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Jueves 3 de Noviembre, 2005

Comunidades de fe trabajarán para erradicar las causas del SIDA

Manuel Quintero, BANGKOK, Tailandia, Julio 16, 2004

Un documento conjunto de los líderes de las grandes religiones que participaron en la XV Taxi Heathrow Airport Conferencia Internacional sobre SIDA, expresa su compromiso de trabajar para la eliminación de las causas de la pandemia del VIH y el SIDA a escala mundial.

El documento afirma que esas religiones lucharán contra "la desigualdad de género, el prejuicio contra aquellos cuyo estilo de vida u orientación sexual son diferentes de los de la mayoría, la injusticia económica y la desigual distribución de la riqueza".

La "declaración de compromiso de los líderes religiosos", adoptada por líderes budistas, cristianos, hinduistas, judíos y musulmanes que asistieron al evento, fue el fruto de meses de trabajo y de delicadas negociaciones tendientes a evitar que las diferencias doctrinales obstaculizaran el camino hacia el consenso.

Pero el frágil consenso estuvo a punto de romperse cuando los delegados que participaron en una reunión con los líderes religiosos argumentaron a favor de la inclusión en el documento de algunos temas controversiales, entre ellos la desigualdad de género y el uso del condón.

El acento que algunas iglesias evangélicas y la Católica Romana están concediendo a dos aspectos -abstinencia y fidelidad- de la estrategia tripartita apoyada por el gobierno de Estados Unidos, dejando a un lado el uso del condón, fue objeto de duras críticas durante la reunión de Bangkok.

Uno de los conferencistas, el holandés Raol Fransen, comentó que "el énfasis en esa estrategia es un ejemplo de la imposición de la deshonesta moralidad de una generación sobre otra", y añadió que "la clave para la prevención no radica en ideologías, sino en ofrecer opciones a la juventud".

El gobierno de Bush ha destinado la enorme suma de 15.000 millones de dólares a un programa mundial de lucha contra el SIDA, pero una tercera parte de esa cantidad está dedicada a organizaciones cristianas o de otras religiones que promueven la abstinencia como método de contención de la epidemia.

Algunas iglesias evangélicas rechazan el uso del condón por considerar que éste fomenta la promiscuidad. Otras alegan que en muchas sociedades las mujeres no tienen control sobre su sexualidad y, por ende, la fidelidad es una prerrogativa de los hombre.  En consecuencia, el énfasis en la fidelidad solo sirve para perpetuar la desigualdad de género y la vulnerabilidad de las mujeres frente al HIV y el SIDA.

Aunque la disciplina impone el silencio a muchas voces en desacuerdo, también en el seno de la Iglesia Católica el tema del uso del condón sigue siendo materia de acerba disputa.

De acuerdo con un despacho de la agencia UCAN, en una reunión de los participantes católicos que asistieron a la conferencia un sacerdote que trabaja en África dijo que la posición de la Iglesia Católica respecto del condón era científicamente errónea.  Esa postura, agregó, está "dañando" el buen trabajo realizado por los católicos en las comunidades locales.

Otro sacerdote, que trabaja en América Latina, señaló: "Basta de mentir. Digamos la verdad acerca de los condones y reconozcamos que un cambio de comportamiento no ocurre de la noche a la mañana".

Superando el estigma y los juicios de valor

En la conferencia previa en Barcelona en 2002, organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil involucradas en la lucha mundial contra el SIDA, criticaron duramente a los líderes religiosos por sus actitudes que, señalaron, han fomentado la discriminación contra los enfermos de VIH y SIDA.

El Bangkok, en cambio, distinguidas personalidades como el Dr. Pier Piot, director del programa de las Naciones Unidas para el SIDA, no vacilaron en destacar el positivo papel de las comunidades de fe en la asistencia a los enfermos y el gran potencial de los líderes religiosos para influenciar actitudes y comportamientos en las comunidades, que contribuyan a la prevención de la enfermedad.

Pero otras, como el profesor Dennis Altman -una reconocida figura internacional en la lucha contra el SIDA- criticaron lo que calificaron como "hipocresía" de la mayoría de los gobiernos y líderes religiosos.  Altman también denunció las formas en que "los fundamentalistas de todas las confesiones perpetúan las desigualdades de género y de sexo que alimentan la epidemia".

El documento de los líderes religiosos reconoce que la respuesta de la comunidad de fe a la epidemia estuvo motivada muchas veces por "el prejuicio, la ignorancia, el miedo y los juicios de valor". En consecuencia, se comprometen a superar "el estigma, la discriminación, el rechazo y el temor respecto del VIH y el SIDA" y a rechazar "las posturas negativas de algunos líderes religiosos que señalan que el SIDA es una forma divina de castigo o retribución", así como a atender aquellas prácticas que en cada religión "incrementan la vulnerabilidad de las mujeres y de las niñas".

Si la comunidad de fe contribuyó a la aparición del estigma, ella misma está ahora estigmatizada ante los ojos de muchos por su intolerancia y rechazo de muchos hombres y mujeres afectados por la enfermedad.  Le corresponde, como señaló la Dra. Mercy Odoyuye en la reunión ecuménica previa a la conferencia, "un retorno a su razón de ser original, que no es otra que la de apoyar y sostener la vida que Dios ha creado".

Los estigmas no mueren fácilmente.  Pero si las promesas y compromisos de los líderes religiosos en Bangkok se traducen en hechos concretos, la comunidad de fe habrá hecho lo necesario para borrar su propio estigma, sumando su valioso aporte para la erradicación de las causas de la epidemia más mortífera en la historia de la humanidad. (fin/mqp/921/palabras/483/2004).