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Jueves 7 de Junio, 2007

Víctor Rey, pastor bautista, expuso en jornada sobre Ministerio, Carisma y Poder.
Víctor Rey, pastor bautista, expuso en jornada sobre Ministerio, Carisma y Poder.

La Religión Hoy

Víctor Rey, SANTIAGO, Chile, Junio 24, 2004

“¿Cuál es la situación religiosa en la sociedad occidental contemporánea?  Se parece curiosamente al cuadro Taxi Heathrow Airport que obtiene el antropólogo al estudiar la religión de los indios norteamericanos.  Han sido convertidos a la religión cristiana pero sus viejas religiones pre-cristianas no han sido desarraigadas en modo alguno. 

El cristianismo es un barniz puesto sobre la antigua religión y mezclado con ellos en muchos aspectos.  En nuestra cultura la religión monoteísta y también las filosofías ateas y agnósticas son un delgado barniz colocado sobre religiones que en muchos aspectos son más primitivas que las religiones indias, y siendo una pura idolatría son incompatibles con las enseñanzas esenciales del monoteísmo.

Como una forma colectiva y potente de la idolatría moderna hallamos la adoración del poder, del éxito y la autoridad del mercado...No son ídolos sólo las figuras de piedra y de madera. 

Las palabras pueden convertirse en ídolos y las máquinas también; los caudillos, el Estado, el poder y los grupos políticos pueden serlo igualmente.  La ciencia y la opinión del vecino pueden convertirse en ídolos...

Hoy no se trata de Baal y Astarté sino de la deificación del estado y del poder en los países autoritarios y de la máquina y del éxito en los países de nuestra cultura.  Es lo que amenaza las riquezas espirituales del hombre.” (Eric Fromm, Psicoanálisis y Religión, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1960; pág. 64.)

El hombre es un ser religioso.  Su religión ha adoptado infinidad de formas.  Los nombres con que ha bautizado a dioses y diosas son incontables.  Los rituales para tratar de obtener protección o mercedes varían de lo horrible a lo sublime. 

Pero desde el momento en que surgió el hombre, independientemente de dónde o cómo viviese, ha profesado un culto y ha manifestado a menudo la creencia de que posee un alma inmortal.

La religión nos orienta a la esencia más profunda del ser humano, la cual tiene su fundamento en la trascendencia.  Su propia identidad, el sentido último de su existencia y de la del mundo, sólo le es dado alcanzarlos partiendo de la comprensión de la idea de Dios y penetrando libremente en la relación con El.

El significado de la religión no está ligado a ningún período histórico, vale para todas las épocas: allí donde el hombre y la mujer reprime o niega su relación religiosa, la interrogación acerca del sentido de la vida humana y sobre el de su historia no puede encontrar una respuesta satisfactoria. 

Por tanto, la existencia humana deviene un “ser para la muerte”, fórmula de la desesperanza en última instancia.  ¿Dónde reside, pues, la respuesta al sufrimiento de la humanidad?, ¿Qué hay de lo que se extingue en la inutilidad? 

A la vista de estas preguntas, que sin el auxilio de la religión no pueden ser contestadas, la vida se revela, en última instancia, como algo absurdo. 

A esto se añade que ningún valor ético sin un último ligamento religioso puede brindarse como incondicionalmente obligatorio.  Ninguna responsabilidad absoluta, ningún compromiso incondicional puede establecerse sin la religión. 

Como consecuencia de la exclusión de la religión aparece como amenaza inminente el nihilismo.  Puesto que el hombre y la mujer no le es dado soportar tal consecuencia, en vez de Dios se proponen sucedáneos como las ideologías, que aparecen con aquella misma pretensión de absoluto de la religión abolida, si bien no contribuyen al desarrollo del hombre y la mujer., sino que, al contrario, lo ahogan. 

El Estado, la Sociedad, la Raza, la Clase, así como  la necesidad de producir y el afán desmesurado de consumo, se subliman como valores casi religiosos que dan cuenta de todo a cuanto aspira el hombre y la mujer. 

Otras ideologías, que remarcan el positivismo, pretender suprimir todo sucedáneo religioso.  Eliminan las preguntas y fundamentos últimos de la existencia humana o tratan de presentarlos como algo carente de sentido. 

