo presiden la escena mundial. Poderosos capitales transnacionales imponen el modelo neo liberal y la universalización del mercado, respondiendo a los intereses capitalistas más injustos e inhumanos que se recuerden, señaló Dellutri.

Vamos hacia un futuro, advirtió,  donde 500 millones de personas vivirán en la opulencia, mientras 5.500 millones se hundirán en el hambre y la miseria.

Si el panorama internacional no es alentador, también lo que sucede dentro de la Argentina reviste extrema gravedad. "Somos un país en quiebra, con profundos problemas sociales y aterradores cuadros de pobreza y miseria. Vivimos en medio del temor, sobresaltados por la constante inseguridad, confundidos por los límites imprecisos entre delincuentes y servidores públicos. ¿Por qué plantear este sombrío panorama en esta celebración? Porque como cristianos no podemos hacer de nuestra fe una burbuja para narcotizarnos de espiritualidad y dejar de ver la descarnada realidad que nos rodea, recordó Dellutri.

Hoy el robo, la muerte y la destrucción parecen enseñorearse en nuestra sociedad. Por eso nesitamos volver nuestros ojos y nuestro corazón a Jesucristo, porque es el único que puede darnos verdadera vida. Como argentinos tenemos que convocarnos unos a otros a un genuino arrepentimiento. Sin esta renovación espiritual que nos lleve a un cambio de conducta no habrá ningún futuro venturoso. Hoy estamos rodeados de sombras que nos asustan. Ha llegado el momento de ponernos frente a Dios, de cara al sol. concluyó. (665/2004).


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