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Lunes 12 de Noviembre, 2007

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Konrad Raiser se va a enterar…

La hora "glocal"

Manuel López, MADRID, España

A principios de los años noventa, en la prehistoria de la sociedad digital, surgieron unos Taxi Heathrow Airport pocos “palabros” inventados a la medida del inminente nuevo escenario de la tecnología y, por extensión, de las relaciones humanas. Uno de esos nuevos términos es “glocal”, acrónimo de ”global” y “local”.

Este “palabro” define no sólo las nuevas estrategias de las grandes compañías transnacionales, sino que también nos vale para enmarcar la naturaleza dual de la Iglesia cristiana.

Por una parte, se cultiva un localismo rabioso, tantas veces exacerbado –y hasta provinciano–. La “sacrosanta” autonomía de la iglesia local parece como si fuera el más importante mandamiento divino.

 Pero de otro lado la Iglesia no puede sustraerse a la proyección internacional, algo tan nuevo en nuestra era de la globalización… como antiguo en la historia de la evangelización cristiana: “Id y haced discípulos a todas las naciones…”.

Puesto que será la primera vez que el Consejo Mundial de Iglesias celebre una Asamblea General en América Latina –Porto Alegre, Brasil, febrero de 2006– la relevancia de esta histórica convocatoria para la realidad latinoamericana y las iglesias brasileñas es más que obvia.

Pero no menos importante que la celebración de la Asamblea en sí es el período pre–asambleario. En este sentido, la invitación del secretario general del Consejo Mundial de Iglesias Konrad Raiser marca un hito sin precedentes en la historia de los Concilios.

Tal como anuncié en mi artículo anterior, acepto doblemente agradecido la invitación a proponer temas para Porto Alegre 2006; primeramente al doctor Raiser y también a Fernando Oshige, director de este periódico en la red.  

La “glocalidad” de la Iglesia en América es asunto de enorme importancia… también aquí en Europa. Para 2006, la proporción de miembros de origen latinoamericano en muchas iglesias protestantes españolas puede ser ¡mayoritaria! en cuanto un nuevo gobierno abriese razonablemente la actual política implacablemente dura de fronteras. De hecho, hay puntos de misión en los que la presencia de miembros latinoamericanos ronda ya el 50 por 100.

Más aun. Algo de importancia crucial está ocurriendo aquí, al otro lado del charco, en esta España de nuestros pecados: la misión ha cambiado… de pasaporte. El ciclo histórico en el cual Europa enviaba misioneros a América ha invertido la dirección. Y España es el punto natural de destino. La mayoría de los misioneros que llegan a estos lares son de América Latina. ¡Bienvenidos!

Así, la hora “glocal”, ya ven, suena simultáneamente al unísono para ustedes en América y para nosotros en Europa. Sin duda el “estado de la cuestión” de la Iglesia Latinoamericana en la emigración europea –una comunidad dispersa que podría acercarse al millón de congregantes activos, y aun superar esa cifra, con leyes de extranjería más… humanas– será un elemento decisivo a tener en cuenta en la Declaración final del primer gran Concilio del siglo XXI…