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Jueves 3 de Noviembre, 2005

Ataques a iglesias y símbolos religiosos exacerban el conflicto

Manuel Quintero, CARACAS, Venezuela, Diciembre 13, 2003

Dos hechos ocurridos en la última semana, la profanación de la imagen de una virgen Taxi Heathrow Airport y la explosión de un petardo junto a la puerta de un templo católico agudizaron el ya prolongado y enconado conflicto entre la Iglesia Católica y el gobierno en Venezuela.

El sábado 6, una imagen de medio metro de altura de la Virgen María fue decapitada, y otra mayor fue rayada con las dos primeras letras del apellido Chávez en tinta roja.  Las imágenes adornaban un altar en medio de la Plaza Francia, en Altamira, en el este de Caracas, centro de reunión de militares disidentes y grupos opositores.

Los canales privados de televisión mostraron imágenes de decenas de personas con franelas y boínas rojas, símbolos del chavismo, manipulando las imágenes mientras gritaban consignas en apoyo del presidente Hugo Chávez.

La profanación provocó la reacción del Arzobispado venezolano, que el lunes 8 emitió una declaración en el que declaraba que esos hechos "carentes de toda racionalidad (...) son rechazados, tanto por la ofensa misma a las veneradas imágenes, como porque ponen de manifiesto la descomposición y pérdida de valores en que viven quienes actuaron de esa forma".

Por su parte, el presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela, obispo Baltasar Porras, declaró en una entrevista radial que son "actos vandálicos" y advirtió que "los signos de lo religioso no se pueden mezclar ni manipular impunemente para ningún proyecto de tipo político, así sea el mejor".

El gobierno respondió afirmando el carácter pacífico de la manifestación, que agrupó a centenares de miles de simpatizantes en la avenida Bolívar de Caracas, y culpó a infiltrados de las agresiones a las imágenes.

A su vez, el vicepresidente José Vicente Rangel dijo que Porras es un "vocero sistemático de la oposición más recalcitrante" y lo acusó de avalar "el sacrilegio" de que esas imágenes estuvieran en la plaza, refugio de "militares golpistas, de terroristas y de realización de verdaderas  orgías".

Tres días después del incidente en la Plaza Francia, la noche del martes 11 desconocidos incendiaron la puerta de la iglesia El Carmen, ubicada frente a la Plaza Miranda, en la localidad de los Teques.  El fuego se extendió hasta la nave central del templo y consumió parte del techo.

La manifiesta oposición de la jerarquía católica al gobierno de Chávez parece favorecer la hipótesis de que los autores de esos atentados son militantes del chavismo. Pero algunos observadores se preguntan si los  hechos no corresponden a una estrategia de sectores de la oposición para exacerbar aún más la polarización en el seno de la sociedad venezolana, mediante la manipulación de la religiosidad del pueblo.

Una religiosidad que se expresa mayoritariamente dentro de la Iglesia Católica, incluso si tiene un fuerte componente de las religiones provenientes de la cultura indígena y afroamericana.

La religión en la batalla ideológica

Las pugnas entre Chávez y la Iglesia Católica comenzaron desde los primeros meses de su mandato en 1999, cuando el primer mandatario  criticó a la jerarquía y apoyó a los sacerdotes que trabajaban en los barrios más pobres. 

La polémica se agudizó tras la presencia de la iglesia en los eventos relacionados con el golpe del 11 de abril del 2002.  El hoy desaparecido cardenal Ignacio Velasco firmó entonces el decreto del autoproclamado  presidente provisional empresario Pedro Carmona, que disolvió todos los poderes públicos.  Luego, en una de sus últimas entrevistas, el cardenal argumentó que no sabía lo que suscribía, porque había firmado el papel en blanco.

 De otro lado, el presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela (CEV),  monseñor Baltasar Porras, acusó reiteradamente a Chávez de invocar el nombre del pueblo para "hacerse con mayor poder político", de haber relegado y olvidado los acuciantes problemas de la pobreza y el desempleo, y de hacer avanzar el gobierno "hacia un régimen monocolor y totalitario".

El presidente Hugo Chávez, en cuyo abigarrado ideario convive el pensamiento de Bolívar lado a lado con elementos de la teología de la liberación y del  marxismo, no demoró en atacar a los prelados católicos, a los que en uno de sus programas televisivos de los domingos, titulado "Aló, Presidente", llegó a calificar de "tumor".

Según Chávez, el cardenal Velasco y otros obispos de alto rango mantienen estrechas relaciones con las elites gobernantes del pasado y han descuidado a los pobres de Venezuela.

"Se acostumbraron a vivir en palacios y se olvidaron del pueblo... ¿Quién ha visto a los obispos estos que nos critican que vayan a las calles, que vayan a los barrios pobres? No andan por el camino de Dios, no andan por el camino de Cristo",  señaló.

Aunque existan sospechas e hipótesis contrapuestas sobre la paternidad de los más recientes atentados contra el catolicismo, lo que muy  pocos dudan es que el factor religioso continuará siendo uno de los ingredientes esenciales en la batalla ideológica que enfrenta al gobierno y a la oposición en Venezuela.  Una batalla que, después de los firmazos de  noviembre, parece entrar en una etapa decisiva.