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Jueves 7 de Junio, 2007

Hilario Wynarczyk, sociólogo argentino
Hilario Wynarczyk, sociólogo argentino

Bradbury y Max Weber espejos de la Argentina

Hilario Wynarczyk, BUENOS AIRES, Argentina, Febrero 18, 2004

"En la vida existen dos reglas: Una es lidiar con los problemas y la otra, Taxi Heathrow Airport hacer bien el trabajo". Estas palabras levantadas en un reportaje telefónico por Fabiola Czubaj (La Nación, Buenos Aires 7 de enero del 2004) tal vez reflejan hebras del pensamiento calvinista presentes en la cultura de los Estados Unidos.

Estoy leyendo a Max Weber, "La ética protestante y el espíritu del capitalismo". Lo coloco frente al reportaje y no puedo dejar de hacer comparaciones. Sigue respondiendo Bradbury. "Necesitamos que exista la competencia, como ocurrió con la historia del descubrimiento de América. Los hombres necesitamos competir entre nosotros porque es saludable y no hay nada de malo en ello...".

Con la Segunda Reforma protestante,  varios movimientos religiosos se levantaron contra las iglesias afiliadas a los estados europeos, en las que los carismas de Dios se encontraban instalados en manos de algo así como apoderados de lo sobrenatural. Las iglesias se convertían en institutos de salvación o fideicomisos, dicho con las palabras de Max Weber, y los apoderados en mandantes terrenales del Cielo.

Las nuevas iglesias  de la segunda ola reformadora no siguieron necesariamente el esquema calvinista de la predestinación particular, limitada  a una parte de la humanidad por un designio misterioso de Dios.

Pero sirvieron de vehículo y prolongación de  aspectos del calvinismo relacionados con la ética  personal. La lucha por la vida como una forma de lucha por el cielo sustituía en parte los medios de gracia administrados por los mandatarios de Dios en la tierra.

Y Ray Bradbury sigue diciendo algo que refleja el mismo espíritu de esa rebelión, cuya raíz calvinista Max Weber cree reconocer en la cultura de los estadounidenses. "..Como lo hicieron los colonizadores del Nuevo Mundo, que dejaron atrás las políticas europeas, sus monarquías y sus guerras apenas pisaron suelo americano para comenzar de nuevo".

Aunque  no hace mucho que perdió a su esposa y padece enfermedades, a los 83 años Bradbury habla con firmeza, dice la reportera. Así continúa. "Y mire lo que logramos: personas que llegan de todo el mundo al continente para vivir mejor".

Las "iglesias bautizantes" europeas trataban de crear nuevas comunidades, que en realidad eran -se suponía- parecidas a la primitiva, la única y la verdadera iglesia. Para los colonos americanos se trataba de crear un nuevo mundo.

Bradbury sigue hablando y lo escuchamos. "Marte tiene todos los elementos que necesitamos: sólo tenemos que penetrar el suelo; hay que llevar maquinara que permita cavar el terreno para poder extraer oxígeno. Podemos crear la atmósfera, el combustible...". Podemos crear un mundo.

Ese mismo espíritu no fue patrimonio exclusivo de una cultura en la que Weber -  en 1905 - reconoce raíces lejanas del calvinismo. El espíritu de los pioneros y el ascetismo ético en la vida cotidiana como método para una meta más alta, surgieron también en otros contextos, donde cabe incluir el de la cultura soviética, aunque parezca tan poco obvio, con las claras diferencias que corresponde marcar para sostener la inferencia.

Lo que sigue es políticamente incorrecto.

Se trata del espíritu de empresa, que dio lugar a la formación de una gran nación. El espíritu de marchar para adelante y crear un mundo nuevo. Lo políticamente correcto sería no prestarle atención al trasfondo religioso e histórico del discurso de Bradbury. O indicar - por lo menos, enseguida y con énfasis - todas las consecuencias que trajo ese mismo espíritu Nuevas guerras. Formas de religiosidad controladas que para algunos, asfixian.

Pero no puedo dejar de decir que ese espíritu fascina cuando vemos la realidad de culturas como la de mi país, la Argentina, donde el debate gira y gira y gira y gira alrededor de lo mismo: el pasado sin restañar las heridas, la justicia en suspenso, la corrupción, la falta de comprensión por parte de la ciudadanía acerca de sus propios derechos, el deseo de volver para atrás, hacia un estado virginal de la nación liderada por un gran padre y caudillo.

Cada vez  más creo que el problema de fondo está en la estructura. No en la estructural social y económica. Ese todavía es un plano intermedio. En el plano de la estructura cultural. El espíritu de la nación. /Tal vez este último párrafo puede volar/