![Pastor Darío López, presidente do Concílio Evangélico [Foto: CEPS]](/picture/DarioLopez.jpg)
La reconciliación sólo será auténtica si se basa en la verdad, dice el CONEP
Hugo Lévano, LIMA, Perú, Agosto 25, 2003
En una Carta Pastoral titulada "Anunciamos la verdad, proclamamos la justicia e invocamos al Perdón", Taxi Heathrow Airport la Comisión de Paz y Reconciliación del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP) señala que la presentación del informe final de la Comisión de la Verdad y la Reconcilación (CVR) coloca a los peruanos en un momento crucial de la historia.
La CVR fue creada por el gobierno para investigar las violaciones de los derechos humanos durante la lucha antisubversiva, entre 1980 y el 2000, y el jueves próximo, en una ceremonia especial en el Palacio de Gobierno entregará al presidente Alejandro Toledo su informe final y recomendaciones, tras dos años de labor.
"No podemos dejar de reconocer que hay una dimensión espiritual del momento histórico que vivimos: un evidente conflicto entre elegir la verdad o elegir la mentira; escoger el bien o el mal. Los cristianos debemos optar siempre por todo lo justo, todo lo honesto, por todo lo que es verdadero, todo lo que es de buen nombre", sostiene la Comisión del CONEP, aludiendo a cuestionamientos de diversos sectores al trabajo de la CVR.
"Consideramos que el informe de la CVR será un instrumento importante para que todos nos encontremos con la verdad y emprendamos la inmensa tarea de la reconciliación nacional", agrega.
"Estamos convencidos de que la reconciliación que con urgencia necesita el país será auténtica sólo si descansa en la verdad y la justicia. La verdad no puede ser dejada para mañana. El dolor de las víctimas nos exige descubrirla hoy", subraya.
"Los cristianos no debemos permitir la impunidad ni el olvido hacia aquellos que fueron víctimas de la violencia, porque es una exigencia que emana del carácter propio de Dios", afirma la Comisión.
"No debemos olvidar que una reconciliación genuina pasa por un arrepentimiento de los culpables, de pedido público de perdón, de sometimiento a las leyes y de promover acciones de restitución a las víctimas. Justicia no es venganza, ni perdonar significa dejar de lado la justicia", dice la Pastoral.
"La reconciliación nacional se basa principalmente en que se reconozca el dolor, el sufrimiento, la restitución de derechos de los peruanos que sufrieron la pérdida o desaparición de sus familiares, de los miles de desplazados, de los inocentes que están todavía en la prisión y de cientos de huérfanos por causa de la violencia", sostiene el documento.
"La reconciliación que anhelamos no puede ser concebida de una manera gratuita, fácil y sin esfuerzo alguno. No ha comenzado ni acaba con la Comisión de la Verdad. Es tarea de todos los peruanos, de todos los sectores políticos, de la sociedad civil, de las iglesias. Y es una tarea de largo aliento", sostiene.
Los evangélicos, afirma el documento, "reafirmamos nuestro compromiso de seguir acompañando a las víctimas de la violencia y el terror, desarrollando una pastoral de la consolación que contribuya a la restauración de los afectados, apoyando los procesos de reparación civil. Dios está siempre del lado de las víctimas".
"Invocamos a la sociedad a mantener su actitud vigilante frente a responsables de administrar justicia en el país" enfatiza.
"La comunidad evangélica sufrió en carne propia la violencia. Iglesias pobres de la serranía y la selva, principalmente, vivieron en inseguridad permanente por años. El CONEP y otros grupos evangélicos realizaron labores de misericordia con las víctimas, defendimos los derechos de ellos y buscamos ser una voz profética, de denuncia de las injusticias", recuerda el pronunciamiento.
"Pero debemos decir con claridad: sentimos vergüenza porque no pocas veces callamos nuestra voz cuando debimos gritar, nos quedamos impasibles frente a no pocas injusticias, nos cansamos pronto frente a la enormidad de la tarea de ayuda a los huérfanos, los torturados, las viudas, los desplazados, los presos, los heridos y mutilados, en fin, los afectados por el terror", advierte
Las respuestas que dimos los evangélicos fueron distintas, señala la Comisión de Paz y Reconciliación. Algunos pastores y laicos decidieron quedarse en las comunidades rurales dando palabra de consuelo a los sufrientes; otros, sin vivir en estos lugares, decidieron llorar con los que lloran; algunos simplemente pasamos de largo, sin ver al caído, prefiriendo la comodidad de nuestros templos.
"Por eso pedimos perdón a Dios, y pedimos perdón a las víctimas", concluye la Pastoral.
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