Mercedes Karuna: Treinta y tres años sirviendo a los pobres y los enfermos
Manuel Quintero, BANGKOK, Tailandia, Julio 15, 2004
¿Recomendaría el uso del condón en el caso de una pareja en la que uno Taxi Heathrow Airport de los cónyuges tiene VIH? "No recomendarlo sería un pecado mortal!", bromea, y ríe con ganas. Una risa contagiosa.
La risa aflora fácilmente a los ojos y los labios de Mercedes Karuna Placino, una hermana de la compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul oriunda de Filipinas que coordina el proyecto Ban Metta Tham en Phayao, en el norte de Tailandia.
Mercedes llegó a Tailandia en 1971, en respuesta a una petición de la Iglesia Católica de este país, para atender a los enfermos de lepra. Un servicio al que la joven hermana filipina se dedicó con admirable consagración. Ahora, comparando sus ministerios, la experiencia entre los leprosos le parece más llevadera.
"Con los enfermos de lepra era mucho más fácil. Con los que viven con VIH y SIDA es más complicado, porque tenemos que contar con muchas organizaciones y con el gobierno", comenta.
En 1996, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul establecieron en Phayao un proyecto de "servicios comunitarios para personas que viven con VIH y SIDA y sus familiares"que contempla tres áreas fundamentales, en primer lugar la atención pastoral.
La provincia de Phayao, localizada a 691 kilómetros de Bangkok, la pobreza de las familias y la tradicional belleza de su mujeres se combinaron para convertir a esa región en uno de los focos de prostitución; en alta demanda para el turismo sexual que asola al país, muchas jóvenes de Phayao fueron llevadas a la capital como trabajadoras sexuales. De regreso a sus hogares, muchas llevaron el VIH, contribuyendo a que la incidencia de la enfermedad en la provincia sea una de las más altas en el país.
"Visitamos a los enfermos y llevamos el servicio de enfermeras a sus casas. Además, ofrecemos consejos y apoyo personal, especialmente a aquellas personas cuyos análisis clínicos muestran que han contraído el virus, para que estén mejor preparados para las inevitables reacciones emocionales", señala.
En segundo lugar, ayudan a organizar a las personas que viven con VIH y SIDA.
"Hasta ahora se han organizado 21 grupos de apoyo a personas que viven con VIH y SIDA. La mayoría son mujeres viudas y esas mujeres han desempeñado un papel pionero en este esfuerzo".
El tercer área del proyecto consiste en la atención de los huérfanos, no solo de aquellos cuyos padres murieron a causa del SIDA, sino de todos los huérfanos de la comunidad. En total, 600 niños y niñas reciben atención.
"Así ayudamos a combatir el estigma", apunta.
Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul es una de las 28 organizaciones católicas que desarrollan programas para enfrentar el SIDA en Tailandia, donde se calcula que más de medio millón de personas viven con HIV y SIDA y hay 15.000 nuevos pacientes cada año.
Sus orígenes se remontan a la iniciativa de dos santos católicos, Marguerite Naseau y Vincent de Paul, que en el siglo XVII auspiciaron un trabajo pionero de servicio a los pobres en Francia con mujeres voluntarias.
"No somos religiosas, sino mujeres piadosas que se han dedicado a Dios mediante el servicio a los enfermos y a los pobres. Después del Concilio Vaticano II nos bautizaron como sociedad de vida apostólica, de las cuales solo hay siete en todo el mundo", explica.
El trabajo de atención a los enfermos ha sido la razón de su vida en estos 33 años. Tres décadas de vivir entre los más pobres que no han borrado su alegría de vivir y más bien han fortalecido su compromiso.
Es cierto que la vida en un convento tradicional le ofrecería mayores comodidades y, sobre todo, tiempo para leer, su principal entretenimiento.
Después de una labor tan admirable, ¿no es tiempo de pensar en undescanso? -le pregunto, para provocarla.
Por unos instantes piensa en los libros que ha acumulado y que espera leer alguna vez, y se imagina a sí misma simplemente descansando de tantos afanes, paseando por el jardín de algún remoto convento en su natal Filipinas. Pero enseguida ahuyenta ese pensamiento y, sonriendo abiertamente, me responde: "Tendré vacaciones largas cuando muera." (fin/mqp/716 palabras/474/2004).

Portada
Inicio
Responda a este artículo