![Obispo Federico Pagura envía carta a Bush [Foto: FOS]](/picture/foto93.jpg)
Un apasionado por la familia humana
Entrevista: Edelberto Behs, GINEBRA, Suiza, Setiembre 2, 2003
El obispo metodista emérito Federico José Natalio Pagura, 80 años, fue una de las 22 Taxi Heathrow Airport personalidades que recibió la distinción de "Mayores Notables" de Argentina, el 22 de agosto en el Congreso, en Buenos Aires. La diputada Alicia Gutiérrez, que propuso al Parlamento el homenaje a Pagura lo definió como un "pacifista, defensor de los derechos humanos y ecumenista".
En su larga trayectoria, Pagura fue uno de los fundadores y presidente del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) y presidió el colegio de obispos metodistas de América Latina y del Caribe. Es co-presidente del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH), integró el Comité Argentino contra el Apartheid y el Comité de Solidaridad con Nicaragua.
Pagura dedicó el premio a los ancianos de su país, para que continúen luchando por una jubilación digna y justa, y a su familia, especialmente a su esposa, Rita Alegría, y a sus tres hijos, que "tuvieron paciencia conmigo" en esas luchas.
Co-presidente del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), Pagura participa en la reunión del Comité Central del organismo ecuménico, reunido en Ginebra de 26 de agosto al 2 de setiembre. Gentilmente concedió una entrevista a ALC.
ALC: ¿Qué representó para usted el premio del Congreso argentino?
Pagura: Fue una sorpresa, algo inesperado. Representa un reconocimiento y estímulo para personas mayores de 70 años, como yo, para que prosigan, dentro de sus posibilidades, sirviendo al país en distintos campos. En una sociedad que marginaliza a sus ancianos, dedico esa medalla a mis compañeros ancianos que son trabajadores anónimos, para que continúen luchando por una vejez más tranquila, serena y plena.
También dediqué esa medalla a mi esposa e hijos (dos varores y una mujer), que tuvieron paciencia con mi lucha, trabajo y compromiso en la defensa de los derechos humanos, así como en los trabajos en favor de la paz y de la causa ecuménica.
La mayor sorpresa, y muy grata, también lo dije en mi disertación, es que me encontré con un sacerdote católico, padre Jorge Contreras (que también fue distinguido). Nosotros trabajamos juntos, en los años 70, recibiendo refugiados chilenos en la ciudad de Mendoza. Nos unió la causa ecuménica, la de los derechos humanos y de los refugiados.
ALC: ¿Desde cuándo usted está involucrado en la tarea ecuménica?
Pagura: Me identifico con la causa ecuménica desde el tiempo de estudiante de Teología; una causa que se acentuó cuando viajé, en 1948, a los Estados Unidos, donde, a través de una beca, estudié en el Union Theological Seminary, de Nueva York. Yo venía de la Facultad Evangélica de Teología, de Buenos Aires, constituida por valdenses, discípulos de Cristo y metodistas.
ALC: ¿Cómo evalúa el movimiento ecuménico en todos estos años?
Pagura: El movimiento ecuménico demostró ser la respuesta fiel al imperativo evangélico de "que todos sean uno para que el mundo crea". Con sus limitaciones y debilidades, pero también con sus decisiones audaces y peligrosas, de manera admirable en todo el continente latinoamericano y en el Caribe.
Unas veces a través de las iglesias y sus estructuras, otras veces mediante organizaciones paraeclesiásticas, y otras a través de personalidades proféticas que nos abrieron el camino y que pagaron el precio de su obediencia.
ALC: ¿Podría mencionar algunas de esas personas?
Pagura: Sí, es el caso del Dr. Juan Mackay, un misionero presbiteriano escocés, pionero de la causa ecuménica; también el caso de dom Hélder Cámara, obispo brasileño.
ALC: ¿Usted tuvo contactos con dom Hélder?
