Violencia contra la mujer denunciaron en celebración
Amparo Beltrán, BOGOTÁ, Colombia, Diciembre 1, 2003
Dramáticas cifras sobre la violencia contra la mujer en Colombia fueron dadas a conocer en Taxi Heathrow Airport un acto celebrado en la sede de la Iglesia Episcopal y al que asistieron unas 90 dirigentes de las iglesias anglicana, catolica, luterana, presbiteriana, menonita, metodista, fraternidad en Cristo, anabautistas, bautistas y pentecostales.
En el evento, organizado con motivo del Día Mundial de la No Violencia contra la Mujer, el 25 de noviembre, representantes del Centro Popular para América Latina de Comunicaciones (CEPALC) informaron acerca de una investigacion sobre embarazo por violación efectuado en la region del Valle, Colombia.
El estudio se inició con 130 mujeres, pero 9 no quisieron estar hasta el final. Por eso el estudio es con 121 mujeres, entre 10 y 40 años, la mayoría de estratos pobres y muy pobres.
Por lo mismo, tambien los niveles de escolaridad fueron, en su mayoría, bajos. En su gran mayoría, 82 por ciento, eran solteras y de éstas el 63 por ciento interrumpió el embarazo, sobre todo porque no quería tener hijo de un violador.
El 18 por ciento de las entrevistadas conservó al hijo o hija, el 7 por ciento lo entregó en adopción y el 12 por ciento usó anticonceptivo de emergencia tras la violación.
Se quiso tomar este caso porque es el más doloroso entre las diferentes violencias que sufren las mujeres. Hubo bastante discusión respecto a las mujeres que interrumpieron el embarazo por no querer tener hijo de un violador, por lo que se acordó estudiar más detenidamente esta situacion y buscar luces en el evangelio.
CEPALC recordó que la celebración de este Día Mundial se inició en Bogotá, en julio de 1981, cuando se realizo el 1er Encuentro Latinoamericano de Mujeres. Allí la delegación de República Dominicana propuso que se tomara el 25 de noviembre como Día Latinoamericano de la No Violencia Hacia las Mujeres.
En esa fecha, en 1960, el dictador Rafael Trujillo, mandó matar a las tres hermanas Mirabal: Patria, Minerva y Maria Teresa, que estaban luchando contra la dictadura. Desde muy joven Minerva había tomando conciencia de la situación y participaba en la lucha política, al punto que no la aceptaron en la universidad para estudiar Leyes, debido a este compromiso.
Su padre, un conocido negociante, fue invitado en una ocasión a una fiesta en el palacio de Trujillo, quien se proponía seducir a Minerva. Allí Minerva tuvo una larga conversación con Trujillo. Parece que Trujillo trató de convencerla que no siguiera en contra de su gobierno y que se convirtiera en su amante. Ella lo rechazó en los dos aspectos. Esto fue lo contó a una amiga suya, quien lo comunicó a un grupo de investigadores.
Minerva estuvo cuatro veces en la cárcel y sólo por denuncias internacionales la dejaron libre. Pero su esposo, como el de María Teresa, siguieron presos. Cuando fueron a visitarlos a la cárcel de Puerto Plata, en el norte de la isla, las secuestraron, torturaron y mataron a golpes. Luego las pusieron en la camioneta que utilizaban y la despeñaron para simular un accidente.
Nadie lo creyó, porque Minerva al salir de su casa le había dicho a los vecinos que al día siguiente las iban a accidentar. Además, después de la muerte de Trujillo, el 30 de mayo de 1961, fueron detenidos los culpables y confesaron el crimen.
Este hecho tan significativo fue tomado por las Naciones Unidas para establecer, en 1999, el Día Mundial de la No Violencia Contra las Mujeres.
En el evento ecuménico del 25 hubo también reflexiones sobre la "Hija de Jefte", que fue muerta por decisión del padre, que había prometido inmolarla si ganaba la guerra. Se presentó un sociodrama en el que se presentó a una amiga de esta joven, a quien le compartió su sufrimiento durante los dos meses que le concedió su padre para llorar su desdicha.
También hubo una nota sobre las mujeres que acompañaron a Jesús. Se hizo énfasis en la importancia del nombre, pues de la hija de Jefte no se tiene ni el nombre. como tampoco del resto de las mujeres, fuera de Magdalena, Susana y Juana, quienes seguramente fueron tan fieles que los varones autores de los evangelios tuvieron que nombrarlas.

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