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Jueves 14 de Noviembre, 2002

Carta Pastoral de Arica - Consejo de Iglesias Evangélicas Metodistas de América Latina y el Caribe

ARICA, Chile, Mayo 23, 2002

CARTA PASTORAL DE ARICA

"Y en la casa del Señor moraré por largos días".

Del Salmo 23

Durante los días 22 y 23 de mayo de 2002 nos hemos reunido en Arica, Chile, los obispos y representantes de las Iglesias metodistas de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, más el presidente del metodismo latinoamericano y caribeño, para analizar el preocupante tema de las migraciones que ocurren en los países mencionados, incluido el Perú, que no envió a su representante.

Las cifras de inmigrantes en nuestros países nos muestran una dolorosa realidad que afecta a miles de personas y que contribuye a la desintegración personal y familiar, cultural y comunitaria, puesto que el padre, la madre o algún miembro de la familia deben trasladarse de región o de país en busca del trabajo deseado o del salario acorde con sus demandas económicas.

De los 468 millones de habitantes en América Latina y el Caribe, el 68% de la población es pobre y el 53% vive en extrema pobreza. Y en las crisis y desequilibrios permanentes de nuestros países, cientos de miles de chilenos, bolivianos, peruanos y ecuatorianos, por nombrar sólo algunos, suman millones de hombres y mujeres, niños y adultos, que viven fuera de su tierra y su cultura, desarraigados de su hábitat y de sus historias.

Lo que se inició con el exilio de tantos hermanos y hermanas en América Latina a causa de los gobiernos dictatoriales, ha persistido durante la reapertura de nuestras democracias, cuyas economías impiden el reconocimiento de sus trabajadores con justas remuneraciones, expulsan a cientos de miles de familias compatriotas y fomentan la superexplotación de los que llegan, creando falsos antagonismos entre los pobres que no se han ido y los pobres que han llegado.

Notamos un acentuado deterioro del tejido social, mientras los efectos excluyentes del neoliberalismo, de la globalización y de la corrupción van aumentando el abismo que separa a ricos y pobres.

Las exageradas cifras de desempleados están mostrando actitudes descalificadoras hacia quienes buscan trabajo lejos de su país natal y corren peligro de exportarse a todos los continentes.

Por lo tanto, llamamos a nuestros gobiernos:

· A gestionar con las grandes potencias la supresión de la deuda externa, ilegítima y ya varias veces pagada, moderna forma de explotación y portadora de miseria y desempleo;

· A propender a la creación de fuentes de trabajo que requieran mano de obra en aumento, ofreciendo remuneraciones adecuadas, que eviten la búsqueda ansiosa de trabajo en otros países;

· Y a establecer legislaciones y medidas específicas en favor de los migrantes, siendo consecuentes con los tratados firmados a nivel internacional

Desafiamos a los medios de comunicación masiva a fomentar el respeto hacia el extranjero, la viuda y el huérfano, como nos exhortan las Sagradas Escrituras, valorando el derecho humano fundamental de tener trabajo y buscar mejores condiciones de vida.

Exhortamos a nuestros pueblos y a nuestras iglesias:

· A unir esfuerzos con ONGs e instituciones afines, en oración y acción, para crear conciencia solidaria hacia quienes llegan a nuestras tierras, recordando que somos un pueblo peregrino que camina en busca de nuevos cielos y nueva tierra, en pos de Jesucristo, abriendo senderos de mejores relaciones humanas en pro de una sociedad más justa, más solidaria y fraterna.

· A manenerse atentos y con corazones dispuestos para brindar acompañamiento a los migrantes que precisan expresiones solidarias, como el sentir del salmista que camina por valles de sombra de muerte, pero espera morar en la casa del Señor, radicándose por fin, por largos días.

Es Jesús quien nos recuerda:

…Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis… (Evangelio de Mateo, 25.35).
…El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. (Evangelio de Lucas, 4.16-19).

Obispo Isaías Gutiérrez, Presidente del Consejo de Iglesias Evangélicas Metodistas de  América Latina y el Caribe, y Pdte. de la Iglesia Metodista en Colombia.

Obispo Pedro Grandón, de la Iglesia Metodista de Chile.

Obispo Carlos Intipampa, de la Iglesia Evangélica Metodista en Bolivia.

Rev. Salomón Cabezas, Presidente de la Iglesia Evangélica Unida del Ecuador.

Rev. Guido Bello, representante episcopal de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina.

Rev. Miriam Kaba, Superintendente de la Región Norte, Iglesia Metodista de Chile.

Rev. Rafael Jeneral, pastor de la Iglesia Metodista de Chile en  Arica.

Sr. Juan Salazar, Presidente del Ministerio Social Metodista en Chile

Arica, Chile, 23 de mayo de 2002.