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Domingo 30 de Junio, 2002

Arzobispo de Canterbury George Carey []
Arzobispo de Canterbury George Carey []

George Carey, arzobispo de Canterbury se despidió del Papa

LONDRES, Gran Bretaña, Junio 26, 2002

El arzobispo de Canterbury, George Carey, que ha renunciado a su cargo de primado de Taxi Heathrow Airport la Iglesia de Inglaterra y de máximo guía espiritual de la Comunión Anglicana mundial, visitó el pasado viernes 21 el Vaticano, para despedirse del papa Juan Pablo II con el que ha mantenido cordiales relaciones en los últimos años.

En un mensaje dirigido a Juan Pablo II, Carey expresó "Su Santidad, amado hermano en Cristo, tengo sumo placer en saludarlo nuevamente en el nombre de nuestro común Señor y Salvador Jesucristo.

Esta es mi sexta y última visita a usted como arzobispo de Canterbury  y estoy muy complacido por tener la oportunidad de encontrarme con usted antes de dejar mi cargo.

Durante los últimos once años he estado atento de la creciente cercanía, afecto mutuo y respeto entre nuestras iglesias, y esto encontró expresión en numerosas y profundas amistades.

Estoy muy agradecido, Su Santidad, por sus oraciones y la calidez de su bienvenida en las distintas ocasiones en que mi esposa y yo, lo hemos visitado.

Agradezco esta oportunidad de reconocer vuestro ministerio como Padre en Dios de la vasta familia de católicos en comunión con la Santa Sede.

Su gran valentía, sabiduría y santidad de vida han conmovido e inspirado a los cristianos en todo el mundo. Usted ha fortalecido su fraternidad, como el Señor ordenó a San Pedro, y usted ha llevado este ministerio a muchos lugares e incontables personas.

Su invitación a los líderes de las iglesias y teólogos para participar con usted en un paciente y fraternal diálogo sobre el Ministerio Pietrino nos ha permitido reflexionar sobre la manera en el que un primado de amor y servicio puede ser un don a compartir.

Aunque aún no estamos en plena comunión a la que el Señor nos llama, me regocijo en  nuestra fe bautismal compartida  y en el crecimiento de la amistad entre nuestras dos iglesias.

Ayer me reuní con algunos de mis otros amigos aquí, en los Consejo Pontificios por la Unidad de los Cristianos y del Diálogo Interrreligioso. Hemos continuado conversaciones sobre materias en que compartimos preocupaciones, no precisamente sobre la relación entre nuestras iglesias, sino sobre áreas en las que ya estamos trabajando juntos.

Como signo del progreso de nuestras relaciones en mi país, a principios de mes firmé un convenio con otros líderes religiosos en Inglaterra, incluso mi querido amigo el cardenal Cormac Murphy O'Connor. Nos hemos comprometido a trabajar por la unidad visible de la Iglesia de Jesucristo en la única fe, expresada en un común discipulado, adoración, testimonio y servicio.

A un nivel más amplio, me siento alentado por el continuo trabajo de la Comisión Internacional Anglicano-Católica y por el grado de acuerdo fundamental entre nuestras iglesias en muchos aspectos de nuestra fe que la Comisión ha identificado y precisado.

 Me complace que usted y yo hayamos sido capaces de instalar la Comisión Internacional Anglicano-Católica para la Unidad y la Misión y poder esperar los frutos del trabajo de traducir nuestro nivel de convergencia teológica en resultados prácticos que enriquezcan las vidas de nuestras iglesias. El trabajo de estos organismos nos está aproximando más a la visible unidad que buscamos en el nombre de Cristo.

El arzobispo de Canterbury agradeció además la buena acogida dada en el Vaticano a la exposición Anglicanismo y Tradición Cristiana Occidental, que se presenta en la Capilla Sixtina. Esta exposición, dijo, ilustra la tradición que compartimos y algunos de los acontecimientos históricos que marcaron nuestras relaciones.

Señaló que desde la histórica visita a Roma de su antecesor, el arzobispo Michael Ramsey, en 1966, el Centro Anglicano funciona como signo y medio del compromiso común de avanzar en el mutuo entendimiento y fraternidad.

Declaró que las palabras del Papa y la autoridad con que fueron dichas reforzaron su esperanza sobre la continuidad del ecumenismo,  en el cual ambos están comprometidos.

Finalmente, obsequió a Juan Pablo II un volumen sobre la vida y obra de San Anselmo, 36o. arzobispo de Canterbury,  que, como monje, abad y arzobispo, y como estadista, teólogo y filósofo, hizo una profunda contribución a la vida de la Iglesia.

La visita de dos días de Carey a Roma tuvo carácter privado.

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