![Bernardo Campos, teólogo pentecostal peruano. [Foto ALC]](/picture/Campos_Bernardo_31502f.jpg)
¿Motivaciones económicas en las conversiones?
Bernardo Campos, LIMA, Perú, Setiembre 9, 2003
¿Por qué grupos de personas de igual condición social, eligen indistintamente unos el pentecostalismo y Taxi Heathrow Airport otros el umbanda? ¿Cuáles podrían ser los factores de índole personal o social que permitan explicar las afiliaciones religiosas, si son posibles de explicar?.
Peter Henry Fry y Gary Nigel Howe, antropólogos que laboran en Brasil, en una publicación titulada "Duas Respostas á Aflicao: Umbanda e Pentecostalismo", (Revista Debate & Critica. Nro. 6 (Julho 1975): 75-94) intentan responder esa pregunta desde las ciencias sociales.
Piensan ellos que el hecho de hacerse miembro de un grupo, cualquiera que sea, "envuelve ciertas pérdidas en términos de otras oportunidades, pero también ofrece ciertos beneficios en la forma de relación, de intercambio social con otros miembros".
Esto significaría, en buen romance, que habría una dialéctica progresiva entre lo que es percibido como agradable a Dios y a los espíritus, y lo que es sentido como siendo inmediatamente ventajoso para el hombre. En cada uno de los casos, el pentecostalismo o el umbanda, por igual, representan para los adeptos aspectos socio-económicos que determinan en general una u otra afiliación religiosa.
Motivaciones de índole económica (tomando lo económico en un sentido amplio), serían las que permitirían una mejor racionalidad a la hora de explicar el crecimiento de estos grupos religiosos.
"Preferimos ver, dicen los autores, la afiliación de personas a asociaciones religiosas, como una estrategia social que algunas personas adoptan por razones específicas que aún tienen que ser reveladas. Nuestro argumento es que la urbanización y la industrialización afectan el modo por el cual cualquier individuo, sea migrante o no, se relaciona con la sociedad y viceversa".
Además, es posible observar sociológicamente que el pentecostalismo se aproxima más al tipo ideal "racional burocrático" en tanto que el umbanda se aproxima al tipo ideal "Carismático" y estos serían los condicionantes fundamentales que orientarían, llegado el momento, las preferencias religiosas.
Por la misma razón, las iglesias pentecostales podrían ser más atrayentes, en términos ideacionales, para aquellos que tuvieran previamente alguna experiencia de relaciones sociales "burocráticas", impersonales, y que hallaran tal modo de ordenar la vida social satisfactoria y conveniente.
En tanto que el umbanda, podría ser más atrayente para aquellos cuya vida diaria está estructurada en base a la manipulación constante de personas estratégicas y que tienen poca experiencia del modo "burocrático" de ordenar relaciones sociales o que hallan tal sistema inconveniente.
Así, desde el punto de vista sociológico, deberíamos preguntar a ambas congregaciones de qué beneficios son dotados sus miembros, cuál es el costo de disfrutar esos “beneficios” y, finalmente, qué especie de persona podría sentirse atraída para este particular contrato social.
Una respuesta apropiada a la cuestión planteada por Fry y Howe, descansaría indudablemente en una reconceptualización teológica del concepto "economía" en términos de oferta y demanda y en una diferenciación antropológica de los adeptos a tal o cual religión, una vez que estos han adherido una determinada confesión.
De otro lado, es una invitación a verificar la hipótesis de hasta qué punto las actuales relaciones del mercado mundial y la globalización económica influyen sobre los individuos y las religiones para verificar si la hipótesis de Fry y Howe es verdadera y si siempre son las motivaciones económicas (en su sentido amplio) las que producen conversiones o adherencias al pentecostalismo como al umbanda.
No se trata aquí de discutir los condicionamientos de orden espiritual, sino de verificar por qué la recompensa de una vida eterna en el cielo o el temor al fuego del infierno, por ejemplo, podría influir o no en las conversiones de unos y los rechazos de otros.
Mucho más maduro es preguntar por qué ahora la recompensa de salud, prosperidad, alivio del sufrimiento, todos ellos bienes materiales, son al parecer recompensas satisfactorias y qué poder tienen para colocar en un segundo plano las preocupaciones otrora de primer orden como el tema de la “segunda venida de Cristo”, la “santidad de vida”, la “glossolalia” o hablar en lenguas.
Todo hace suponer que las duras condiciones provocadas por la economía mundial en detrimento de los más pobres del Perú como el Brasil y otras partes del hemisferio, estarían llevando lamentablemente a una materialidad de la salvación o, por decir lo menos, a condicionar las conversiones a motivaciones materialistas y no a motivaciones estrictamente espirituales.
------------
Bernardo Campos, teólogo pentecostal peruano

Portada
Inicio
Responda a este artículo