![Martín Ocaña (izq.) y Harold Segura(der) abordaron tema de la gracia [Foto:CLAI]](/picture/Ocana_af4d6a.jpg)
Teólogos y teólogas hablan de la gracia en América Latina
Manuel Quintero, QUITO, Ecuador, Setiembre 30, 2003
¿Es posible hablar de la gracia en un continente tan lleno de desgracias como América Taxi Heathrow Airport Latina? Esa fue la pregunta que motivó el debate de quince teólogos y teólogas de nueve países del continente y de Canadá que se reunieron los días 26 y 27 de este mes en la capital ecuatoriana.
Esta fue la segunda reunión de la llamada Comisión Teológica Latinoamericana (CTL) -la primera se celebró en Matanzas, Cuba, en octubre del 2002-. La CTL es un esfuerzo conjunto de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL), la Comunidad de Educación Teológica Ecuménica Latinoamericana y Caribeña (CETELA), Visión Mundial (VM), La Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo (ASETT) y el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI).
Juan Stam, biblista de origen estadounidense y nacionalizado en Costa Rica, ofreció una respuesta afirmativa a partir de un riguroso análisis de textos bíblicos.
"La creación es gracia. La gracia de Dios hacia nosotros no comenzó con el nacimiento de Jesús, ni con su muerte en la cruz. Comenzó con la creación del mundo" -señaló Stam.
Esa gracia de Dios tiene un componente estético esencial, porque, añadió, "la belleza también es gracia" y "la creación fue la obra estética de un gran artista".
Pero si esa gracia de Dios abunda y se manifiesta en nuestro continente en una variedad de formas, no hemos hablado de ella "con la debida pertinencia y relevancia para el contexto de desgracias que acompañan a América Latina", señaló el teólogo bautista colombiano Harold Segura.
Segura, responsable de Relaciones Eclesiásticas de Visión Mundial en América Latina, sostuvo que las iglesias evangélicas han predicado una gracia "de cuño individualista y espiritualista que se hace necesario revisar".
Agregó que para predicar la gracia en el continente es necesario, más que modificar las formas del discurso, encuadrarlo en una teología "que haga justicia al mensaje más completo de la Escritura".
En medio de una creciente pobreza y marginalidad social, América Latina se ha convertido en un caldo de cultivo favorable para la proliferación de un discurso teológico que no ofrece la gracia, sino la ley, apuntó el teólogo reformado peruano Martín Ocaña.
Un discurso teológico que, en su opinión, "traiciona a Dios y a su creación", al negar la esencia de la doctrina de la gracia: "que Dios está libremente a favor de los seres humanos para salvarlos y llevarlos a una vida plena".
Tomando como punto de partida la dramática realidad latinoamericana, el teólogo reformado cubano Reinerio Arce se adentró en una discusión filosófica y teológica sobre el mal y el sufrimiento y señaló que, frente a las desgracias de este mundo, las Escrituras muestran "el sufrimiento de Dios".
"Dios sufre junto al ser humano, a su pueblo y a su creación toda. Y en la pasión de Jesús se revela la pasión de Dios. El dolor del Dios amoroso en la cruz de Cristo se le revela a todos los seres humanos que están sufriendo por las desgracias de este mundo, y ese sufrimiento divino se traduce en solidaridad y salvación y, por lo tanto, en esperanza", destacó.
Según Arce, "el que reconoce esta comunidad divina con el sufrimiento humano siente que Dios no está impasible en el cielo, sino que de una manera particular y misteriosa es un Dios humano, que se une al grito de dolor y grita también con y por el sufriente".
Esa gracia de Dios es la que nos recuerda su incondicionalidad, su amor e infinita misericordia", y nos convoca a "restaurar, liberar y no a gloriar el sacrificio y su dolor como si tomar la cruz significara en pasividad sufrir como Cristo sufrió" -señaló por su parte la teóloga pentecostal chilena Elizabeth Salazar.
Salazar dijo que frente a la desesperación y el sentimiento de impotencia "surgen las redes de vida, redes de solidaridad, redes que nos hace actuar y entregar de pura gracia lo que se ha gestado por la gracia de Dios".
Una solidaridad que, en opinión de Stam, "es otra gracia dada por Dios". "El compartir con los necesitados es una gracia que el Espíritu otorga dentro del cuerpo de Cristo. La gracia de Dios se revela en la generosidad cristiana con los pobres. El amor a los pobres es gracia en acción y donde no está presente el amor eficaz hacia los necesitados, no está presente la gracia de Dios", afirmó.
La tarea de predicar la gracia tendrá que superar, como señaló Segura, una visión antropológica reduccionista que concibe al ser humano, casi de manera exclusiva, como un ser culpable y sucio a la vista de Dios, porque en esa visión está ausente "la multidimensionalidad del ser humano y la forma cómo la gracia de Dios opera en todas las esferas de su existencia real".
Necesitará, además, de una espiritualidad que es "vida para la vida y fe puesta en práctica en todos los espacios de la cotidianidad. en la cual la gracia recibida y experimentada se aplica y se proyecta hacia las desgracias que rondan nuestro diario vivir".

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