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Lunes 12 de Noviembre, 2007

De Juan de Valdés a la “evan–jerga” (y 2)

Manuel López, MADRID, España, Agosto 25, 2003

Hay creyentes, ay, que borraron de sus vocabularios la palabra “ojalá” creyendo que es un Taxi Heathrow Airport término “esotérico” cuando en realidad es… ¡religioso!: “law sá llá”, esto es, “Si Dios quiere” en el árabe hispano, la frase-tipo de encomendación a Alá, ¡el mismo Supremo Hacedor, el Dios de Abraham a quien los hebreos llaman Jehová y nosotros los cristianos llamamos Dios!

En este tiempo en que vivimos, ¡gracias a Alá/Jehová/Dios!, en una sociedad secularizada -la que vemos reflejada, sin ir más lejos, en el pasaje del Juicio de las Naciones en Mateo 25-, resulta altamente preocupante la proliferación de cierta terminología evangélica que un servidor llama “evan-jerga”.

“Evangelismo”, por ejemplo, es un término que no viene en el Diccionario. Procede decir evangelización. Como tampoco vienen “palabros” que se están colando en la terminología eclesiástica neoprotestante o “evangelical”, como “inspiracional” (inspirador/a, inspirativo/a), “llamado” (llamamiento), “femenil” (femenino/a o, mejor aún, “de mujer/es”), “asociacional” (asociativo/a), “consejería”, (dirección espiritual)…

Por no hablar de ”palabros” que se dan de patadas no ya contra el Diccionario, sino contra el buen gusto, como es el caso de ”iglecrecimiento”, apresurada traducción al “spanglish” del inglés ”church growth”, crecimiento de la iglesia. Por esa regla de tres, bien podríamos ir introduciendo “palabros” más a tono y de más clara raíz hispana, como, por ejemplo “telenisu” (por “televangelista al que ni su padre le aguanta el rollo”).

De la construcción paciente y ordenada del idioma, la “agricultura” de las palabras, hemos pasado a la “caza”, la incorporación irreflexiva y violenta de “palabros” mal traducidos del inglés.  Gran parte de la culpa del atropello del idioma corresponde a la cicatería presupuestaria de las prepotentes maquinarias empresariales de telepredicadores de grande fama y renombre, en las que mandan los profesionales de la mercadotecnia pura y dura, aplicada a la venta de religión, esto es, los modernos “cazadores” cuyo principal empeño a la vista está que no es rodearse de “agricultores”, esto es, buenos profesionales de la comunicación, sino todo lo contrario: ignorarlos y mantenerlos lo más lejos posible.

-“Les voy a 'compartir' un mensaje...”

-“Pásate por casa, tomamos un café y 'compartimos'…”

Mentira.

En el primer supuesto, el orador no se propone 'compartir' nada, sino 'impartir' su discurso... “Largar” su “rollo” que se dice en el lenguaje común en España, vaya.

En el segundo, el café ya es el objeto del 'compartir' (“repartir, dividir, distribuir las cosas en partes / participar en alguna cosa”). Lo otro es 'departir'...

Del orden gramatical del protestante Juan de Valdés, ya ven, se está retrocediendo a pasos agigantados a una “evan-jerga” cada vez más empobrecedora. Un servidor es de los que no se cansan de predicar en el desierto en la denuncia de los continuos atropellos que, sin duda con las mejores intenciones y además pretendiendo hacerlo “en nombre de Dios”, se están infligiendo al bendito (“bien dicho”) idioma de Cervantes desde el campo “evangelical”.

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Manuel López es periodista, editor y profesor de Ciencias de la Comunicación. Miembro de la Iglesia Bautista de Madrid.