Pronunciamiento de Obispos y Presidentes Luteranos sobre Globalización económica - Abril 2002
SANTA CRUZ, Bolivia
Pronunciamiento de la Conferencia de Obispos y Presidentes (COP) de las iglesias luteranas sobre Globalización económica
La Conferencia de Obispos, Pastores y Pastoras Presidentes de las Iglesias Luteranas de América Latina, realizada en Santa Cruz, Bolivia, en abril de 2002, tomó en consideración tres temas de especial importancia en la vida de nuestras sociedades latinoamericanas: la deuda externa, el actual proceso de globalización de carácter neoliberal, y los derechos humanos.
La globalización bien podría reportar grandes beneficios a toda la población mundial si se utilizaran los poderosos instrumentos tecnológicos y comunicacionales a favor y en función de mejorar las condiciones de vida de la población mundial en el marco de un cuidado del entorno natural de nuestra vida humana.
Sin embargo, este poderoso instrumental se ha colocado en manos y en función de grandes poderes económicos, financieros y empresas transnacionales.
Estos exigen libertad completa de acción en todos los mercados y economías del planeta, en estrecha asociación a los grandes poderes políticos y militares del Primer Mundo, especialmente el gobierno de los EEUU. Imponen a nivel mundial un modelo económico y de sociedad, el neoliberalismo, utilizando entre otras cosas la deuda externa de América Latina y el Tercer Mundo como mecanismo de presión e imposición de dicho modelo.
Los efectos han sido profundamente destructores en las naciones y poblaciones del Tercer Mundo, aunque recientemente muestran también un creciente impacto negativo en el propio Primer Mundo.
El neoliberalismo ha impuesto al Tercer Mundo una apertura total de sus mercados a los bienes, servicios y capitales internacionales. Esto resultó en la desindustrialización y quiebra de miles de empresarios nacionales, el aumento del desempleo, la pobreza, y la exclusión. Se suma la reducción del gasto social del Estado, la privatización de la seguridad social y de las empresas de servicio público. Se ha llegado incluso al extremo de privatizar una fuente de vida tan crucial y elemental como es el agua.
Las naciones latinoamericanas poco han podido hacer frente a este modelo impuesto dada la creciente pérdida de soberanía y la subordinación de los gobernantes a los organismos internacionales de crédito, finanzas, comercio y a las presiones en materia política por parte del gobierno de los Estados Unidos, principal garante de este modelo.
Los estados latinoamericanos han dejado de ser un instrumento de promoción del desarrollo y de la unidad nacional para convertirse en simples gestores de estas políticas impuestas, y en un medio de control social de las resistencias a este modelo por parte de la sociedad civil latinoamericana.
Mayor y evidente es el impacto en la vida cotidiana de los latinoamericanos y latinoamericanas. Diariamente asistimos a un deterioro de nuestras condiciones materiales de vida, a una profunda crisis de valores.
Hay una búsqueda desesperada de alternativas. Crece la inseguridad, la violencia, la fragmentación social, el individualismo, la desesperanza, la insolidaridad y la insensibilidad. Todo esto en culturas que, a pesar de portar grandes debilidades, no han dejado de ser tradicionalmente comunitarias, festivas, solidarias y fraternas.
Como hecho positivo constatamos un aumento de la conciencia de que este modelo es imposible de mantener. Es necesario un cambio. Se requiere trabajar por una sociedad donde los valores de solidaridad y de real respeto a los derechos humanos sean pilares que determinen el rumbo de una economía y de un sistema político y cultural. También es positiva la convicción de que esta necesidad no es sólo local o nacional sino global y con un fuerte componente ecológico.
Proponemos a nuestras Iglesias:
1. Estudiar y analizar con mayor profundidad estos hechos fundamentales de nuestro presente.
2. Una mayor participación en la vida de nuestras sociedades, acompañando a los grupos sociales más débiles y precarizados, siempre desde una perspectiva de defensa de la vida humana, de lucha por el real respeto a los derechos humanos, y de defensa de los ecosistemas.
3. A nivel regional promover la participación activa de nuestras iglesias en el Foro Social Mundial, solicitando para ello la coordinación de la IECLB, que ya participa en esta importante iniciativa mundial solidaria.
4. Llamar a la FLM a asumir el Foro Social Mundial como un espacio idóneo para promover una cultura global de la solidaridad y el respeto a los derechos humanos y a las culturas.
5. Buscar las articulaciones locales y regionales ecuménicas (p.e. CLAI) para unir esfuerzos en la promoción de estudios sobre la relación ética-economía. Esto es un aporte que las iglesias cristianas deben a la sociedad civil.
6. Hacer de las Iglesias promotoras incansables de la esperanza cristiana y de la esperanza humana solidaria, como respuesta al individualismo y la cultura de la desesperanza que promueve el neoliberalismo.
7. Profundizar la reflexión teológica sobre la llamada deuda externa.
8. Como iglesias latinoamericanas hacer de la globalización y sus consecuencias la perspectiva hermenéutica para abordar el tema de la X. Asamblea de la Federación Luterana Mundial en Winnipeg, Canadá: "Para la sanación del mundo".
9. Declarar la llamada deuda externa del Tercer Mundo y de América Latina, ya pagada varias veces, como ilegítima y anti-ética, una deuda que se ha convertido en usura y por tanto destructora de la vida de millones de seres humanos y de sociedades y comunidades enteras.
Santa Cruz (Bolivia), abril 2002

Portada
Inicio