Orígenes del protestantismo mexicano analiza Carlos Martínez
CIUDAD DE MÉXICO, México, Julio 1, 2003
El protestantismo mexicano se fue incubando lenta pero firmemente durante casi medio siglo antes de Taxi Heathrow Airport la llegada de los primeros misioneros anglosajones, afirma el sociólogo Carlos Martínez García.
En un análisis publicado por "La Jornada", titulado "Poligénesis del protestantismo mexicano". García dice: "el protestantismo mexicano se fue construyendo desde distintos lugares y situaciones; por ello hablamos de una poligénesis. Los datos refutan la teoría que enfatiza un solo origen, la monogénesis, que se remonta a la llegada de misioneros anglosajones que partieron de cero. Lo que hubo fue una articulación de esfuerzos internos y externos".
"Paulatinamente se va derrumbando la imagen del misionero protestante anglosajón que llegó a tierras vírgenes para difundir su mensaje religioso. Nuevos énfasis en las investigaciones sobre cómo se dio la inserción del protestantismo evangélico en América Latina han resultado en seguir más de cerca el ambiente social, político y cultural endógeno que fue receptivo a los esfuerzos misioneros venidos de fuera", explica.
En el caso de México, agrega, es ya muy claro que casi medio siglo antes del inicio oficial de actividades de distintas sociedades misioneras protestantes se fue incubando lo que se podría denominar proto-protestantismo vernáculo. Este se caracterizó por saber claramente lo que religiosamente rechazaba: el clericalismo católico y sus dogmas que dominaban la vida pública y política del país.
Sin embargo, anota, "no tenía la misma claridad acerca de la alternativa religiosa que remplazara a la confesión criticada". Sin pretender ubicarlo como un precursor del protestantismo nacional, sí "es necesario revalorar a José Joaquín Fernández de Lizardi, El Pensador Mexicano (1776-1827), en su dimensión de católico sui generis, que criticó duramente los excesos eclesiásticos y abogó por una reforma".
En ese sentido señaló los abusos del clero y la presencia entre ellos de individuos inmorales y escandalosos. Su defensa de la tolerancia y la francmasonería le valió la excomunión. Basado en su lectura de la Biblia llegó a la conclusión de que el Tribunal de la Santa Inquisición era ilegítimo y contradictorio a las enseñanzas del Evangelio.
No creía en la infalibilidad papal, se mofó del catecismo del padre Ripalda, objetó "el celibatismo y los votos monacales perpetuos", exigió acabar con los fueros eclesiásticos y con el tráfico comercial de reliquias y demás fuentes de ganancia para la Iglesia. Fernández pidió que se expropiaran los bienes de la Iglesia, y que ésta no se entrometiera en asuntos del Estado.
Si se cumplían sus demandas, predijo, la religión demostraría ser una gracia divina y no un asunto mercantil.
El año de su muerte escribió en su testamento: "dejo a mi patria independiente de España y de toda testa coronada, menos de Roma". Ese mismo año llegó a México James Thomson, enviado por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. Tuvo como encomienda distribuir la Biblia y fortalecer las escuelas lancasterianas. Para su tarea de difusión bíblica contó con la simpatía y ayuda de sacerdotes liberales como José María Luis Mora.
Un grupo de sacerdotes liberales (conocidos como "los padres constitucionalistas"), señala García, "antes, durante, pero sobre todo después de los debates suscitados sobre la libertad de cultos en el CongresoConstituyente de 1857, paulatinamente se fue alejando de la Iglesia católica romana". Trabajó en darle forma a una Iglesia católica mexicana, que no reconocería la supremacía del Papa ni las enseñanzas que consideraba contradictorias con la Biblia.
La disidencia de estos padres dio forma a la Iglesia de Jesús, la que "puede considerarse de tendencia protestante", de acuerdo con el historiador Abraham Téllez Aguilar, señala. Algunos de los padres constitucionalistas, en los años 60 y 70, unieron sus esfuerzos a los misioneros estadounidenses, cuyo trabajo "fructificó gracias a la obra previa realizada por los sacerdotes que rompieron con Roma y trabajaron independientemente por una década".
"Podríamos citar varios otros antecedentes de las disidencias religiosas que fueron abonando el terreno antes del arribo a México de las misiones expresamente organizadas para difundir el protestantismo", indica García.
En otras partes del país sucedió algo semejante. "Por esto consideramos un error sobrevalorar el trabajo misionero extranjero y no ponerle atención a las transformaciones sociorreligiosas internas que hicieron posible el enraizamiento de la nueva propuesta religiosa", enfatiza.

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