
Zeus no tolera a los débiles
Oneide Bobsin, SAN LEOPOLDO, Brasil, Setiembre 4, 2004
La tabla de medallas de los Juegos Olímpicos de Atenas revela que Zeus reservó la Taxi Heathrow Airport inmortalidad a unos pocos atletas. Zeus, el dios victorioso del Olimpo, que exige fidelidad absoluta, parece que tampoco tolera personas débiles. El que no podía comer con su propia mano el néctar y la ambrosía, según relata el mito, no merecía estar al lado de Zeus.
En el podio de Olimpo, los atletas de Estados Unidos, China, Rusia y Japón reunieron más medallas de oro que los demas 70 países, de los 202 que participaron en los juegos. Juntos, los países del Tercer Mundo no consiguieron ganar ni la mitad de las medallas de oro que conquistaron Estados Unidos o China. Zeus es fiel a los países cuyas empresas privadas o sector público invierten en los deportes competitivos, que, contradictoriamente, crean solidaridad entre los pueblos.
Pero, Zeus no es loco. Cuando los deportistas se esfuerzan totalmente en busca del vil metal, empresas públicas y privadas utilizan la sangre y el sudor de nuestros atletas para saborear el olor que exhalaba de sus cuerpos semidesnudos, como un sacrifício en nombre del oro, que salió de nuestra América Latina colonial pero que casi nada regresó esta vez.
Además de los cuerpos fuertes y esbeltos, Zeus quiere también el alma de las personas. En los intervalos de los juegos, poderosas empresas, que, tal vez, no invirtieron nada en los atletas, se valieron de los Juegos Olímpicos para vender sus productos y un estilo de vida. Para vencer en la vida es necesario ser atleta. Eso dice el anuncio de una entidad bancaria privada.
El comercial empieza mostrando la rutina de una mujer al despertarse. Sus pasos y acciones están marcados por el dios Cronos , hijo de Gaya y Urano. El anuncio incluye un tiempo determinado para cada actividad. Doce minutos para arreglarse y siete más para hacerlo con los niños. Se añaden nueve minutos para el desayuno y quince para dejar a los hijos en la escuela.
Todavía le quedan 16 minutos para ir al trabajo, al que llega un minuto antes que el jefe, se la felicita por su puntualidad. La mujer, debidamente cronometrada, gana la medalla de oro. Y el comercial concluye diciendo que la vida es una competencia. Para el banco privado auspiciador del anuncio cada brasileño es un atleta.
En la mitología griega, Cronos siempre castraba al padre que fecundaba la madre tierra, Gaya, impidiendo que sus hijos viesen la luz. Castrado, Urano parte para el cielo. En el anuncio de ese banco, la mujer-madre se hace cargo de todo, sin la presencia masculina. Gaya tiene doble jornada de trabajo. Pero, por ser atleta, gana el oro.
Mas, no solo por medio del néctar y la ambrosía se alcanza la inmortalidad. Una poderosa empresa multinacional también ofrece una leche en polvo que hará que sus hijos siempre triunfen.
El niño está al borde de una piscina, con otros menores. La madre está al lado, cuidándolo. El niño juega en el agua. En la escena siguiente, el padre lo levanta para que coloque la pelota en la cesta. El locutor dice que el brasileño es así: basta que alguien entre a la cancha para que tenga un hincha. Es así desde pequeño. Pero necesita tomar leche para ser fuerte.
Se observa así, en estos y en otros anuncios, una percepción particular del ser humano y sus valores. Fuerza, habilidad y rapidez son introducidos en cuerpos sometidos a un régimen deshumanizado de disciplina, cuya alma/vida es la competición. De esta manera, el cuerpo entrenado y el alma domesticada por el sueño del oro, se convierten en la imagen y semejanza de los valores del sistema que nos domina, capitalista o comunista.
Como en el Olimpo, en el monte de los Olivos y en el Calvario, las reglas parecen ser las mismas. El atleta Jesús derramó sudor y sangre, solitariamente. El cuerpo pendiente de una cruz tuvo su corona. La cruz vacía, sin embargo, indica que la derrota se convirtió en victoria solidaria. El último pasó a ocupar el primer lugar, transformando la competencia en solidaridad (Mateo 27 y 28), inclusive para los y las atletas que no recibieron medallas y que no fueron reconocidos o reconocidas por el espíritu comercial del Olimpo.
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Oneide Bobsin, Pastor de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en el Brasil y profesor de Ciencias de las Religiones en la Escuela Superior de Teología de Sao Leopoldo/RS/Brasil.

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