Cuando los pacificadores van a prisión
Carlos Valle, BUENOS AIRES, Argentina, Enero 30, 2004
¿Se escuchan hoy las voces de los que claman en el desierto? Lo cierto es Taxi Heathrow Airport que hay quienes están dispuestos a lanzar su voz pero también quienes están dispuestos a acallarla.
Esta semana fue puesta en prisión en los Estados Unidos, junto a otros líderes de movimientos no violentos, Kathy Kelly, cofundadora de “Voces en el Desierto” (Voices in the Wilderness) y tres veces nominada para el premio Nóbel de la Paz.
Su delito: Haber manifestado en contra de la violencia militar de su país, introduciéndose en la base militar de Fort Benning como una de protesta contra el Western Hemisphere Institute for Security Cooperación, nuevo nombre otorgado en 2001 a la famosa y siniestra Escuela de las Américas.
Es bien conocido que esta Escuela ha estado durante muchos años entrenando dictadores militares y soldados que han masacrado cientos de miles de gente en Centro y Sud América. De entre sus más de 60.000 alumnos pasaron por esas aulas Manuel Noriega de Panamá, Hugo Bánzer de Bolivia y Leopoldo Galtieri de Argentina.
Kathy Kelly junto a otros 27 testigos por la paz quisieron expresar su protesta por el enorme daño causado y el miedo creado por la intervención militar en esos países y con la convicción de que hacerlo daban un paso esperanzador en la búsqueda la paz y la justicia social en el mundo. Durante su arresto recibió un tratamiento inhumano, con agresiones verbales y físicas. Fue esposada, tirada en el piso, mientras un soldado ponía su pie sobre ella dificultándole la respiración.
“Voces en el Desierto” fue fundado en 1996 para oponerse a la guerra económica y militar contra el pueblo de Irak. Maestros, trabajadores sociales, gente de fe, alentados por la búsqueda de la paz por medio de la no violencia, han desarrollado diversas tareas en su país para concienciar sobre las atrocidades cometidas contra el pueblo irakí.
Se oponen a todo armamento de destrucción masiva, las armas químicas, nucleares, biológicas o químicas. Así delegaciones visitaron varias veces ese país, y violando las decisiones de las Naciones Unidas y de las leyes estadounidenses que impedían enviar ayuda, suplieron con medicinas a niños y familias en necesidad.
En una declaración enviada al juez G. Mallon Faircloth que la sentenció a prisión Kathy Kelly afirma:” Durante los bombardeos estadounidenses en marzo y abril de 2003 vi como los niños sufren cuando las naciones deciden poner sus recursos en armas y en guerra antes que responder a las necesidades humanas. Juez Faircloth, hemos experimentado y visto los efectos mortales de la política militar de los Estados Unidos en madres y niños, en las familias. Hemos tenido en nuestros brazos a los niños y tratado de consolarlos bajo las bombas.”
Y concluye: “A veces pienso que estamos frente a un desierto de compasión en este país. Pero cuando pienso en las muchas voces que han tratado, en esta corte, clamar por las acciones de misericordia antes que por las acciones de guerra, me siento en casa, agradecida, y me siento profundamente urgida a permanecer en silencio y escuchar a los clamores de aquellos afligidos –con frecuencia es duro escucharlos- pero cuando los escuchamos, somos llamados, todos nosotros, a ser como voces en el desierto, levantando su lamento y motivándonos a construir un mundo mejor". (050/2004).
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Carlos Valle, pastor metodista argentino y ex-secretario general de la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC).

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