Pagura: Sí, fui muy amigo de él. Trabajamos juntos en el Movimiento de Reconciliación y Paz, que se transformó después en el hoy conocido Servicio Paz y Justiça (Serpaj).
ALC: ¿Cuál fue su escuela de ecumenismo?
Pagura: Mi propia familia fue una escuela de ecumenismo. En mi familia hay una línea evangélica, por el lado paterno. Me casé con una mujer cuya madre era de la Iglesia Valdense, y por parte de su padre, que era un vasco, tuvo una fuerte tradición católico-romana.
Se suma, por el lado de mi madre, una línea indígena, del pueblo toba, que llegué a descubrir hace pocos años, porque en las familias argentinas de clase media ese era un tema casi prohibido.
ALC: ¿Es más fácil ser ecuménico hoy, a pesar del supermercado religioso instalado, que en el pasado?
Pagura: Creo que es más fácil, ya que hay causas y proyectos ecuménicos en marcha. Fui uno de los fundadores del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), también del Serpaj.
Pero también es más complicado hoy, porque el movimiento ecuménico amplió y extendió sus fronteras. En la agenda ecuménica de la actualidad entran no solamente las confesiones cristianas, sino también la familia abrahámica, con el judaísmo y el islamismo. También con lo que dom Pedro Casaldáliga llama macro-ecumenismo, las religiones de los pueblos originarios de América y las grandes religiones universales, las orientales y de modo especial las afro-americanas.
ALC: ¿Cómo se relaciona ese ecumenismo con las iglesias?
Pagura: Obliga al ecumenismo institucionalizado a abrirse, honesta y humildemente, al encuentro y diálogo con las otras expresiones religiosas, algunas de la antigüedad, otras más recientes.
ALC: ¿Con quién es más fácil y con quién es más difícil trabajar en el movimiento ecuménico?
Pagura: Frente al imperio que los Estados Unidos representa en nuestro tiempo, los ciudadanos de nuestro continente se ven forzados a abandonar una actitud pasiva y a enfrentar un sistema capitalista neoliberal, neocolonialista, o asimilar y someterse a sus "valores", y formas de vida y cultura.
Eso nos está dividiendo dentro de las diferentes iglesias y organizaciones ecuménicas. Una de sus expresiones fue el surgimiento en América Latina de la Teología de la Liberación. La vieja teoría de la dependencia, que algunos pensaban que estaba muerta, ante la nueva realidad que nos oprime y mata, vuelve a ganar fuerza hoy y nos permite, a cristianos de diferentes confesiones -católicos, ortodoxos, anglicanos, evangélicos y protestantes- a aproximarnos en la lucha por una genuina liberación.
ALC: ¿Hay iglesias que apoyan, nítidamente, ese sistema opresor?
Pagura: En los Estados Unidos, por ejemplo, hay iglesias y dirigentes que estimulan y apoyan la política actual de un gobierno que invade, miente, y que aún debilita y casi destruye el sistema internacional, como las Naciones Unidas, que con tanto esfuerzo se consiguió crear para evitar la amargura y el caos en la vida de la familia humana.
Así como también hay, en los Estados Unidos, minorías fuertes que resisten y que, esperamos sinceramente, consigan el fin de lo que un economista en Argentina denominó "el gigante de pies de barro".
ALC: ¿Cómo ve usted el crecimiento del movimiento pentecostal en América Latina?
Pagura: El enorme crecimiento del movimiento pentecostal en América Latina tiene que ser considerado, porque ilustra lo que un gran obispo anglicano de Inglaterra, Stephen Neill, observó en el libro intitulado "La familia de Dios". Para él, las iglesias de la Palabra, de los Sacramentos, y las iglesias del Espíritu constituyen, en su totalidad, la riqueza original de la Iglesia, y en su separación, versiones empobrecidas.
El movimiento ecuménico se empobrecería, hoy, si las iglesias llamadas históricas o ecuménicas se empeñasen en desconocer sus propias raíces históricas y sus riquezas culturales y tradicionales, para buscar, por amor al éxito numérico, la imitación de los modernos movimientos pentecostales y neopentecostales.
