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Martes 23 de Mayo, 2006

Carlos Ramos, coordinador del Foro Evangélico de Reflexión Política
Carlos Ramos, coordinador del Foro Evangélico de Reflexión Política

El Peligro Indígena

Carlos Ramos, QUITO, Ecuador, Noviembre 26, 2003

En la ciudad de Bogotá ha formulado declaraciones inquietantes el escritor peruano Mario Vargas Llosa. Taxi Heathrow Airport   Ha señalado que los colectivismos son una amenaza al sistema democrático, ubicando en este calificativo al indigenismo de Ecuador, Perú, Bolivia. 

Coloca en la misma categoría al socialismo, el nazismo y fascismo y al movimiento indígena que a juicio de Vargas Llosa apela a bajos instintos de desconfianza hacia el otro, al que es distinto y se encierra en sí mismo.

Es verdad que resulta peligrosa una visión etnocentrista.  En la sociedad ecuatoriana hemos sido testigos en este último año de manifestaciones que van en esa línea. 

Mientras duró el cogobierno de Pachakutik con el coronel Gutiérrez y se produjeron varios tropiezos el propio Presidente acusó a líderes mestizos de ese movimiento de ser los causantes de enfrentamientos al interior del régimen; fueron presentados como los malos de la película dirigentes como Hernández, Buendía y Pozo con lo cual se alimentaba una visión indigenista en Pachakutik que excluye a las demás personas.

El etnocentrismo de Pachakutik se puso de manifiesto cuando se trataba de renovar sus cuadros directivos hace apenas dos meses.  Todos sabemos que Pachakutik es el brazo político de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) y que ésta agrupa a los pueblos y nacionalidades indígenas de las tres regiones geográficas del Ecuador continental. 

Sin embargo el movimiento no es exclusivamente de indígenas puesto que militan destacados intelectuales, profesionales, trabajadores y jóvenes mestizos.

El Congreso reunido en Riobamba eligió sus cuadros directivos y en ese equipo se reafirmó su etnocentrismo al excluir en las funciones más importantes a quienes no son indígenas, y coloca en la máxima dignidad de Coordinador Nacional a un abanderado del indigenismo el ex – diputado Gilberto Talahua, indígena de la provincia de Bolívar.

Alrededor del mismo Pachakutik otro hecho que el Congreso de Riobamba resolvió es seguir como movimiento y no constituirse en partido político.  Es evidente que existían en su interior las dos tendencias pero se impuso la del movimiento. 

Por qué? Una explicación lógica es que los indígenas se resisten a ser partido porque saben que ello les exige, por disposición de ley, tener una clara, definida y diferenciada Declaración de Principios y también un Estatuto en el cual deben establecerse sistemas democráticos de elección de sus directivos y de candidatos a dignidades electas. 

Ante estas exigencias del sistemas de partidos los indígenas razonan no tener suficientes cuadros indios al mismo tiempo de no querer dejar los liderazgos en manos de mestizos.

Otras organizaciones indígenas como la FEINE (Federación de Indígenas Evangélicos) y la FENOCIN adolecen de similar etnocentrismo con algunos ligeros matices que los diferencian.

Cierto que una visión que excluye al “otro” es peligrosa para la convivencia humana y para un sistema democrático y de estos peligros debemos estar alertados y en alerta.  La verdad histórica es que los indígenas andinos han sido inexistentes en nuestra sociedad por mas de cuatro siglos. 

Usurpadas sus tierras, abatidos sus derechos, masacrados, abusados y violados solo han servido para ser la nueva servidumbre de blancos y mestizos.  Arrinconados en los páramos andinos u olvidados en las amazónicas selvas no han existido como sujetos de la política en nuestra democracia.

Únicamente a partir de las dos últimas décadas del siglo XX es que aparece en el imaginario político de nuestras naciones el movimiento indígena.  Son las nuevas generaciones de indios nacidos libres luego de que los procesos de Reforma Agraria en el continente liberan de la servidumbre de la hacienda a miles y miles de ellos.  Entonces se ponen de pie y empiezan a caminar disfrutando lo marginal de nuestra democracia.

Una de las virtudes de la democracia, imperfecta aún pero perfectible, es que tiene la pluralidad como uno de sus componentes básicos por ello en sus reglas de juego posibilita la participación de las minorías y la imposición de las mayorías.

Al amparo del sistema democrático han surgido, con fuerza en los últimos años, líderes indígenas que han ganado legítimamente espacios políticos que les han permitido ser parlamentarios, alcaldes y ministros.  En el ejercicio del poder están mostrando sus capacidades y desnudando sus limitaciones y defectos.

¿Cuál sería la solución según Vargas Llosa al tema indígena? ¿recluirlos en los páramos? ¿negarles el voto y todo derecho político? ¿construir una sociedad solo para ellos al estilo de la vieja Sudáfrica?  ¿Tienen derecho a participar de la vida política de su país?  Pues evidentemente que sí.

Corresponde a la sociedad en general dar oportunidad de integración y participación a los indígenas, a los partidos y movimientos políticos representar sus intereses y promover a sus líderes.  Por su parte, el movimiento indígena debe asimilar la historia:  los colectivismos que menciona Varga Llosa han pasado por ser autoritaritarismos tan nefastos que han engendrado en sí mismos el elemento de su propia ruina. 

Por lo tanto no cabe que en sus filas se cultive un etnocentrismo que tiene visos de racismo ya superado en otras latitudes.   

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