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Jueves 3 de Noviembre, 2005

Delegación eclesiástica de EEUU regresa con las manos vacías

Manuel Quintero, LA HABANA, Cuba, Enero 30, 2004

Representantes del Concilio Nacional de Iglesias de Cristo de los Estados Unidos (NCCCUSA por sus Taxi Heathrow Airport siglas en inglés) regresaron esta semana a su país sin haber logrado ninguno de los dos grandes objetivos públicos de su visita a Cuba: reunirse con los prisioneros de guerra en la Base Naval de Guantánamo y conseguir la liberación de disidentes políticos que cumplen largas condenas en cárceles de la isla.

Que ambos temas estuvieran en la agenda del Concilio refleja la intención de ese organismo de lograr un cierto equilibrio político a los ojos de la opinión pública estadounidense, luego de haber protagonizado un profético rechazo a la intervención militar en Irak que lo situó en una corriente de oposición francamente minoritaria dentro de su país.

El 8 de diciembre, el secretario general del NCCCUSA, Rev. Bob Edgar, escribió al secretario de Estado, Colin Powell, al procurador general, John Ashcroft y al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, solicitando permiso para que una pequeña delegación interreligiosa visitara a los detenidos.

Estados Unidos mantiene a más de 600 personas, de 40 países, detenidas en Guantánamo. Los prisioneros, fundamentalmente iraquíes, están envueltos en una suerte de limbo jurídico.  A pesar de las reiteradas peticiones de grupos de derechos humanos, no se les ha reconocido el status de prisioneros de guerra.

Por otro lado, si bien están confinados en minúsculas celdas dentro del territorio de la base naval, voceros del gobierno estadounidense han declarado que carecen de jurisdicción sobre ellos, porque en realidad están prisioneros en territorio de otro país. 

El viernes 16 de enero, pocos días antes del viaje de los líderes de iglesias a Cuba, el Rev. Edgar recibió una respuesta negativa de parte del Dr. Jeffrey M. Starr, director principal para el Programa de Operaciones Especiales del Departamento de Defensa. 

La carta señalaba que, “desafortunadamente, no es posible que su grupo se reúna con los combatientes enemigos detenidos en la Bahía de Guantánamo, Cuba”.

En cuanto a los prisioneros políticos cubanos, una semana antes de la visita a Cuba voceros del Concilio hicieron público su interés de reunirse con el presidente Fidel Castro para gestionar su liberación.

Pero una vez en Cuba, miembros de la delegación del Concilio—que encabezó el secretario general de ese organismo, Rev. Bob Edgar— aceptó la invitación a una recepción en la residencia del encargado de la Oficina de Intereses de EE.UU. en la Habana.

A la recepción asistieron líderes de movimientos y grupos opositores cubanos, que hicieron pública una carta en la que reclamaban a los visitantes abogar por la libertad de los presos políticos de la isla. También se encontraban presentes las esposas y madres de presos políticos encarcelados en un controvertido proceso en abril y junio del 2003.

Es obvio que ni la reunión con disidentes políticos, uno de los temas que más molesta al gobierno cubano, ni las declaraciones a la prensa ayudaron a adelantar los objetivos del Concilio.

En efecto, después de  cinco días de espera infructuosa, la delegación no fue recibida por el presidente Castro, y un anunciado encuentro con el presidente del parlamento cubano, Ricardo Alarcón, fue cancelado en el último momento.

Además, en comparación con eventos precedentes de su tipo, fue conspicua la ausencia de la prensa nacional o de funcionarios del gobierno al evento que discutió formas y mecanismos de acompañamiento de concilios internacionales de iglesias a las iglesias y al pueblo de Cuba, entre ellos una estrategia para fortalecer la oposición al bloqueo contra la isla dentro y fuera de los Estados Unidos.

Reacciones contradictorias

El fracaso provocó reacciones contradictorias en el seno de la delegación eclesiástica estadounidense.

El Rev. Fred Morris, director para América Latina del Concilio, admitió que una amnistía a disidentes cubanos "facilitaría" el trabajo de los que luchan contra el embargo estadounidense.

Pero ese mismo funcionario, en declaraciones a la Prensa Asociada, desmintió que la agrupación hubiera "abogado" ante el presidente Fidel Castro como lo mencionaron versiones de prensa y familiares de los encarcelados.

"Sí hubo una carta a Castro solicitando una entrevista con él... pero ese asunto (una gestión en favor de los opositores) no estaba en nuestra agenda", explicó Morris.

En cambio, en una reunión el 23 de enero en La Habana con la delegación, el Rev. Edgar había manifestado que uno de los propósitos del proyectado encuentro con el presidente Castro era “sugerir” al gobierno de Cuba la liberación de todos o algunos de los disidentes encarcelados.

Asimismo, una nota de la oficina de prensa del Concilio del martes 13 de enero había informado que la delegación esperaba discutir “las duras sentencias impuestas a 75 disidentes por las cortes cubanas en la primavera del 2003”, entre otros asuntos relacionados con las relaciones entre los dos países.

Comentando sobre estos asuntos, un funcionario del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) dijo que la manera en que el NCCCUSA planteó el tema fue probablemente la razón de la ausencia de respuestas positivas de parte del gobierno cubano.

Añadió que esa intervención del Concilio de Iglesias de Estados Unidos podría dañar los esfuerzos que el CIC inició ya el pasado año para pedir y lograr la liberación de algunos presos políticos del grupo de los 75.

“Ya le habíamos planteado el asunto al mismo presidente del parlamento y a otras autoridades, y nos habían prometido estudiar el asunto”, añadió, indicando que en esa gestión el CIC contó con el apoyo de los diputados evangélicos en el parlamento.

La gestión del CIC se habría dirigido en un primer momento a solicitar la excarcelación de los prisioneros que sufren serios problemas de salud  Entre ellos se encuentran el economista Oscar Espinoza Chepe, enfermo de cirrosis, y Martha Beatriz Roque, también economista, que padece de diabetes. El código penal cubano prevé la posibilidad de una prisión domiciliaria para los más enfermos.

Algunos líderes eclesiásticos cubanos creen que todavía hay posibilidades de que el gobierno de la isla libere a un número reducido de prisioneros políticos en vísperas de la reunión en Ginebra de la Comisión de Derechos Humanos  Pero esos mismos líderes no dejan de reconocer que la coyuntura política subordina cualquier gesto humanitario a la lógica de enfrentamiento entre los dos países, que alcanza sus niveles más altos durante los períodos eleccionarios en Estados Unidos.

En todo caso, el fracaso de las gestiones de la delegación del Concilio demostró que ninguno de los dos gobiernos está dispuesto a ceder en asuntos que consideran importantes para su seguridad nacional. Y mostró, a su vez, la necesidad de una mayor coordinación en las relaciones entre los organismos de iglesias de Cuba y los Estados Unidos, si quieren ser instrumentos eficaces para la defensa de los derechos humanos y el restablecimiento de relaciones normales entre los dos países. (049/2004).