Volver al inicio

Lunes 15 de Mayo, 2006

Dennis Smith desafía a evangélicos a sumarse a la sociedad civil. [Foto: UMESP]
Dennis Smith desafía a evangélicos a sumarse a la sociedad civil. [Foto: UMESP]

Situación de los evangélicos ante los desafíos actuales analiza Dennis Smith

CIUDAD DE GUATEMALA, Guatemala, Noviembre 12, 2003

 El coordinador de la Pastoral de la Comunicación del Centro Evangélico de Estudios Pastorales en Taxi Heathrow Airport Centroamérica (CEDEPCA), Dennis A. Smith, analizó la situación de los evangélicos guatemaltecos ante la coyuntura política actual.

Smith presentó su exposición en el foro patrocinado por Voces Evangélicas de Reflexión, la Iglesia Evangélica San Juan Apóstol, CEDEPCA, la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL), y la Conferencia de Iglesias Evangélicas de Guatemala (CIEDEG), que se realizó en Ciudad de Guatemala el 17 de octubre último.

A los evangélicos nos fascina el poder político, pero también no da miedo, anotó Smith en su ponencia titulada Ética, política y el sueño de Dios para Guatemala.

En estos últimos 30 años hemos aprendido que el poder político está construido sobre bases de corrupción, mentira, abuso, violencia e impunidad. Estos son los fantasmas que acechan a todo servidor público, anotó.

No es de sorprenderse, entonces, que muchas personas de buena voluntad, sean evangélicos, católicos, de espiritualidad maya o ateos, terminen corrompidos por este sistema. Ni es de sorprenderse que a otros muchos, avalándose del discurso religioso, les pican las manos para hacer su agosto, convirtiendo el patrimonio de la nación en botín propio, agregó.

Recordó que en los barrios y aldeas de "Guatebuena", cuando se necesitaba una persona digna y honrada para cumplir una función delicada en la comunidad - ser tesorera del comité de vecinos, ser fiscal de la cooperativa - se buscaba a un evangélico. Ya no es así, indicó.

Ahora, cuando urgentemente necesitamos de personas dignas y honradas para construir la paz, para combatir la impunidad, para instaurar un estado de derecho, ¿dónde estamos?

Recordó una asamblea de líderes evangélicos realizada en Quetzaltenango en 1982. Se trataba de preparar estrategias pastorales para el centenario de la obra evangélica a celebrarse en noviembre de aquel año. Corrió la voz de que Aníbal Guevara, candidato oficialista para la presidencia, iba a hacer un acto de presencia en el seminario, señaló.

Llegó Guevara en helicóptero. Repartió bolsas llenas de cuadernos y otros materiales didácticos, diciendo que podrían servir para las escuelas dominicales. Su esposa afirmaba que el evangelio, le generaba simpatía, y que algunos de sus familiares ya habían aceptado. Después, un pastor se acercó a mí y me dijo: "¿Será que Guevara pensaba que venderíamos nuestra herencia por una bolsa de útiles escolares?"

1982 fue un año sumamente difícil. Masacres. Atentados. Tierra arrasada. Fue el año en que un general (Ríos Montt), supuestamente evangélico, asumió el puesto de jefe de facto de gobierno. Se acordarán de su enfrentamiento con el obispo de Roma y de aquellos hermanos que, cantando coritos evangélicos, se fueron al paredón enjuiciados por un tribunal de fuero especial, rememoró.

Se acordarán, agregó. de las rivalidades entre ciertos pastores de élite aquí en la capital. ¿A quién invitarían para los desayunos en el Palacio Nacional? ¿Quiénes formarían parte de su círculo íntimo de asesores?

¿Se acordarán del sueño de formar un partido político que aglutinaría a todos los evangélicos? ¿Del sueño de alcanzar cierta masa crítica de población evangélica que transformaría la vida ética, moral y social de la nación? ¿Se acordarán de la gestión notoriamente corrupta de otro presidente (Jorge Serrano) que se llamaba evangélico?, prosiguió.

Así llegamos al día de hoy. Vienen a la mente los ministros del Estado, los altos funcionarios, que hemos visto en nuestras iglesias. Hemos visto cómo levantan sus manos en alabanza. Pero sabemos que esta persona acaba de construir una casa millonaria en un barrio exclusivo. Y sabemos que el sueldo de un servidor público no da para tanto, resaltó.

En algún momento, para utilizar la frase de Harold Segura, de Visión Mundial, hemos padecido de una mentalidad neo-gnóstica, señaló Smith. Nos hemos considerado un grupo de iluminados, de portadores de conocimiento privilegiado, de practicantes de santidad y de justicia.

En la práctica, en nuestros comportamientos cotidianos, no hemos logrado diferenciarnos de los demás. A la hora de la hora, la ética de los evangélicos ha sido la misma que la ética de la población en general.

Vivimos en un ambiente permanente de mentira, de avaricia, de corrupción, de violencia. Estos mismos problemas tenían que manifestarse en las comunidades evangélicas. Tanto en nuestras propias instituciones como también en los escenarios públicos en los cuales hemos participado, subrayó.

