![Ricardo Verástegui, periodista peruano [Foto: FOS]](/picture/Verastegui.jpg)
Tiempos de Turbulencia
Ricardo Verástegui , LIMA, Perú, Febrero 18, 2004
La movilización nacional anunciada para el próximo 17 de marzo en demanda de un gobierno Taxi Heathrow Airport de emergencia nacional, del cambio de la política económica y de una Asamblea Constituyente para dictar una nueva Carta Magna, así como la convocatoria previa a un “Acuerdo Popular Nacional”, por la Unión de Frentes Regionales del Perú, pone de manifiesto el estado de ánimo de diversos sectores de la sociedad y los tiempos de turbulencia política en los que vivimos.
Así como la crisis de gobernabilidad que se experimenta, si por gobernabilidad se entiende la capacidad de adaptación y coordinación que tiene el Estado para ejecutar sus responsabilidades y no el acto de gobernar.
Gobernabilidad que es el acto de cómo se maneja el gobierno, sobre qué métodos de gobernar se utilizan y cómo se balancean entre sí para ofrecer un trabajo óptimo que garantice participación ciudadana, transparencia, rendición de cuentas y el imperio de la ley.
Crisis de gobernabilidad de la que son responsables el jefe del Ejecutivo y el gobierno que preside, los otros poderes del Estado (Legislativo, Judicial), los partidos políticos que por sus apetitos de grupo velan por sus intereses y no los del país, gobiernos regionales y de buena parte de organizaciones que afirman representar a la civilidad.
Situación que amenaza con entorpecer y desvituar el proceso de descentralización y modernización del Estado necesarios para garantizar una auténtica participación democrática de la ciudadanía en la construcción de un modelo de desarrollo que le traiga mejores niveles en su calidad de vida.
El abandono y el desprecio que mereció el Acuerdo Nacional, por parte de la mayoría de los que lo sucriberon el 22 de julio del año 2002 como base para la transición y consolidación de la democracia, la afirmación de la identidad nacional y el diseño de una visión compartida del país a futuro, a través de la formulación de políticas de Estado, que debió servir como un instrumento para asegurar la gobernabilidad, es una prueba palmaria de que la clase dirigente vigente no está a la altura de sus responsabilidades históricas.
Tal parece que las palabras (no carentes de verdad) expresadas en su momento por el entoces Presidente del Consejo de Ministros, al hablar sobre el Acuerdo Nacional: “El Perú tiene el enorme desafío de trabajar intesamente para sentar las bases de la nueva sociedad peruana que corresponda al tiempo nuevo que se va configurando en este siglo XXI”, nunca fueron creídas por quien las pronunció ni por quienes las oyeron. Acaso distraídos por el protocolo del brindis.

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