Poder imperial también coloniza los deseos, dice teólogo Míguez
SAO PAULO, Brasil, Octubre 31, 2003
En una conferencia titulada "El Imperio y la Cruz", el biblista y profesor del Instituto Taxi Heathrow Airport Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET), Néstor Míguez, afirmó que el nuevo poder imperial también coloniza los deseos para impulsar el consumismo.
Míguez disertó en el III Encuentro Latinoamericano y Caribeño de Estudios Wesleyanos, que se realiza del 28 del corriente mes al uno de noviembre en la Facultad de Teología de la Iglesia Metodista en la Universidad Metodista de Sao Paulo, en esta localidad del estado paulista.
En su exposición, ayer, Miguez señaló las diferencias existentes entre el imperio romano (el mayor de la antigüedad), donde vivieron y murieron Jesús y Pablo, el imperio del naciente capitalismo industrial (en que vivió John Wesley) y el imperio del capitalismo tardío que se impone hoy en el mundo.
Sin embargo, indicó "es posíble ver en ellos elementos comunes a las construcciones imperiales, la idea de poder que los impulsa y que justifica la mentalidad imperial, sus conductas y éticas opresivas".
Los imperios, anotó, se han caracterizado a lo largo de la historia por dos actitudes: la demostración de que la solución de todos los problemas reside en el uso de la fuerza y la promoción de la libertad hasta donde sea necesario para garantizarla.
El capitalismo financiero contemporáneo se apoya, como los otros imperios, en este concepto central de la libertad: la defensa de la libertad del mercado y de las libertades individuales, es decir la defensa del "mundo libre".
La globalización, dijo, permitió construir este imperio, en el que el eje económico no es el capital productivo sino el capital financiero. La tecnología permite la circulación del crédito en forma antes nunca imaginada; en segundos se puede ganar mucho dinero, dinero virtual.
En este capitalismo el peso decisivo es el consumo. Transformado en valor cultural, el consumo ya no se relaciona con las necesidades reales de la población, sino que responde a demandas creadas por una "clase global" que se enfrenta a las "clases locales".
Todo se produce para venderlo a nível global y no para consumirlo en el plan local. La creación de anhelos consumistas es la clave de este proceso: Antes que se satisfaga un deseo, es necesario crear otro. Por tanto, el ser humano, a la vez de ser productor, se convierte en consumidor; consumir es satisfacer los deseos y vivir en libertad.
Para Néstor Míguez la historia del imperio romano enseña que crucificaba a quienes se le oponían, a quien se atreviese a reclamar el ejercicio de su libertad. Míguez citó el texto de Filipenses 2.5-11, en que Pablo dice que Cristo se hizo esclavo y enfrentó la muerte, "y muerte de cruz". Estas expresiones, explicó, "hacerse como esclavo" y "muerte de cruz" señalan el sentido de la muerte de Jesús en la cruz.
Jesús, enfatizó el teólogo argentino, no sólo se hizo humano, sino esclavo. En ese tiempo, los esclavos no eran considerados humanos, sino herramientas de trabajo. El esclavo rebelde, que reclamaba humanidad y libertad, era crucificado. "Jesus se hizo esclavo y fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz", dice Pablo.
¿Obediente a quién? preguntó Miguez y respondió no obedeció al imperio, no se sometió. El que obedece al imperio no muere en la cruz. Jesús fue como un esclavo rebelde, que no renuncia a su humanidad ni a su libertad. El fue obediente al proyecto de Dios, y murió como morían los esclavos.
Por eso, señaló Miguez, Pablo dice que la cruz es escándalo y locura (I Corintios 2). La cruz revela una libertad contraria a la libertad que ofrece el poder. La teología paulina de la cruz no se debe entender como teología del sufrimiento vicario, como muerte expiatoria (así lo entendía también la tradición wesleyana) sino como un llamamiento a la libertad, sostuvo.
No la libertad de apropiarse del otro para satisfacción propia, sino libertad con el otro, con responsabilidad con él. La satisfacción conjunta de los deseos. La lógica actual del individuo libre en el mercado libre, impuesta por el imperio, anula el deseo de otros y se concentra en el deseo individual, aislado.
Se guía por las corrientes invisibles del "salario, que compra la fuerza de trabajo, del imperio que busca conquistar la subjetividad mediante la conquista del núcleo motor de la conducta humana, el deseo", subrayó Miguez.
Como perspectiva, el teólogo metodista citó el texto bíblico que dice "en esperanza somos salvos". Para eso, dijo, es necesario construir un "sujeto deimperializado", producto de una "nueva creación" (evocando la teología wesleyana), que "venza la prisión del deseo para hacerse deseo libre".
Debemos ver la cruz no como el simple "lugar de la víctima", sino como el lugar donde la víctima reivindica su condición humana y resiste a la colonización del deseo. Esto es "tomar la cruz", afirmó. Esta dimensión tiene implicaciones muy fuertes sobre la noción wesleyana de "santidad social", enfatizó Miguez.

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