![Dominó: juego popular en CUba [Foto: José A. Paz]](/picture/Cuba-Domino_b9ce63.jpg)
Juego de dominó no es contrario a la fe, dicen pastores
José Aurelio Paz, LA HABANA, Cuba, Agosto 8, 2003
La gran popularidad que tiene en Cuba el dominó dio lugar a una encuesta entre Taxi Heathrow Airport los evangélicos, en la que la gran mayoría de los cien pastores y laicos de 10 denominaciones opinó que ese juego de mesa no resulta dañino a la fe, “siempre que no se acompañe de apuestas”.
Un 91 por ciento de las personas que recibió el cuestionario dijo que el dominó es un juego instructivo, ameno y que puede utilizarse en actividades de jóvenes y sociales organizadas por las iglesias, y en campamentos de verano. Los líderes anotaron que en el caso de los niños les ayuda a afianzar los conocimientos de matemáticas.
Un cinco por ciento se abstuvo de opinar y solamente el 4 por ciento consideró que el dominó es “pecaminoso, como todo juego, en tanto puede exacerbar las ambiciones humanas y desviar a los cristianos del tiempo que deben dedicar a la lectura y el estudio de La Biblia.”
La fiebre del dominó comenzó en la isla cuando desapareció el campo socialista. La falta de petróleo provocó frecuentes apagones. Los amigos de barrio, para paliar el aburrimiento, ponían una mesa y cuatro sillas al pie del farol de la esquina y, bajo su luz, entablaban interminables partidas de dominó hasta bien entrada la madrugada.
La tradición se ha mantenido desde entonces y ya es escena común, lo mismo en cualquier barriada habanera que en el interior del país.
El ingenio y el humor del cubano están presentes en cada partida. De ahí que las fichas son colocadas con sobrenombres como “la púa” si se trata del uno; “tríquiti” para poner el tres; “Sin comer no se puede vivir” para el cinco; “Octavio Cortázar”, para el ocho; o “Novena Sinfonía”, cuando se tira el nueve.
Se dice que los primeros restos arqueológicos relacionados con el actual dominó proceden de Caldea y tienen más de 4,000 años; aunque el actual juego parece tener su origen en la China, alrededor del año 1.120 después de Cristo, como un descendiente de los dados de seis caras.
Compuesto por 28 fichas rectangulares, cada una posee dos cuadrados donde se encuentra un determinado número de puntos marcados, que van desde el cero hasta el seis y que, cuando se repite igual cantidad en una misma ficha se les llama dobles.
En la versión china del juego existen dos categorías de fichas; las que tienen duplicados se les llama Fichas de Civiles y aquellas que son únicas se denominan Fichas del Ejército.
El juego apareció en Europa en el siglo XVIII, primeramente en Italia, tal vez en las cortes de Venecia y Nápoles. Las fichas originales se hicieron pegando y sujetando dos láminas de ébano a ambos lados de un pedazo rectangular de hueso. Esto impedía hacer trampa y mirar el valor de los puntitos por atrás de la ficha, con ciertas luces.
También servía para producir un agradable contraste entre los puntitos blancos y el fondo negro, permitiendo que se vea el hueso a través de agujeros en el ébano. Un alfiler en medio de la ficha se conoce como "ojiva". Aunque las fichas no se hicieron de esta manera por siglos, la tradición ha mantenido la ojiva, que aún se encuentra en los conjuntos modernos. Muchos jugadores opinan que hace que las fichas sean más fáciles de barajar y protege sus caras.
Entre las opiniones recibidas en la encuesta, un pastor bautista refirió que en su familia tienen al abuelo Policarpo, “que con 103 años casi cumplidos, le da pollona a los jóvenes y, gracias al dominó, siempre está rodeado de amigos”. Mientras un clérigo episcopal lo definió de “elemento socializador y colectivista de la fraternidad cristiana”.
Ante el estigma de que las mujeres son pésimas en el juego, una doctora lo calificó de anti-estresante y de aglutinador, porque permite reunir a la familia alrededor de una mesa; y puntualizó jocosamente: “Yo soy tremenda jugadora y me encanta meter forros, ¡ja!”. Otro pastor bautista admitía: “No soy bueno jugándolo, aunque mi papá era conocido, en el central azucarero donde nos criamos, como Manuel Dominó”.
Por su parte, un pentecostal sugirió que “debiera cultivarse con más fuerza en las actividades de las iglesias, porque no es un juego en solitario”.
El afamado teólogo cubano Sergio Arce Martínez, respondíó: “lo pecaminoso es jugar a la bolita o a la charada, u otros tipos en que la suerte y no el trabajo creador es lo que produce dinero. Los cristianos deberían jugarlo más frecuentemente, porque cultiva el hábito del compañerismo y la amistad entre los jugadores. El día que no puedo echar una partidita me siento muy mal”, afirmó.

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