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Lunes 15 de Mayo, 2006

Patriarca Bartolomé visita Cuba
Patriarca Bartolomé visita Cuba

Patriarca Ecuménico consagra templo en La Habana

Manuel Quintero, LA HABANA, Cuba, Enero 25, 2004

La presencia del cristianismo ortodoxo en la mayor de las islas del Caribe cristalizó en Taxi Heathrow Airport esta fecha con una celebración tan fastuosa como antigua, de fuerte sabor bizantino, cuando Su Beatitud Bartolomeo I consagró en la capital cubana el templo de San Nicolás.

La ceremonia, a la que asistieron el presidente Fidel Castro, personalidades del gobierno, líderes eclesiásticos de Cuba y centenares de fieles griego ortodoxos provenientes de todo el continente, se inició alrededor de las nueve de la mañana con una liturgia preparatoria en el templo católico de San Francisco.

Al concluir esta liturgia, de poco más de una hora, el Patriarca Ecuménico se dirigió con su séquito al lugar donde se erigió el templo griego ortodoxo, en un espacio baldío contiguo al vetusto Convento de San Francisco, para dar comienzo a la elaborada ceremonia de consagración.

Después de guiar a su séquito en tres procesiones alrededor del exterior del templo, el Patriarca Ecuménico ofreció una oración solicitando la protección de Dios para esa nueva iglesia y seguidamente golpeó las puertas del templo diciendo: “Abran las puertas y permítales permanecer abiertas para siempre, y que entre la gloria de Dios”.

Una vez abiertas las puertas, Bartolomeo I se dirigió al santuario llevando consigo en un pequeño cofre unas reliquias sagradas, sobre el cual vertió el aceite de la consagración.  En la tradición ortodoxa la consagración de una iglesia gira alrededor de la consagración de la mesa del altar, porque ella representa el punto central de todos los sacramentos y ritos de esa iglesia.

Una vez consagradas, las reliquias fueron depositadas en una caja de oro, que es sellada con una mezcla de cera, mastic, mirra, áloe, resina y láudano.  Luego la caja fue colocada en una cavidad de la mesa del altar, donde permanecen permanentemente.  En la tradición ortodoxa, la mesa del altar simboliza el sepulcro de Jesucristo, y con este acto se conmemoran las especies fragantes usadas por José de Arimatea para ungir el cuerpo de Jesús, como preparación para su entierro.

Una vez concluida la ubicación de las reliquias, el Patriarca procedió a lavar la mesa del altar, mientras un lector recitaba el Salmo 83.  Al concluir la limpieza, Bartolomeo I ungió tres veces la mesa con agua de rosas, símbolo de la unción con dulces fragancias en el cuerpo de Cristo.

Una vez realizada esta unción, los diáconos que le asistían en la ceremonia ataron cuatro íconos de los cuatro evangelistas en las cuatro esquinas de la mesa, para simbolizar la presencia de la Iglesia en todos los rincones del planeta.

La mesa del altar fue cubierta entonces con diferentes vestimentas.  La primera fue una mortaja de lino blanco, símbolo de la mortaja con la que el cuerpo de Jesús fue envuelto en su sepultura.  Seguidamente el Patriarca colocó sobre esa mortaja una manta de tela brillante, que en su esplendor simboliza la gloria de Dios, mientras se leía el Salmo 92: “El Señor reina! Se ha vestido de santidad! El Señor se ha vestido, se ha ceñido su poder!”.

Concluida la vestimenta, el Patriarca colocó sobre la mesa varios elementos, entre ellos un icono representando la humillación del Cordero de Dios, una cruz, un libro con los Evangelios y velas de cera de abejas.  Entonces abandonó el altar y procedió a ungir con mirra consagrada diferentes lugares del templo, mientras realizaba la señal de la cruz. 

Como último acto del intrincado ceremonial, Bartolomeo I encendió la llamada “lámpara de la vigilia”, cuya luz, una vez colocada sobre el altar, nunca se extingue.  Esa luz permanente simboliza la presencia de la luz de Cristo en la vida de los cristianos.

Los participantes en la consagración celebraron entonces la llamada “divina liturgia jerárquica”, con la cual culminó una ceremonia que rebasó las tres horas de duración.  La nutrida muchedumbre que no tuvo acceso al templo ortodoxo siguió la ceremonia a través de las pantallas de televisión colocadas para tal fin en el vecino templo católico de San Francisco. 

El templo fue construido con ladrillo rojo y piedra conchífera cubana, materiales a los que se sumaron otras piedras traídas de monasterios ortodoxos.

En el interior destacan los iconos, pintados según la tradición ortodoxa, y las lámparas, reproducciones de antiguos candeleros bizantinos; tanto los iconos como las lámparas fueron creados por artistas griegos antes de ser transportados a la isla. El altar, en cambio, es fruto de la imaginación creadora de Juan Narciso Quintanilla, uno de los más renombrados escultores cubanos.

El aporte cubano se completa con un tímpano medieval —que perteneció a una antigua iglesia románica— y un pozo medieval veneciano, donado por la Oficina del Patrimonio Nacional de la isla, que está colocado a la entrada del templo.

El flamante templo, que a partir de ahora será lugar de congregación de los fieles ortodoxos que habitan en la isla o que la visitan, tiene rango de Sacra Catedral Ortodoxa Griega y fue bautizado con el nombre de San Nicolás de Mira.  San Nicolás, cuya festividad se celebra el 6 de diciembre, es el santo protector de los navegantes.

Un nombre apropiado para una iglesia muy próxima al litoral de una ciudad cuya historia ha estado siempre indefectiblemente ligada al mar que baña y abraza sus costas. (036/2004).

Migdaleder Mazuera

Gracias, por acercarnos la experiencia vivida con la inauguración del templo ortodoxo. Sin duda fue todo un acontecimiento en la Isla, y en la narración podemos sentirlo. Quiera Dios que la fe en Dios, de todos los cristianos y cristianas cubanos se vea fortalecida por la presencia de la Iglesia Ortodoxa. Y que también sea para los ortodoxos un testimonio de convivencia en el conjunto de creyentes.

Migdaleder Mazuera

Gracias a Manuel y a ustedes, por acercarnos la experiencia vivida. Sin duda fue todo un acontecimiento en la Isla, y en la narración podemos sentirlo. Quiera Dios que la fe de todos los cristianos y cristianas se vea fortalecida por la presencia de la Iglesia Ortodoxa. Y que también sea para su membresía un testimonio de convivencia en el conjunto de creyentes.