Declaración del Consejo Latinoamericano de Iglesias sobre Crisis Institucional en Venezuela
Consejo Latinoamericano de Iglesias, QUITO, Ecuador, Abril 25, 2002
Declaración del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI)
sobre la crisis institucional en Venezuela
Concede, oh Dios, al rey
Tu propia justicia y rectitud
Para que con rectitud y justicia
Gobierne a tu pueblo y a tus pobres
Salmo 72, 1-2
En Venezuela, en los últimos tres años, se ha venido experimentando un nuevo modelo de democracia a partir de la adopción de una nueva Constitución cuyos principios fundamentales apuntan a corregir desigualdades económicas y sociales importantes y crear una sociedad de mayor justicia e igualdad. Este proceso despertó la esperanza de un futuro mejor en millones de hijos e hijas del país, un país bendecido por Dios y maldecido por generaciones de políticos corruptos y venales.
No ha sido éste un camino exento de dificultades y errores: la gestión del gobierno encabezado por el presidente Chávez se ha visto marcada por una dosis inequívoca de autoritarismo y voluntarismo político, actitudes esencialmente ajenas a la propuesta misma de crear una democracia de nuevo tipo, verdaderamente participativa y respetuosa de la divergencia y la pluralidad política e ideológica.
Fruto de esos errores y de la ausencia de voluntad política para el diálogo constructivo, en los últimos meses se vivió un acelerado deterioro de la estabilidad política en Venezuela, en razón del enfrentamiento entre el gobierno del presidente Hugo Chávez y su revolución bolivariana, de una parte, y una alianza que integró a los sectores empresariales, el movimiento obrero organizado, los medios de comunicación y sectores de la Iglesia Católica Romana, de la otra.
Albergábamos la esperanza de que esa confrontación no sobrepasara los límites del marco constitucional y democrático, y que oportunamente todos los sectores en pugna serían capaces de encontrar, mediante el diálogo y la negociación, un camino común para beneficio del conjunto del pueblo venezolano y muy especialmente de las mayorías sumidas en la miseria y la desesperanza.
Sin embargo, las posiciones extremas y la intransigencia se impusieron a las voluntades de diálogo, llevando a una crisis institucional que atrajo la intervención de las Fuerzas Armadas y el secuestro del presidente Chávez, así como enfrentamientos fratricidas entre venezolanos cuyo resultado fue la muy lamentable pérdida de vidas humanas. Luego, en una jornada todavía confusa y repleta de interrogantes, las mismas Fuerzas Armadas y la amplia respuesta de sectores populares --a lo que se sumó el rechazo de gobernantes latinoamericanos en el seno de la OEA al golpe de Estado-- desempeñaron un papel decisivo en el retorno del presidente Chávez al poder y la reanudación del "hilo constitucional" en ese país sudamericano.
Fue sumamente reprochable, en ese contexto, el papel desempeñado por los medios de comunicación privados, que sistemáticamente ofrecieron una imagen sesgada de los problemas del país y que, durante las jornadas trágicas del 11 y el 12 de abril, olvidaron su responsabilidad social y se convirtieron en instigadores de manifestaciones y huelgas, además de desinformar y mentir deliberadamente sobre los acontecimientos, faltando a la ética más elemental de un medio de comunicación social. Esos mismos medios olvidaron que la libertad de expresión no puede ser la libertad para mentir, ni tampoco el privilegio de quienes detentan el poder.
El Consejo Latinoamericano de Iglesias suma su voz a los organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos, el Grupo de Río y decenas de instituciones y organizaciones de la sociedad civil en Venezuela y otros países del continente, que denunciaron y rechazaron oportunamente la ruptura de la constitucionalidad y la democracia en Venezuela. Afirmamos con plena convicción que el papel de las Fuerzas Armadas no debe ser jamás el de arbitrar en la vida política de nuestros pueblos. Cualquier cambio de gobierno que no se realice mediante lo establecido en la Constitución en cuanto a la sucesión de las autoridades, es un golpe de Estado carente de legitimidad democrática.
Es presumible que el desenlace del 14 de abril no sea el capítulo final de esta crisis institucional y que la nueva situación sea escenario de nuevos enfrentamientos. Por ese motivo, el Consejo Latinoamericano de Iglesias exhorta respetuosamente a las autoridades y al gobierno de Venezuela para que intervengan con prudencia y sobre todo con espíritu de perdón y reconciliación, ahora que la tarea de restañar las heridas, superar el odio y la desconfianza y reconstruir el tejido social es decisiva para el futuro del país.
Los acontecimientos acaecidos llaman también a las iglesias a un reexamen y a una confesión sincera de sus actuaciones. El Consejo Latinoamericano de Iglesias, fiel a su vocación evangélica, acompaña en oración a sus iglesias y organismos miembros en Venezuela en esta hora crítica de su historia y les exhorta a no dejarse llevar por la tentación de buscar cuotas de poder, sino a fortalecer su testimonio de amor y de servicio, para que puedan ser conciencia crítica y voz profética en medio de la sociedad. De manera especial les exhortamos a buscar la unidad en la diversidad y, como escribió el apóstol Pablo, a que se mantengan despiertos y firmes en la fe, que tengan mucho valor y firmeza y que todo lo que hagan, lo hagan con amor (I Cor. 16, 13). Sepan que las iglesias y organismos que constituyen la familia del CLAI en América Latina y el Caribe les acompañarán en todos los esfuerzos que ustedes realicen para descubrir y avanzar por un nuevo camino de esperanza, que traiga paz con justicia y vida en abundancia a la tierra del Libertador.
Junta Directiva
Consejo Latinoamericano de Iglesias
Abril 25 del 2002

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