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Lunes 12 de Noviembre, 2007

Cubanos esperan un milagro

José Aurelio Paz, LA HABANA, Cuba, Julio 5, 2004

Los cubanos que se dicen católicos, apostólicos y romanos, aunque muchos asistan solo a las Taxi Heathrow Airport iglesias a recoger la hoja de penca de coco bendita el domingo de Resurrección  o cuando le sincretizan con las deidades del panteón yorubá, no dejan que a La Milagrosa le falten las flores.

La estatua, la preferida del famoso Cementerio de Colón de la ciudad habanera, está siendo muy visitada por estos días. Mucha gente acude al lugar a pedirle a la "santa" que opere el milagro.

Amelia Goyri, conocida como La Milagrosa, fue una dama habanera que muriera el 3 de mayo de 1903, a la edad de 23 años, a consecuencia de un parto. La criatura, que tampoco sobrevivió, fue enterrada junto a su madre por don José Vicente Adot y Rabell.

El desconsolado hombre nunca admitió la muerte de su esposa e hijo a quienes consideró solamente dormidos. Y, día tras día, visitaba la tumba y le daba, con los nudillos de las manos, tres toquecitos a su tapa como gesto de complicidad con el cual, supuestamente, se comunicaba con ella.

Al momento mismo de la exhumación de los restos dos cosas asombraron a los presentes. Los cuerpos de la madre y el niño estaban intactos. Y lo que es más asombroso, el pequeño, que había sido depositado a los pies de la muerta apareció entre sus brazos; motivo este que hizo que se volviera a tapar la bóveda y todo se dejara así.

Hasta el presente se especula si algún sepulturero piadoso, protegido por las sombras de la noche, depositó a la criatura en el regazo de su progenitora para que estuviera mucho más cerca de su corazón o si, verdaderamente, el hecho fue fruto de un milagro.

La leyenda sirvió de inspiración al escultor cubano José Vilalta Saavedra, quien, en 1914, realizó una escultura a tamaño natural y en mármol de Carrara, donde presentaba la figura de una mujer joven cuya vista se dirige hacia lo alto en señal de fe, mientras su brazo izquierdo rodea a un recién nacido y el derecho se apoya en una cruz latina, considerada símbolo de sacrificio.

A partir de entonces Amelia nunca ha estado sola. Por millones se pueden contar las personas que han peregrinado por allí para pedirle a la mujer santificada por el pueblo, aunque no esté canonizada por la Iglesia Católica, una gama de deseos.

Deseos que van desde la protección de una embarazada para que no haya complicaciones en el parto, la posibilidad de adopción para una pareja que no puede procrear, hasta una sencilla obrera que le ruega el otorgamiento de un panda, como se le llama a los televisores chinos que ahora se otorgan por méritos laborales a los trabajadores de bajos ingresos quienes los pagan a plazos.

Dos requisitos son esenciales para que la "santa" ponga su mano en el asunto. El primero, colocarle flores y tocar el filo de su túnica y, el segundo, marcharse del lugar sin darle la espalda y mirándole a los ojos.

Y así, de ese modo, los cubanos por estos días acuden a la popular tumba con un ruego casi unánime porque la "santa" opere un milagro.

Le piden que Bush no sea reelegido como presidente de los Estados Unidos en las próximas elecciones de noviembre y que las recientes medidas restrictivas para el encuentro familiar y el envío de remesas de dinero sean solo la ventisca pasajera del panorama electorero por ganarse el voto de los sectores de cubanos más retrógrados y poderosos que pueden mover, nuevamente, los mecanismos del fraude en la Florida.

Marina Rodríguez, una arquitecta natural de Guanabacoa, el barrio habanero donde prima como práctica religiosa la santería, que dice tener hecho santo de yemayá, la diosa de los mares, y según se autodefine católica de confesión, interrogada por ALC respondió: "En este caso no se cumple eso de que más vale un mal conocido que un bueno por conocer. No sabemos si Kerry sea un gobernante con más mesura e inteligencia para manejar la política norteamericana hacia Cuba que Bush, pero, cualquiera que sea su plataforma de gobierno, nunca va a ser peor que la de la actual administración."

Por su parte Jorge Díaz, un joven que se dice ateo y no tener inclinación por práctica religiosa alguna, expresó: "Yo vengo aquí porque, independientemente de que no crea, La Milagrosa me proporciona una paz interior grandísima.

Y, aunque yo no le pido nada, solo de mirarla, la estatua me da fuerzas para enfrentarme a otra jornada en que tengo que montarme a un horrible camello (transporte colectivo muy popular en la Isla) para llegar a mi trabajo y no sé si cuando regrese a la casa tenga agua o estemos en apagón.

Como está en el camino a mi empresa, me detengo todos los días diez minutos aquí y eso me renueva. La 'santa' siempre me da un poco de esa paz de la que tan necesitada está el género humano en momentos de supervivencia agónica para el planeta." (433/2004).