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Jueves 3 de Noviembre, 2005

Chris Ferguson, representante del CMI en el encuentro de familias confesionales [Foto: United Church of Canada]
Chris Ferguson, representante del CMI en el encuentro de familias confesionales [Foto: United Church of Canada]

Hay que defender la vida en un mundo que ha caído en manos de ladrones

Manuel Quintero, SANTIAGO, Chile, Mayo 19, 2004

Si la unidad de las iglesias tiene relevancia, no es precisamente para preservar su institucionalidad, Taxi Heathrow Airport sino para comprometerse en la lucha a favor de la vida, dijo el Rev. Chris Ferguson en el segundo panel titulado “dando testimonio de la unidad”, que trajo la perspectiva global a la consideración del encuentro de familias confesionales que sesiona desde este lunes en la capital chilena.

Ferguson, funcionario de la Iglesia Unida de Canadá y representante del Consejo Mundial de Iglesias en el evento, analizó el modelo de globalización hegemónico que, señaló, a la vez que uniforma también fragmenta, y sobre todo que “coloniza” las conciencias y nos hace creer que el mercado es el único mecanismo para la satisfacción de nuestras necesidades y deseos.

“Esa globalización, que produce inclusión y exclusión, cautiva nuestras conciencias dentro de un pensamiento colonizado que nos dice que no hay alternativas”, subrayó.

En este contexto, debemos preguntarnos para qué sirve la unidad de las iglesias, dijo, recordando que el dicho de Jesús, “he venido para traer vida en abundancia”, en el capítulo 10 del evangelio de Juan, está colocado después de la referencia a los ladrones y salteadores.

El mundo hoy está en manos de ladrones y salteadores, y el desafío para las iglesias y el movimiento ecuménico es defender la vida, que es nuestra manera de ser fieles al propósito y a la promesa de Jesús, enfatizó.

Otro de los panelistas, el Rev. Viorel Ionita, de la Iglesia Ortodoxa Rumana y funcionario de la Conferencia de Iglesias Europeas (KEK), resaltó que “el tema de la unidad de las iglesias ha sido, desde sus orígenes, uno de los más importantes para el pensamiento y la práctica ecuménica en Europa”.

La oración de Jesús en el evangelio de Juan, “que todos sean uno”, no debe entenderse simplemente como un deseo que el Señor expresó casualmente, sino “como un mandamiento dado a todos sus seguidores y, especialmente, a todas las iglesias”, apuntó.

El Rev. Ionita mencionó una serie de esfuerzos bilaterales y multilaterales para avanzar en el camino de la unidad, entre ellos el Acuerdo de Leuenberg de 1973 entre las iglesias luteranas y reformadas; la Declaración Común de Meissen entre la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia Evangélica Alemana, de 1988; y el Acuerdo de Porvoo, en 1992, entre las iglesias anglicanas de Gran Bretaña e Irlanda, de una parte, y las iglesias evangélicas luteranas de los países bálticos y nórdicos, de la otra

También se refirió a la Carta Ecuménica, adoptada en 2001 por la Conferencia de Iglesias Europeas y el Concilio de Conferencias Episcopales (católicas) de Europa como el texto que ofrece las pautas teológicas para “la creciente cooperación entre las iglesias”en ese continente.

El representante de la KEK reconoció que hay diferencias doctrinales fundamentales que continúan siendo barreras para la unidad visible y la fraternidad eucarística entre algunas iglesias. Pero afirmó que en su camino hacia esa unidad, “las iglesias en Europa reconocen el valor de sus propias identidades confesionales, las que no deben ser un obstáculo para el diálogo sino más bien el fundamento para abrirse a una valoración positiva de otras tradiciones cristianas.” 319/2004).