
Perplejidad y satisfacción tras la visita del Patriarca Ecuménico
Manuel Quintero, LA HABANA, Cuba, Enero 27, 2004
La breve pero intensa visita del Patriarca Ecuménico dejó detrás suyo una estela de perplejidad Taxi Heathrow Airport y satisfacción. Satisfacción porque Bartolomeo I, haciendo gala de un buen instinto político, siguió al pie de la letra un programa que no dejó espacio para actividades que habrían modificado el carácter espiritual y pastoral de su visita.
En ese sentido, los intentos para que se reuniera con dirigentes políticos cubanos no tuvieron éxito, una actitud que le granjeó críticas en sectores de la oposición dentro y fuera de Cuba, especialmente en el sur de la Florida.
En verdad, el apegarse estrictamente a su programa y evitar una intromisión directa en la realidad nacional, no le impidió emitir, la víspera de su partida, un claro juicio sobre la política de Estados Unidos hacia Cuba.
Según Bartolomeo I, el embargo comercial de Estados Unidos contra la isla es un "error histórico", ya que los conflictos entre los pueblos deben resolverse "a través del diálogo".
Por eso, en su valoración del evento, el Rev. Odén Marichal, rector de la parroquia episcopal de Matanzas y uno de los tres diputados en la asamblea nacional (parlamento) cubana, pudo señalar que "la visita constituye un espaldarazo moral y político para Cuba".
En su opinión, la presencia del Patriarca Ecuménico en la isla también favorecería el desbloqueo mental entre los fieles griego-ortodoxos en Estados Unidos. "Ese desbloqueo mental es una premisa fundamental para lograr el levantamiento del bloqueo contra Cuba", insistió.
Pero la visita del líder espiritual de más de 300 millones de cristianos ortodoxos también dejó perplejidad, porque Bartolomeo I vino a una isla donde la población griego ortodoxa se cuenta en unos pocos centenares, incluso si el número de fieles de esa tradición se incrementa ocasionalmente con la siempre creciente llegada a la isla de turistas de otros países.
Una isla en la que la cultura griega está presente sobre todo en la figura del mítico Homero y sus dos poemas épicos, La Ilíada y La Odisea-que se estudian todavía en la escuela secundaria-pero que en su riqueza y esplendor es más bien tema de estudio y disfrute de un reducido número de intelectuales y especialistas.
De templos confiscados
Lo cierto es que, al margen del indudable significado religioso y espiritual de la presencia de Bartolomeo I en Cuba, su visita puso sobre el tapete algunas preguntas de naturaleza política, tanto doméstica como internacional.
La edificación del templo de San Nicolás en un sitio privilegiado de la Habana Vieja podría deberse, en primer lugar, a un viejo reclamo de la Iglesia Ortodoxa Griega, cuyo templo en esta misma ciudad fue confiscado por el gobierno revolucionario y eventualmente despojado de sus atributos como centro de culto.
Por años, esa iglesia y el gobierno de Grecia pidieron la restitución de esa propiedad, a lo que finalmente el gobierno cubano habría respondido con la donación del hermoso templo contiguo al Convento de San Francisco.
El gesto también podría interpretarse como un reconocimiento a la actitud del gobierno griego de no inmiscuirse en los asuntos internos de la isla. A diferencia de otros países de la Unión Europea, Grecia es uno de los cuatro países europeos-junto a Austria, Bélgica y Portugal-que no han invitado ni recibido a los disidentes cubanos en sus respectivas embajadas en La Habana.
El Patriarca y los derechos humanos
Bartolomeo I, en consonancia con esa política del gobierno griego, no aceptó la invitación a una recepción en la residencia del jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos, alegando "otros compromisos". A la recepción asistió Demetrios, arzobispo de Nueva York, quien recibió una carta del líder opositor Osvaldo Payá, del Movimiento Cristiano Liberación y coordinador nacional del Proyecto Varela.
En la carta, Payá señala que su grupo opositor busca realizar un proyecto propio y cubano de justicia y democracia, a la vez que lamenta la existencia de cientos de hombres y mujeres prisioneras en el país "por proclamar la verdad, por alentar la reconciliación y por defender" los derechos humanos.
La carta también señala que quienes deseen ser solidarios con el pueblo cubano deben apoyar "los cambios pacíficos hacia la democracia en el país" y reclamar "la liberación de los presos políticos".
De acuerdo con testigos presenciales, el arzobispo Demetrios recibió una copia de la carta pero declinó comentar sobre la misma.
Bartolomeo I, en declaraciones el domingo 25 de enero, habló a favor de la libertad religiosa, a la que calificó de "derecho humano básico". Un reclamo sin mayores consecuencias en un país cuyo gobierno, en los últimos seis o siete años, ha dado pasos importantes para corregir la anterior situación en que existían mecanismos jurídicos y políticos que impedían el pleno disfrute de ese derecho.
En todo caso, la consagración de un templo ortodoxo en Cuba muestra a un sector de la cristiandad que el gobierno de La Habana persiste en su declarada política de apertura y pluralismo frente al fenómeno religioso, a la vez que abre una ventana de oportunidades para acciones de ese gobierno en el campo de los derechos humanos.
Al respecto, Enrique López Oliva, especialista en religión y secretario de la Comisión para la Historia de la Iglesia en América Latina (CEHILA) de Cuba, piensa que no sería extraño que, pasado un tiempo prudencial de la visita del Patriarca Bartolomeo I, el gobierno cubano libere a algunos disidentes. Especialmente los que sufren de alguna dolencia física y hacen parte de un grupo de 75 que fueron juzgados y condenados a largas penas de prisión en abril del 2002.
En 1998, a raíz de la visita de Juan Pablo II a la isla, el gobierno liberó a 101 presos políticos. Semejante gesto de buena voluntad reforzaría la imagen de tolerancia del régimen y podría granjearle algunos votos favorables en la próxima reunión en Ginebra de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Entre ellos el de México, que en las sesiones más recientes de la Comisión y apartándose de su política tradicional, votó a favor de la resolución de condena contra Cuba.
Obviamente, el impacto más profundo y duradero de la visita demorará en manifestarse. "La visita nos tomó por sorpresa y tenemos que reconocer que, incluso los cristianos, conocíamos muy poco de la tradición ortodoxa", dijo el Rev.Carlos Camps, secretario general de la Iglesia Presbiteriana de Cuba y uno de los líderes eclesiásticos que participó en varias actividades de la visita del Patriarca.
El Rev. Camps afirmó que la presencia del Patriarca Ecuménico despertó el interés en la población de conocer más acerca del cristianismo y de su historia.
"Pero creo que el beneficio más importante de su visita y de la presencia en Cuba de una iglesia con una liturgia y una teología que enfatizan la tercera persona de la Trinidad, será un nuevo y fecundo aporte a la espiritualidad nacional", concluyó. (043/2004).

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