Volver al inicio

Viernes 17 de Marzo, 2006

Escena del documental en el que el actor Roberto Díaz representó a José Martí. [Foto: José A. Paz]
Escena del documental en el que el actor Roberto Díaz representó a José Martí. [Foto: José A. Paz]

Con dramático relato, Díaz García ganó concurso La Biblia y Yo

José Aurelio Paz, LA HABANA, Cuba, Octubre 9, 2003

Roberto Díaz García, actor y actualmente miembro de una iglesia evangélica en la capital cubana, Taxi Heathrow Airport fue el triunfador en el concurso "La Biblia y Yo", organizado por la Comisión Bíblica y el Área de Comunicaciones del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC).

Entre casi un centenar de participantes,  la carta de Díaz fue proclamada ganadora por la conmovedora anécdota que cuenta.

Relata Díaz que en el año 1993 abandonó su hogar por no ser ya una persona grata en él. Luego de 30 años de matrimonio y con dos hijos mayores, todo se le vino abajo en tan sólo unos minutos. Perdió su trabajo de actor y se convirtió en un alcohólico.

Fue entonces a una casa abandonada, donde pensó guarecerse. Pero, a los pocos días, comenzaron a demolerla, de modo que se convirtió, prácticamente, en un hombre de la calle. Acudió a casa de supuestos amigos que le dieron la espalda. Con la ropa sucia y raída, la barba y el pelo crecidos, se transformó, de la noche a la mañana, en un despojo humano.

"Así, el uno de octubre de ese mismo año -relata Díaz García-, decidí terminar con mi vida. Caminé sin rumbo y sólo pensaba en la manera de hacerlo.

Recordé entonces un montículo lleno de espinas y piedras filosas sobre el cual yo había filmado la escena de la muerte de José Martí, el Apóstol de Cuba, para un documental de cine en el año 1970; lugar al cual, según decían, nadie más había entrado después.

"Pensé que morir donde vivió el actor un momento cumbre de su carrera al asumir el personaje más importante de la historia de Cuba, sería el lugar ideal y toda una ironía. Me tomaría unas cincuenta pastillas para el insomnio y dejaría una nota exonerando a cualquier supuesto asesino de culpabilidad.

"La idea era perfecta -explica el texto-. Mi cadáver lo encontrarían, posiblemente, cuando ya solo quedara un grupo de huesos esparcidos entre las rocas. Y, a esas alturas, hasta mis hijos, tal vez, se habrían olvidado de mí."

Sigue relatando el autor que, embriagado, además del alcohol por la perfección de su plan, fue a parar a un largo pasillo, sin darse cuenta, y, de pronto,  allí se encontró con un pastor de la Iglesia Evangélica Libre. Había llegado al templo de una de las barriadas más pobres de La Habana.

"La sonrisa de aquel buen hombre y su invitación para que fuera esa noche al estudio bíblico fueron como si los brazos de Jesús me cargaran, afirma. Estuvimos más de una hora hablando. Le conté mi drama y él me enseñó quién podía llevar mi carga y redimirme.

Esa misma tarde tuve una revelación de conciencia cuando él abrió La Biblia y leyó en una de sus páginas: Has cambiado mi lamento en baile, me llenaste todo de alegría.

"El predicador invitado esa noche basó sus palabras en Lucas 9:62: Ninguno que poniendo sus manos en el arado mira hacia atrás, es apto para el Reino de Dios. Y en ese mismo instante me sentí curado. Mi vacía vida comenzó a llenarse, recuperé a mi familia y volví a ser un hombre de bien. Jesús me había rescatado."

El concurso fue convocado con motivo del vigésimo aniversario de la creación de la Comisión Bíblica del Consejo de Iglesias de Cuba. La premiación tendrá lugar el primer domingo de diciembre, en un culto público, cuando los cubanos celebren el Día Mundial de La Biblia.