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Jueves 21 de Abril, 2005

Educación sexual: postmodernidad o Génesis

Hilario Wynarczyk, BUENOS AIRES, Argentina, Setiembre 23, 2004

Desde mediados del corrientes mes se instaló en el periodismo argentino, que sustancialmente es el Taxi Heathrow Airport periodismo generado desde la Capital Federal, el tema de la polémica sobre la educación sexual en las escuelas.

El problema tiene antecedentes de otra clase pero muy relacionados. En los últimos años ha habido, y nunca terminó de ser resuelta, una polémica sobre la presencia y actividad de oferentes callejeros de sexo. Esta industria incluye a los travestis, que en la Capital Federal ocupan una zona de la ciudad, conocida como "zona rosa".

 Muchos de los que transitan por la zona rosa son personas que van a "mirar a los travestis". También se puso de moda entre los jóvenes hacer unas despedidas de solteros más sádicas que las ya habituales. Visten al candidato a marido como si fuera un travesti, lo sueltan en la "zona rosa" y miran lo que pasa. Al mismo tiempo la condición de travesti ha sido bastante exaltada en algunas revistas y programas de televisión.

La polémica que involucra ahora a las escuelas, está presentada de tal modo que fragmenta al público en tres bandos. Primero, los que están a favor de que la educación sexual sea formulada solamente en el hogar (posición que sostienen muchos evangélicos conservadores).

Segundo, los que opinan que tal educación sea brindada en la escuela, pero de acuerdo con un proyecto consensuado por la comunidad educativa de cada escuela. Esta es la posición que adoptan los padres de familias más ligados al pensamiento católico oficial.

Y finalmente los que están a favor de que la educación quede establecida en las escuelas, de acuerdo con una currícula determinada por técnicos de estado. La tercera opción es la que sostienen las personas ligadas a las agencias del estado, la centro izquierda y, en general, lo que se podría llamar el ala progresista de la sociedad.

Tal como está, la discusión induce al barullo y el engaño. Especialmente si se toma en consideración que el público argentino no está mayormente acostumbrado a discusiones finas sobre problemas sociales, en términos que se podría llamar "democráticos". Generalmente las conductas en estos dominios siguen patrones de acción indiferentes o, en el mejor de los casos, gregarios, que se fundamentan en las mayorías, el periodismo y las ideas de algunas entidades formadoras de opinión. 

La discusión de fondo está estrechamente asociada con el problema de la relación entre lo público y lo privado. En otros términos, es el problema del avance de lo público sobre lo privado.

En materia de educación sexual hay dos bandos claros dentro de esta perspectiva. Los más conservadores quieren frenar el avance de lo público sobre lo privado, en un área donde lo público está mayormente manejado por los progresistas. Si los conservadores tuviesen un mayor manejo del estado en estos momentos, posiblemente estarían de acuerdo con un avance de lo público sobre lo privado.

En segundo término, la discusión sobre educación sexual escamotea un asunto. Hace aparecer a la vista pública el problema de la difusión de las enfermedades de transmisión sexual, la cantidad sorprendente de embarazos adolescentes, la ignorancia de manejos sexuales, anatomía y fisiología entre los adolescentes, el número de muertes de chicas pobres por abortos mal hechos, la recurrente aparición en las veredas de la ciudad, de niños abandonados luego de nacer.

Lo que queda por debajo es el problema de la definición de la homosexualidad y el travestismo, entre otras cosas. Traducido a términos de discusión más complejos, es hablar de la definición de la condición de hombre y mujer, o definición de lo que es el género.

En materia de género, en Argentina existen dos corrientes claramente marcadas. Los psicólogos y trabajadores sociales, entre otros profesionales, sostienen mayormente la posición de que el género es una construcción, social, cultural y discursiva. Los creyentes ortodoxos, sean católicos o evangélicos, creen que el género fue marcado por Dios y pertenece al dominio de las leyes de la naturaleza por El fundadas.

En última instancia debajo de todo es una discusión de lo que normalmente está por debajo de toda discusión. Es la polémica sobre paradigmas o modelos básicos que están debajo de otros pensamientos más específicos. Estos paradigmas son los que le dan continente y sustento a las teorías posteriores.

En el caso de la educación sexual se trata de la opción por el discurso del libro del Génesis o el de la posmodernidad, que pretende ser científica en materia de definición de temas sexuales. (660/2004).


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