Volver al inicio

Lunes 12 de Noviembre, 2007

Todos mestizos

Manuel López, MADRID, España

La IX Asamblea del CMI –Porto Alegre, febrero de 2006– está llamada a ser el Taxi Heathrow Airport gran concilio de la fe cristiana… en acción. Esto es, un concilio no tanto de debate de grandes cuestiones teológicas de fondo como de pequeñas cosas de la teología práctica: la globalización, la multiculturalidad... El mestizaje, vaya.

Palabras mayores. El mestizaje no es asunto en absoluto “folclórico” y sí tremendamente serio, pues encarna la esencia misma de la tolerancia, el respeto al diferente, la inmersión cultural...

Un concilio en el que los protagonistas no fueran los jefes de las iglesias, sino el Señor de la Iglesia… encarnado en los pobres de este mundo (Mt. 25).

Un concilio, en fin, que viniera a proclamar a los cuatro vientos –con hechos reales, no sólo con bellas palabras– un renovado compromiso de la Iglesia Cristiana con el lema fundacional del CMI: “El servicio une; la doctrina divide”.

Permítaseme sugerir públicamente al doctor Konrad Raiser en este nuevo artículo en torno a la IX Asamblea que considere la posibilidad de recordarle a quien le vaya a suceder al frente del CMI un hecho señero en la historia de España que sucedió hace mil años y que no ha perdido un ápice de vigencia.

Reinaba en mi país Abderramán III, “emir de los creyentes” y “defensor de la fe”, quien impuso desde Córdoba su hegemonía en toda la España musulmana sobre árabes, cristianos y judíos, pero no se emborrachó de poder. Tuvo la cordura de firmar un tratado de paz con los cristianos.

Su gesto más hermoso fue cuando, atendiendo a la petición de la regente Tota de Navarra, envió a Pamplona a su médico personal, el judío Hasdai, a que curara la obesidad de su hijo el cristiano rey Sancho.

El reinado de Abderramán III marca el apogeo de la dominación musulmana en España. Fue la época que conforma el capítulo más hermoso de la historia de este país, por el ambiente que alumbró de tolerancia, respeto mutuo y convivencia civilizada en la que sería la España de las Tres Culturas, musulmana, cristiana y judía.

Las Tres Culturas de entonces son hoy las Mil Culturas de nuestra sociedad globalizada. La Biblia no es ajena –todo lo contrario– a la concordia de etnias,   pueblos y culturas: ya no hay judío ni griego, bárbaro ni escita, varón ni mujer, rubio ni moreno, eurociudadano ni inmigrante “sin papeles”, funcionario a perpetuidad o parado de larga duración…

Si bien se mira, todos somos peregrinos y emigrantes en este mundo. Mestizos, vaya. Gloria a Dios, que nos creó un solo género humano… gloriosamente multiétnico, multicultural… ¡mestizo!

------------

Manuel López, periodista español, colaborador de la agencia ICProtestante y miembro de la Iglesia Bautista de Madrid.