Medidas contra Cuba entristecen a cristianos
José Aurelio Paz, LA HABANA, Cuba, Julio 1, 2004
La terminal dos del Aeropuerto Internacional José Martí de esta capital es, en estos días, Taxi Heathrow Airport un alud humano que pretende regresar a los Estados Unidos ante la entrada en vigor de las medidas dictadas por la administración Bush en contra del gobierno de la Isla.
Solo el lunes 19 vuelos partieron desde esa terminal aérea hacia Miami con un total de 2, 292 pasajeros, según una cifra dada por la agencia Reuters, cuando lo común era, hasta entonces, que en el itinerario de esos destinos hubiese dos salidas diarias.
A pesar de la prórroga que ha dado el gobierno norteamericano para que quienes visitan la Isla puedan regresar hasta el 31 de julio, muchas personas prefieren no correr riesgos, por la cuantiosa cifra de las multas, y hacen largas filas frente a los mostradores de chequeo.
Mientras el Noticiero de la Televisión Cubana mostraba anoche imágenes de lo que sucedía en el Aeropuerto Internacional de Miami (MIA) con los cubano-americanos a los que no se les permitió viajar a su país de origen en las últimas horas, y se escuchaban a coro gritos de "¡Queremos volar!", en el José Martí las despedidas eran dramáticas y silenciosas.
Un pastor evangélico que había conseguido la visa para asistir a un evento en los Estados Unidos, casi un milagro en estos tiempos de elecciones, dijo que "el daño afectivo de esta medida será irreparable para la familia cubana".
En especial porque muchas personas dependen de lo que les mandan sus familiares desde Norteamérica, y muchos de los que viven allá trabajan todo el año para luego venirse a la Isla a mitigar un poco la nostalgia de ser un emigrado, aunque se trate de un país de óptimas condiciones económicas.
El pastor afirmó: "Lo espiritual es la brújula del ser humano ante sus destinos. Por ello los cristianos cultivamos tanto, por mandato de Jesucristo, la fiesta del Espíritu como antídoto contra todo lo deshumanizante."
Mientras, en las iglesias cubanas, muchas personas colocan en sus motivos de oración el cese de estas medidas las cuales, también, afectan a las congregaciones que reciben ayudas de sus homólogas estadounidenses.
Hortensia, una ama de casa que asiste a una casa-culto de la Iglesia Cristiana Pentecostal, se lamentó algo acongojada: "Yo no tengo familia cercana en Miami. Soy sola y vivo de una pensión que me da el gobierno. Mi sobrino, que se fue cuando el Mariel, me mandaba mi dinerito y con él me compraba el aceite para freir, el jabón de baño y el shampoo. Y, ahora que los familiares lejanos no pueden mandar nada no sé qué me voy a hacer."
Para María, una episcopal de unos 60 años, "Bush ha sido el peor presidente que ha pasado por los Estados Unidos. Recordemos que cuando fue electo era un líder sin brillo y los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre le vinieron como anillo al dedo para convertirse en el super héroe que tienen como paradigma los norteamericanos; lo cual le ha permitido hacer y deshacer a sus anchas.
Sentenció: "Dios le tendrá en cuenta estos desmanes y le pedirá, algún día, razón de ellos. "
Mientras estas escenas matizan la vida cotidiana del pueblo cubano y de los creyentes que, como parte de él, sentirán también el peso de las actuales medidas, la fe en Dios es un elemento que restituye, en algo, el actual sentimiento de desesperanza.
Mucha gente en la calle alude ahora al viejo adagio, muy popular en Cuba desde que fuera establecido el bloqueo norteamericano a la Isla hace más de 40 años: "Dios aprieta, pero no ahoga".(424/2004).

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