Sin embargo, existe la tendencia a reducir al hombre y la mujer al nivel de un “ingenioso mamífero”, de una mínima felicidad” de la pérdida de la trascendencia.  Estas alusiones o insinuaciones pueden ser suficientes para detectar las consecuencias de la pérdida o de la eliminación de la dimensión religiosa o dicho positivamente, de la significación de la religión para el hombre y la mujer.

Aunque hay gran cantidad de religiones en nuestro mundo actual, las más influyentes por mucho, en razón del número de sus seguidores son:  el cristianismo, el islamismo, el hinduismo, el budismo, el confucianismo y el taoísmo. 

Hay entre algunas de ellas muchas semejanzas; pero son muchas asimismo las diferencias; y tanto unas como otras, en ciertos casos, son de carácter fundamental.

Empero, estas religiones han dado evidentemente respuestas a algunas de las grandes preguntas que se hace toda mente humana respecto al misterio de la vida.  Todas ellas ayudan al ser humano a soportar sus penas.  Todas dicen al hombre y la mujer cómo vivir y le dan confianza ante la muerte.  Todas merecen nuestros estudio y nuestra respetuosa comprensión.

Sin embargo, toda persona debe merecer respeto en el momento en el momento de inclinarse ante su dios.  Quizá creamos que su concepto de lo divino carece de elementos valiosos, aun esenciales.  Sus formas de rendir culto tal vez parezcan extraña, aun ofensivas a veces.  Pero en el momento de orar, todo hombre y toda mujer muestra lo mejor de sí.  Si somos tan inteligentes como nos creemos, es entonces cuando debemos tratar de comprenderles.

A través de los siglos muchos hombres han dado su vida por el derecho de creer.  Pero otros hombres, igualmente sinceros, han muerto por el derecho de no creer. 

Debemos reconocer a estos últimos una especie de fervor religioso, pues el ateísmo es también una religión en el sentido de que se basa en la creencia antes bien que en la prueba científica.  

En el mundo occidental, el ateísmo, o sea la tesis de los que niegan la existencia de uno y de todos los dioses, fue más popular en el siglo XIX de lo que ahora.  Ha cedido ante el agnosticismo.  Puesto que el ateísmo y el agnosticismo puros no hacen nada para resolver los enigmas esenciales de la vida, algunos de ellos se han pasado al humanismo.

Los hombres y mujeres no difieren mucho entre si respecto a sus metas religiosas, no importa dónde o cuando viven.  Todos buscan el favor de sus dioses.  Anhelan la protección religiosa contra los peligros de la vida.  Desean la comunidad espiritual con sus prójimos.  Imploran valor a la hora de la lucha, consuelo a la hora del pesar, dirección en sus problemas diarios.  Quieren liberarse de los remordimientos de conciencia. 

Y la mayoría – aunque no todos – esperan alguna clase de inmortalidad.  La forma en que los seguidores de las distintas religiones persiguen estos fines comunes varía infinitamente, aunque en todas las grandes religiones ha habido místicos que se han elevado arriba del nivel en que la mayoría de nosotros vive, hasta llegar a tener un concepto muy similar de la divinidad.

La religión está pasando por un momento de resurgimientos a nivel mundial.  La vida de la gente cambia rápidamente en todas partes y aún nos esperan cambios mayores. 

Conforme el hombre y la mujer desarrollan más poder sobre el mundo que le rodea, debe salvársele de la más destructiva de todas las idolatrías:  el culto a sí mismo o egolatría. 

Cada una de las grandes religiones trata de salvar al hombre de seguir el camino de la egolatría a la ciudad de la Destrucción.  Todas lograrán ese fin hasta el grado de que, en las propias palabras del profeta Miqueas inspiren al hombre y a la mujer de hoy a “practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu (su) Dios”.

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Víctor Rey, es dirigente de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) y responsable de relaciones eclesiásticas de Visión Mundial-Chile.

Patricia Ruiz

Estimados señores,

Estoy muy interesada en el desarrollo de la conferencia en la EST, con la participación del teólogo católico Drewermann. Por favor si pudieran enviarme más datos acerca de sus conferencias y si es posible acerca del desarrollo de sus escritos. Les agradeceré mucho por su atención.

Saludos cordiales,

Patricia Ruiz