
Jesús, no apto para menores
Harold Segura C., SAN JOSÉ, , Marzo 25, 2004
Leo intrigado que miles de jóvenes mexicanos se han unido en una campaña de rechazo Taxi Heathrow Airport a la decisión tomada por la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) por la que se prohíbe que menores de 18 años puedan ver “La Pasión de Cristo”. La RTC le otorgó la clasificación “C” por considerar que la cinta contiene imágenes con alto grado de violencia.
En Argentina la película podrá ser vista sólo por mayores de 16 años, y en Brasil, Chile, Perú y Costa Rica se permitirá el ingreso a mayores de 14 años. Sea como sea, los más pequeños, quedarán por fuera. El Jesús de Mel Gibson no es apto para menores.
Juan José Hernández ya apeló la decisión. Él es el director de la 20th Century Fox, empresa encargada de distribuir la película en México, y está indignado porque cree que todos los mexicanos deben verla por ser “hermosa y altamente evangelizadora”.
La película ha encendido variadas polémicas. Unos a favor y otros en contra, pero todos haciendo a su manera un aporte para su éxito comercial. Los judíos reclaman por considerarla antisemita; Billy Graham se conmueve hasta las lágrimas y la promueve por ser “fiel a las enseñanzas de la Biblia”; algunos católicos la defienden con ardor de cruzados, mientras otros la atacan por “ser repulsiva para el estómago”. Entre los evangélicos hay quienes opinan que es la mejor interpretación del Jesús de los evangelios y una oportunidad para la evangelización del mundo, pero también otros que la encuentran “chocante” y plagada de herejías.
En la arena de las discusiones hay lugar para todos. Mi intriga, en particular, tiene que ver con la razón por la cual los niños y las niñas no podrán verla. Aducen los censores que la razón es la violencia. Jacob Pinheiro Goldberg, abogado brasileño, interpuso una demanda ante la Comisión de Derechos Humanos de su país para que prohibiera la exhibición de la cinta a los menores de 18 años por considerar que “para un niño pueden crear repulsión, miedo, indignación y hasta sentimiento de desamparo”.
Y estoy de acuerdo; la película atenta contra los derechos de los menores. El sadismo de las escenas y el salvajismo con el que se presentan los tormentos de Jesús la convierten en una masacre sensacionalista, digna del mejor “premio Oscar a la brutalidad”, como bien lo dice el profesor de teología Samuele Bacchiocchi.
Pero, es que Gibson no inventó la crucifixión, dicen los defensores; todos sabemos que Jesús murió, padeció y fue sepultado. Jesús sufrió la crueldad de sus flageladores. Y si esa historia sucedió nada debería evitar que fuera vista, dicen ellos. La lógica es la misma que adoptan muchos medios de comunicación –prensa, radio, televisión y cinematografía- para explotar la crudeza de la vida y el dolor de las víctimas expuestas en toda su desnudez.
En esa lógica –o ilógica mercantilista- todo vale, aún la realidad llevada al límite para satisfacer las emociones de los consumidores ávidos de crueldad.
La película falsea los cuatro Evangelios; en éstos, “el factor sangre” no ocupa el espacio central de los relatos. La pasión –la de los textos bíblicos- no es un espectáculo sangriento; más bien se enfoca en el acto de amor que nos redime por medio de la “sangre del nuevo pacto” (Mateo 26:28).
Aclaremos: el sufrimiento de Jesús fue extremo. Lo que Cristo temía en el Getsemaní le ocurrió en el Gólgota. Es cierto. Padeció la furia despiadada de sus torturadores, pero aún así, ese hecho de sangre no era lo principal del anuncio apostólico.
La proclamación no estaba fundada en el dramatismo de la historia, sino en su efecto salvador. La sangre era anuncio y no espectáculo. Ante la muerte de un justo la sangre clama, como la de Abel (Lucas 11:51) o la de Zacarías (Mateo 23:35), o la de los profetas antiguos (Mateo 23:34), o la de miles de torturados en América Latina y en el mundo.
La sangre clama justicia, y a la justicia no se accede convirtiendo el acto injusto en entretenimiento teatral. Tampoco es el camino para la evangelización.
Bien hacen, entonces, al pedir que se prohíba la proyección para los niños y las niñas. Violencia tienen ya; y mucha. Defenderlos de ella es causa cristiana, aunque, como en este caso, el protagonista sea nuestro mismo Maestro. (183/2004).
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Harold Segura, pastor bautista colombiano, coordinador para América Latina del Area de Testimonio Cristiano de Visión Mundial.

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