Self-service religioso
Oneide Bobsin, SAN LEOPOLDO, Brasil, Junio 4, 2004
Esa no fue, de ninguna manera, una batalla contra Dios o contra los hombres, como tantas otras. Fue una lucha nocturna que dejó cicatrices para siempre en el alma y en el cuerpo. Después de una noche de lucha contra un desconocido (Génesis 32.23 -33), Jacob recibió una bendición pero tuvo que aceptar un nombre nuevo "Venciendo" a Dios.
Con miedo, Jacob se preparó para encontrarse con su hermano, al que había robado el derecho de primogenitura, pero que ahora lo recibe con generosidad.
La lucha contra Dios y contra los seres humanos es propia de hombres y mujeres, pues el mayor enemigo de Dios no es el diablo, sino el propio ser humano. Y de esta lucha contra Dios, las personas salen aparentemente vencedoras, con la ilusión de tener autonomía.
Pico della Mirandola, en 1496, fue el primero que vislumbró el mundo moderno, que lentamente se liberaba de la hegemonía de una institución eclesiástica. Paulatinamente, Dios dejaría de ser el centro. El mundo comenzaba a hacerse a sí mismo y las personas podrían ser lo que ellas mismas deseaban.
El todopoderoso ser humano estaba salvado, porque se podía crear a sí mismo. Por consiguiente, Dios y la Tierra dejaban de ser el centro del mundo. Así, liberado de Dios, el hombre podía autodivinizarse.
El lenguaje de las personas que en la actualidad frecuentan los salones de belleza revela la sensación de que se crean a sí mismos. En ellos, hombres y mujeres dicen que "los producen" a imagen y semejanza de otros hombres y de otras mujeres, modelos, sacerdotes y sacerdotisas que simbolizan los valores capitalistas.
Una vez "producidas", las personas se sienten en comunión con las vencedoras de cuerpos esbeltos y sonrisas amplias, como si el mundo fuese un gran spa y una academia de escultura que dictan los patrones para cada cuerpo y cada alma.
De esta manera, el cuerpo sacrificado y maquillado con productos de la industria de los cosméticos, produce una nueva imagen de sí mismo que ahuyenta el caos. De esta forma, la lucha de las personas consigo mismas y con las diosas y los dioses de nuestro siglo producen nuevos panoramas.
La tierra sin forma y vacía deja de ser una situación de los tiempos inmemoriales del génesis del mundo y pasa a convertirse en una lucha diaria por autoproducirse. De esta lucha las personas no salen cojeando, sino marcadas en el cuerpo y en el alma.
Las promesas de autosalvación se basan en la autoproducción. Se han creado espacios religiosos de auto servicio con comida rápida espiritual. Cada uno se sirve a sí mismo. Así, el espíritu del tiempo transmite un mensaje de autosalvación por la autoayuda exacerbada. Los seres humanos viven con la sensación de ser automóviles, desvinculados de los otros.
Estas propuestas seductoras no son solamente actuales. Colgado en la cruz oyó esas insinuaciones: si salvó a otros, que se salve a sí mismo, decían los transeúntes. A otros salvó, pero no se puede salvar a sí mismo, ironizaban sacerdotes y escribas. Sálvate a ti mismo y a nosotros, dijo uno de los malhechores. También los soldados lo ridiculizaban: Si eres Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Una frase, que muestra concretamente el camino de Jesús, que reniega de la autosalvación, fue encontrada en una pared por el hijo de uno de mis colegas: "Todo hombre quiere ser rey; todo rey quiere ser Dios; sólo Dios quiso ser persona" Por medio de El fuimos creados y en El vivimos. Nos creamos porque somos creados.
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Oneide Bobsin, pastor de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana de Brasil y profesor de Ciencias de las Religiones en la Escuela Superior de Teología de Sao Leopoldo, Río Grande do Sul, Brasil.

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