ALC: ¿Con quién es posible conversar entre las iglesias del Espíritu, algunas de ellas defensoras, por ejemplo, de la teología de la prosperidad?
Pagura: En la experiencia del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) procuramos mantenernos abiertos al diálogo con los sectores ultraconservadores y fundamentalistas, que se negaron a ese encuentro. En nuestra propia membresía tenemos iglesias pentecostales que trabajan intensamente en el seno de nuestra organización; otras que se mantienen totalmente opuestas, y otras que están comenzando a aceptar el mutuo conocimiento y el diálogo.
En cuanto a las teologías espurias, como la de la prosperidad, creo que el movimiento ecuménico debe ser claro y explícito en su rechazo, porque es la mejor y la más honesta manera de ayudar a esos movimientos a depurarse de ideas y factores que son extraños a lo esencial del mensaje cristiano.
ALC: ¿Cómo ve la propuesta del secretario general Konrad Raiser de una nueva "arquitectura" para el movimiento ecuménico?
Pagura: Ella es muy necesaria. Pero por ser un asunto tan delicado va tomar tiempo y su éxito dependerá de la honestidad con que se desenvolverá esa búsqueda y la participación que las iglesias, desde la base, tuvieren en esa nueva configuración del CMI.
ALC: ¿Y qué opina de la propuesta del moderador del CMI, Su Santidad Aram I, en relación al diálogo inter-religioso en sociedades pluriculturales?
Pagura: Creo que también esa es una frontera que el movimiento ecuménico tiene que considerar seriamente porque no es un asunto fácil y habrá muchos obstáculos en el camino, lo que va exigir de nosotros una profunda y genuina humildad para reconocer los errores del pasado y los desafíos del futuro. Asimismo, un profundo amor a toda la familia humana y a la Creación, que nos fue confiada para que cuidásemos de ella y que corre el serio riesgo de destrucción.
Tuvimos muchas personalidades proféticas en nuestro medio. Una de ellas fue el cardenal Pironio, de la Argentina, que escribió: "Si quisiéramos la transformación de este mundo, deberíamos colocar a los cristianos, la cristandad, en estado de conversión". La otra palabra viene del teólogo brasileño Leonardo Boff, cuando nos recuerda que más que empeñarnos y concentrarnos en la defensa de la institución eclesiástica debemos preocuparnos, apasionadamente, en la defensa de la Creación que Dios colocó bajo nuestro cuidado pastoral.
ALC: ¿Cuáles son los errores del pasado al que se refiere?
Pagura: La justificación de guerras, la intolerancia religiosa, la soberbia religiosa hasta llegar al punto de la Inquisición y de las cruzadas, que, por lo visto, aún no desaparecieron totalmente. También podemos citar las discriminaciones raciales, la de género; la identificación con órdenes políticas o económicas que no estuvieron genuinamente al servicio de las personas, sino a sectores fanáticos o privilegiados.
ALC: Obispo, ¿hace cuánto tiempo le acompaña su boína en el movimiento ecuménico?
Pagura: (Risas) Ella me acompaña, creo, desde los tiempos de estudiante y, seguramente, desde el tiempo de mi episcopado en Costa Rica, lo que nos remonta a los años 1968, 1969. Ella siempre me sirvió -perdí muchas en el camino- como una buena protección del sol, de la lluvia.
Recientemente, en el encuentro de teología en São Paulo, el cardenal dom Paulo Evaristo Arns me la quitó y se la puso. Pensé, allí se va una boína más. Pero él me la devolvió en seguida; así que tengo ahora una boína bendecida. Quitarla de mi cabeza y ponérsela fue un gesto de amistad muy bonito del cardenal, mi amigo de muchos años. En verdad, la boína sustituye un poco los cabellos que la naturaleza ya no me da.

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