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Jueves 7 de Junio, 2007

Ricardo Verástegui, periodista peruano [Foto: FOS]
Ricardo Verástegui, periodista peruano [Foto: FOS]

A la Huacachina, ¿no voy más?

Ricardo Verástegui , LIMA, Perú, Julio 5, 2004

En el acervo cultural peruano existe una canción cuya letra expresa la discriminación y explotación Taxi Heathrow Airport que sufrieron los africanos y sus hijos en las haciendas de la costa, donde laboraban como esclavos, hasta la abolición de la esclavitud en 1856 por el gobierno del mariscal Ramón Castilla.

"A La Molina (una casa hacienda) no voy más porque echan azotes sin cesar...", dice parte de su letra.

Parafraseándola ahora, en pleno siglo veinte y uno, podemos  decir "A la Huachachina no voy más porque echan azotes sin cesar..."

La Huacachina es un bello oasis situado a 5 kilómetros de la ciudad de Ica (capital de la región del mismo nombre) que cuenta con una laguna que, pese a estar secándose, concita el interés turístico  de personas nacionales y extranjeras.

Huachachina, enclavada entre enormes dunas de fina arena fue, según refieren algunos historiadores, un exclusivo balneario al que acudían los habitantes de Ica en procura de los beneficios curativos de las aguas sulforosas de la laguna. Señalan que su apogeo fue en la década de los años cincuenta.

Precisamente por la atracción que Huacachina despierta todavía, el último fin de semana de junio, los miembros de una familia limeña decidieron visitarla y alojarse en alguno de los mejores hoteles que brindan sus servicios en el lugar. Fueron al hotel "Casa de Arena" y les dijeron que es sólo para extranjeros y "turistas". Cuando afirmaron que ellos estaban haciendo turismo, el encargado se limitó a sonreírles con burlona indulgencia. Se dirigieron, entonces, a otro hospedaje llamado "Rocha" y la respuesta fue similar "sólo extranjeros".

Durante la noche quisieron divertirse en la discoteca "Las Dunas", la única en Huacachina, y para entrar tuvieron que pagar S/. 10 soles por persona, por ser peruanos, mientras los extranjeros ingresaban gratis.

Más azotes a su dignidad no pudieron caerle a los integrantes de esta respetable familia limeña que sintieron que por ser peruanos eran objeto de discriminación en su propia patria en un tiempo denominado pomposamente de "post modernidad".

Hecho violatorio de la Constitución vigente que, en su artículo 2, inciso 2, afirma que "nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquier otra índole" Que, además, se lleva de encuentro la Convención Internacional de las Naciones Unidas "Sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial", de la cual nuestro país es signatario.

La Convención - que entró en vigor el 4 de enero de 1969 - obliga a que los Estados partes declaren como acto punible conforme a la ley toda incitación a la discriminación racial (artículo 4, inciso a).

Todos los hombres y las mujeres - que formamos parte de la comunidad internacional - esperamos y exigimos que situaciones como la planteada no prosigan porque quebrantan la convivencia humana y ponen en cuestión los derechos que toda persona tiene en su condición de tal, máxime si vive en un sistema democrático que debe tener como fundamentos la igualdad, la legalidad, la libertad, la justicia y la solidaridad.

El gobierno del Perú, sus ciudadanos y sus ciudadanas tienen la palabra. (436/2004).