Teológicamente, como que no hemos entendido que somos todos unos desgraciados, en el sentido literal de la palabra. Y que Dios en su misericordia extiende la posibilidad del perdón a cada uno, cada una. No ejercemos ningún monopolio sobre la gracia divina. No somos ni diferentes, ni especiales, puntualizó. Sí, Jesús puede transformar nuestra mentalidad. Pero muchas veces, nuestra mentalidad sigue siendo exactamente la misma que la de nuestros vecinos.

A estas alturas, no vale echarle la culpa a Satanás. Es a Jesús a quien debemos rendir cuentas. El Dios de Jesús está presente en la historia. El Dios de Jesús implementará sus propósitos con o sin nosotros. Son los principios de su Reino que deben convertirse en las normas cotidianas de nuestras vidas, tanto a nivel personal como a nivel comunitario, enfatizó Smith.

Pero, por la gracia de Dios, hemos sido perdonados. Ha habido vidas transformadas. Muchas son las personas que han sido sanadas, las familias que han superado crisis de violencia y de alcoholismo, las comunidades que han experimentado la reconciliación. Dios ha obrado por medio de las iglesias evangélicas en Guatemala, anotó.

Dios obra y seguirá obrando en nuestra historia por medio de muchas comunidades de fe que no son las nuestras. Dios deja huella aquí y ahora. Se acabó la guerra. Ya soplan los vientos de fiscalización del poder público y del fortalecimiento del estado de derecho. Hay servidores públicos que han servido a la nación con absoluta integridad y honradez. Algunos son evangélicos, la mayoría no, afirmó.

¿Cómo podemos ayudar a hacer realidad el sueño que Dios tiene para Guatemala? Primero, tenemos que reconocer que tenemos poca experiencia en la gestión pública, y en cómo incidir en los procesos del gobierno. No sabemos cómo formular iniciativas políticas viables ni cómo negociar su implementación, indicó.

Luego, tenemos que construir una ética pública desde nuestros púlpitos, nuestras escuelas dominicales y nuestros colegios. Tenemos que fomentar espacios de debate sobre ética, fe y gestión pública. Tenemos que insistir en la fiscalización transparente y permanente del poder en nuestras propias instituciones y también en el estado.

Tenemos que recuperar la memoria del papel jugado por los hermanos cuáqueros en la batalla contra la esclavitud en el siglo 18. Tenemos que recuperar la memoria del papel jugado por los hermanos metodistas en la batalla contra el trabajo infantil en el siglo 19. Tenemos que recuperar la memoria del papel jugado por las iglesias en la batalla contra el apartheid en África del Sur en este siglo, enfatizó.

También debemos recuperar la memoria del papel jugado por nuestras mismas iglesias guatemaltecas en la revolución de Octubre de 1944, y de la participación decisiva de nuestros colegios en la campaña de alfabetización del gobierno de Juan José Arévalo.

También tenemos que integrarnos con humildad, energía y decisión en los espacios existentes de la sociedad civil. No somos los primeros, ni los únicos que anhelamos que el ejercicio del poder político sea para el bien común.

Por ser cristianos evangélicos, debemos participar en aquellos grupos comunitarios que buscan asegurar la seguridad ciudadana, combatiendo la ola de violencia contra mujeres jóvenes en zonas marginales, exigiendo al gobierno investigaciones serias de aparentes casos de limpieza social; especialmente debemos asegurar la seguridad física de los niños de la calle.

Es que el Dios de Jesús, desde siempre, es el Dios que protege a viudas, huérfanos y forasteros. El Dios de Jesús se ocupa de las desprotegidas, de los excluidos. Por ser cristianos evangélicos, debemos participar en grupos defensores de los derechos humanos, debemos defender el pluralismo y la diversidad cultural.

Por ser cristianos evangélicos debemos participar activamente en los grupos que luchan por la transparencia en la gestión pública, combatiendo la corrupción, debemos luchar por la consolidación de un estado de derecho, debemos cumplir con los derechos laborales, debemos pagar nuestros impuestos, debemos fomentar la participación ciudadana.

Todo eso debemos hacer, no por ideologías partidistas, ni para ganar más adeptos para nuestras iglesias. Tampoco lo debemos hacer para afianzar nuestra cuota de poder frente a otras agrupaciones religiosas. Eso lo debemos hacer porque así es la Guatemala con la cual sueña Dios.

Evelio Chona C.

Estimados Señores de ALC.

Me parece muy interesante el planteamiento hecho por Dennis Smith, creo que es muy vigente para todas nuestras naciones latinoamericanas.

Actualmente en Venezuela vivimos una situación muy dificil para el pueblo Cristiano, existe el temor de ser relacionados con las dos tendencias presenciales en el argó politico parcializado (oficialismo y oposición), lo cual ha obligado a pasar totalmente inavertidos, sin ninguna voz, ninguna participación y por supuesto sin ningún logro.

Creo que es hora de que nuestro pueblo se levante con una nueva voz, hablando a los dos sectores, proponiéndose como mediador e intermediario, ya que nuestra nación requiere encontrar puntos de acuerdo.

Quisiera que a través de su intermedio, se haga referencia a nuestro líderes cristianos en Venezuela, que su conciencia sea removida, que dejen el temor de ser llamados "los del otro bando".

Atentamente:

Evelio Chona C.
Caracas, Venezuela.
58 416 6061270