![Ricardo Verástegui, periodista peruano [Foto: FOS]](/picture/Verastegui.jpg)
La lucha contra la pobreza
Ricardo Verástegui , LIMA, Perú, Diciembre 1, 2003
En América Latina uno de los grandes obstáculos que enfrentamos, para salir de nuestra situación Taxi Heathrow Airport de pobreza y subdesarrollo, es la deuda externa.
Esta es utilizada por los países ricos como un instrumento de dependencia y dominación para someter a los países pobres a sus intereses económicos y geopolíticos, y hacerse cada vez más ricos.
Esta deuda se vuelve impagable por los altos intereses que la aparejan (en el caso del Perú más del 50 por ciento de lo que pagamos son intereses y no el monto principal de la misma), a pesar de que su monto original ha sido pagado varias veces.
Otro obstáculo para erradicar la pobreza de la región es el sistema de regulaciones internacionales existentes que permite a los ricos y poderosos – mediante la Organización Mundial del Comercio (OMC) – aprovecharse de la mayor parte de los beneficios del comercio entre naciones mientras que los pobres sufren las consecuencias.
Dramática realidad, cuando no trágica, que llevó al papa Juan Pablo II en 1994 a convocar a realizar un Jubileo para el 2000 que tuviera, entre otros aspectos centrales, la condonación de la deuda externa para los países pobres.
Muchos piensan que por fin saldremos de los años de las vacas flacas para pasar a la época de las vacas gordas, cuando escuchan decir a los países altamente desarrollados que van a ayudarnos para que logremos salir del subdesarrollo y alcanzar el desarrollo.
Sin embargo, esta forma de pensar olvida que – como dice Theotonio Dos Santos – la situación de subdesarrollo no es el resultado de países que no ingresaron en el desarrollo, sino de la manera como estas economías se integraron.
La deuda externa del Perú es cerca de 28 mil millones de dólares, de los cuales poco más de 20 mil millones son deuda del Estado peruano y 7 mil millones, deudas de los bancos y de las empresas peruanas.
Se estima que, de no haber cambios en la política presupuestaria, el Perú deberá destinar (en el año 2004) el 21 por ciento del presupuesto nacional para pagar el servicio de la deuda, esto es la suma de 2,478 millones de dólares.
Lo que acarreará condiciones de vida más infrahumanas que en las que se debate más del 50 por ciento de la población que se encuentra en situación de pobreza y algo más del 24 por ciento ubicada en la categoría de extrema pobreza.
Para luchar contra el obstáculo de la deuda externa que nos hace víctimas de la voracidad de la transnacional del dinero, organizaciones de la sociedad civil – entre ellas la Red Jubileo Perú – teniendo como meta la condonación de la deuda externa, por ser impagable y moralmente inaceptable, vienen impulsando diversas acciones en pro del desendeudamiento de nuestra economía.
El desendeudamiento es vital para lograr el desarrollo del país y una lucha efectiva contra la pobreza. El Perú necesitaría reducir su deuda en un 50 por ciento y que el crecimiento económico sea al menos 6 por ciento anual para poder salir del círculo vicioso que representa la deuda y que impide el desarrollo.
Entre estas acciones de desendeudamiento o de lucha por erradicar la pobreza están lograr una condonación negociada de la deuda mediante el establecimiento de procesos de arbitraje internacional como parte de un nuevo marco financiero internacional acorde con la protección a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC).
Otras propuestas son refinanciar la deuda, especialmente la contraída por armamento; el desconocimiento de la deuda ilegítima contraída mediante corrupción; y que en el presupuesto de la República se reduzca el pago de la deuda externa y se aumente la inversión social (educación, salud, vivienda, empleo).
También existe la propuesta de promover la creación y funcionamiento de los Fondos Contravalor que permitan canjes de deuda por desarrollo o inversión social con participación de la sociedad civil a través de la vigilancia ciudadana.
Estos Fondos de Contravalor son formas de canje del monto de la deuda mediante las cuales el gobierno o institución acreedora aceptan que, en vez de pagar parte de nuestra deuda, el dinero de esta deuda se emplee en proyectos que contribuyan al desarrollo del país.
En nuestro país estos Fondos de Contravalor de canje o conversión de deuda externa en inversión social, denominados apropiadamente por el economista Humberto Ortiz de “segunda generación”, se inician en 1993 con la creación del Fondo Contravalor Perú Suiza. Posteriormente se crean otros fondos como el Fondo de Contravalor Perú-Estados Unidos o Fondo de las Américas, Perú-Italia, Perú-Alemania.
Los Fondos de Contravalor de “primera generación” son aquellos surgidos como producto de monetización de donaciones, sea de alimentos (Francia, Unión Europea), de venta de maquinarias, principalmente mineras de segundo uso (Canadá) o de alquileres de camiones donados (Japón).
La sociedad civil considera que estos Fondos de Contravalor – si bien por las cantidades que administran no ayudan a reducir significativamente el monto de la deuda externa – son importantes para, bien dirigidos, promover el desarrollo de localidades excluidas o marginadas sumidas en la pobreza o en la miseria.
Si a esto le agregamos que en estos Fondos de Contravalor se tenga una conducción política tripartita para aprobar proyectos que realmente fomenten actividades estratégicas a favor de los grupos más desfavorecidos de la población, tendremos como aliado a un instrumento de invalorable importancia en nuestra lucha contra la pobreza. Los fondos deben estar conducidos por igual número de representantes del gobierno acreedor, del gobierno peruano y de la sociedad civil.
Claro está que en esto juega un papel importante la claridad que sobre su misión tenga el Fondo y su cabal comprensión de la realidad peruana. Tal como lo percibimos del FCPA (Fondo Perú-Alemania) que define su misión como la de ser un ente financiero eficaz y eficiente que busca conseguir impacto en la lucha contra la pobreza, considerando aspectos de la protección y conservación del medio ambiente y del apoyo al proceso de descentralización.
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Ricardo Verástegui López, es miembro del Comité Tripartito del Fondo Contravalor Perú-Alemania en su calidad de representante de la sociedad civil. Es miembro de la Iglesia Luterana.

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