Volver al inicio

Lunes 12 de Enero, 2004

Tecnología e información ¿quién tiene el poder? aborda comunicadora peruana

SAO PAULO, Brasil, Noviembre 7, 2003

No podemos desligar información de comunicación ni priorizar una sobre la otra. Si lo comunicativo tiene que ver más con el proyecto de sociedad que queremos, crear demanda informativa de la población es una tarea inmensa y compleja, sostuvo la comunicadora peruana Rosa María Alfaro.

La dirigente de la Asociación de Comunicadores Sociales Calandria, intervino hoy en el seminario Derechos del Ciudadano en la Sociedad de la  Información, que se desarrolla aquí del seis al nueve del corriente mes, convocado por la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC por sus siglas en ingles).

Para conseguir ese objetivo debemos considerar que comunicación-educación-información son elementos claves a interactuar. De allí la importancia de una pedagogía comunicativa para conseguir la demanda informativa y que por lo tanto el acceso tenga sentido para más poblaciones del mundo, indicó Alfaro, directiva de la influyente Veeduría Ciudadana de los Medios de Comunicación en el Perú..

En las últimas décadas, señaló, se ha tendido a aplicar las lógicas institucionales y de productividad del mundo empresarial al campo de lo social y de lo comunicativo en aras de ganar efectividad e incidencia.  Este traslape no siempre ha rendido frutos en el sentido que motivó su uso.

Si bien se introdujo niveles de modernización, no ocasionó transformaciones de realidades económicas injustas o de problemas comunicativos de sumisión de la palabra al interior de un mundo sometido a confrontaciones, guerras, violencia, discriminación e imposición autoritaria, dijo.

Lo mismo sucede, agregó, con las nuevas tecnologías. Si bien hay un proceso de apropiación colectiva, la exclusión social y la sumisión al poder en la que viven muchos sectores de la población no sólo no se resuelve con su uso sino que recrudece, ahondando las brechas entre los que manejan tecnologías y quienes ni siquiera pretenden aprenderla.

De allí que el acceso a estas nuevas tecnologías, propugnado como meta por la propia UNESCO, se  siga pensando desde ellas mismas. En la próxima Cumbre de la Información se plantea cómo estas tecnologías llegarán a todos, sin preguntar ¿cómo hacemos para que todos puedan acercarse a ellas desde una inclusión social más integral? o ¿De qué forma las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) pueden contribuir al logro de metas de desarrollo más amplias? preguntó.

Evidentemente se está caminando hacia una sociedad de la información compleja y diferenciada, pero con la información no se resuelven conflictos y problemas locales y globales. A la vez, la comunicación e integración social se mantiene estancada. El proyecto de sociedad que supone el énfasis en lo informativo puede ser muy peligroso sino se sustenta en otro de paz, armonía y justicia en el mundo, advirtió Alfaro.

Es evidente, anotó, que Estados Unidos es el país más poderoso en el uso de Internet, en cantidad de computadoras y en capacidad para el procesamiento de cómputo. Se trataría de toda una instrumentalidad altamente sofisticada, pero al servicio de intereses y capacidades específicas, manejadas para adquirir más dominio geopolítico en el mundo, señaló.

En el siglo anterior las tecnologías audiovisuales crecieron y desbordaron las previsiones sobre su crecimiento, y gestaron una sociedad “sobre comunicada”, pero incapaz de generar intereses y diálogos comunes. Desde su rol de espectadores los ciudadanos podían ver el mundo sin pertenecer necesariamente a él. Las necesidades de comunicación no han sido cubiertas por los mass-media.

Por otro lado, se creó una cultura del entretenimiento, frente a los miedos que la calle genera. Una cultura centrada en el placer o la diversión, no como complemento a la información sino contradictoria a la misma. Así la información requería ser más llamativa, reemplazando el uso del análisis, la argumentación y la razón a la lógica del escándalo y la farándula, puntualizó.

Así, dijo, se han venido gestando sociedades de opinión sin información. Tampoco la academia, los expertos y la sociedad civil invirtieron esfuerzos suficientes para despertar la pasión por la información y el conocimiento. El periodismo de investigación cada día se parece más al policial. La gente no requiere de información para opinar y para vivir, no la necesitan.

 La obnubilación por el dato o la imagen noticiosa, procesada tecnológicamente, crea una ilusión informativa, donde el pensamiento teórico ya no tiene lugar. La demanda informativa y por el conocimiento de la gente no es tal. En ese sentido, tanto la información como los medios debieran transformar su voluntad de cambio para poder llegar pedagógicamente a la gente, concluyó Alfaro.