![Rowan Williams, arzobispo de Canterbury, busca preservar la unidad de la comunión anglicana [Foto: Jim Rosenthal]](/picture/Williams.jpg)
El misterio de los planes de Dios resalta arzobispo de Canterbury en mensaje navideño
LONDRES, Gran Bretaña, Diciembre 5, 2003
En la celebración de la Navidad hay dos mensajes importantes que, a primera vista, parecen Taxi Heathrow Airport algo contradictorios. Todos esperaban al Mesías, porque toda vida humana encuentra su centro y su meta en Jesús, pero no había "lugar en el mesón", y nadie quería salir a su encuentro; él está al margen, no en el centro.
Esto es señalado por el arzobispo de Canterbury y líder mundial de la comunión anglicana, Rowan Williams, en su mensaje de Navidad.
Los planes de Dios para el mundo probablemente resulten misteriosos para nuestras mentes pequeñas; agrega. No es de extrañar que marginemos a Jesús e intentemos evitar las implicaciones de lo que él dice y hace. Sin embargo, no tenemos escapatoria. Dios nos ha hecho de tal manera que sólo llegamos a ser realmente humanos cuando estamos en armonía con su vida y su amor, subraya.
Jesús es, a la vez, un extraño que nos atemoriza y el que nos habla con más intimidad y cercanía que ningún otro, agrega.
Atravesamos por un momento de gran incertidumbre y conmoción en nuestra Iglesia. No hay ninguna solución rápida para las disputas que nos dividen, señala Williams en relación con la controversia originada por la consagración de un homosexual declarado como obispo de la Iglesia Episcopal de Estados Unidos.
La Navidad nos recuerda las verdades que deberían inquietar a todos en la Iglesia -no sólo a los "liberales" o a los "conservadores". Todos somos llevados ante el mismo Cristo y se nos dice que es a él a quien más necesitamos y a quien más anhelamos y, al mismo tiempo, a quien encontraremos más extraño y polémico, indica.
A todos nos insta a comenzar de nuevo el largo viaje a nuestros corazones para encontrar el verdadero centro. No saldremos de ese viaje con mejores argumentos para derrotar a nuestros adversarios ni con mejores designios para salvar la Iglesia, advierte.
Saldremos con mayor temor y asombro: como aquellos que, en la narración evangélica, fueron los primeros en hallar al recién nacido. Volveremos a encarar la difícil empresa de vivir en una Iglesia dividida e imperfecta, con sólo un poco de mayor conciencia del abrumador misterio al que nos enfrentamos, puntualiza Williams.
Antes de preocuparnos por las flaquezas de nuestro prójimo, debemos mirar primero a nuestro propio nacimiento y a nuestra propia muerte; al sitio donde vemos lo central y lo marginal; a la manera de encontrar el centro de Dios, concluye el arzobispo de Canterbury.

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