
Teólogo bautista evalúa aportes y peligros del pentecostalismo carismático
CALI, Colombia, Junio 17, 2003
Al hablar del pentecostalismo y del movimiento carismático neopentecostal nos referimos a uno de los Taxi Heathrow Airport fenómenos socio-religiosos que más llama la atención en los últimos 25 años en América Latina, dice el teólogo bautista colombiano y responsable de Relaciones Eclesiásticas de Visión Mundial, Harold Segura Carmona.
Su rápido crecimiento, su entusiasmo evangelizador, su asimilación de la cultura popular dentro de su liturgia, y su indiscutible dinamismo ministerial, explican con sobradas razones la importancia de su presencia en el mundo evangélico de hoy, escribe Segura en un artículo publicado en La Revista Pentecostal. El artículo se titula "El movimiento pentecostal carismático: Evaluación desde una perspectiva pastoral".
Cita que en Brasil los evangélicos y protestantes sostienen ser el 18 por ciento de la población, esto es unos 22 millones, mientras en Chile afirman tener un 25 por ciento. Afirma también que desde 1960 han duplicado su proporción dentro de la población en Paraguay, Venezuela, Panamá y Haití.
En ese lapso los evangélicos han triplicado su proporción demográfica en Argentina, Nicaragua, y República Dominicana y la han cuadriplicado en Brasil y Puerto Rico. En Colombia y Ecuador se han sextuplicado; y en Guatemala, se han septuplicado.
No hay que dejarse llevar por el triunfalismo, anota. Detrás de ese arrollador caudal se esconde una mezcla de riesgos, peligros o amenazas. Junto a las masas anhelantes de una verdadera fe evangélica, caminan los movimientos exóticos, el fanatismo irracional, el caudillismo autoritario, las emociones manipuladas.
En fin, una tendencia que convierte las expresiones espirituales en excesos que preocupan, y una religiosidad que convierte el seguimiento radical de Jesús en una simple mercancía de consumo.
Señala que según José Míguez Bonino "el pentecostalismo es cuantitativamente la manifestación más significativa y cualitativamente la expresión más vigorosa del protestantismo latinoamericano" . Cuando nos referimos a esa fuerza pentecostal-carismática, no podemos hacerlo como si fuera un pequeño movimiento de esos que llegan, impactan, confunden y desaparecen con la misma rapidez con la que llegaron.
El cristianismo de corte pentecostal-carismático es mucho más que eso. La Enciclopedia Cristiana Mundial estima que su membresía suma 51 millones.Otros, incluyendo a los carismáticos anglicanos, católicos y protestantes, los hacen llegar a 100 millones.
Estas cifras sorprenden, si tenemos en cuenta que el año 1900 no existía una sola iglesia pentecostal en el mundo, subraya Segura.
Algo que es todavía más importante, y es la manera como han logrado penetrar con su entusiasmo, sus énfasis doctrinales, sus estilos de ministerio, sus inquietudes espirituales y también con sus excesos, al resto de la cristiandad. Tanto en el sector católico, donde se estima que hay un poco más de 50 millones de carismáticos, como en las iglesias evangélicas y protestantes en general, agrega.
Señala que una encuesta realizada en Estados Unidos en 1979, indicó que el 20 por ciento de los bautistas, el 18 por ciento de los metodistas, el 20 por ciento de los luteranos y el 16 por ciento de los presbiterianos, se declaró pentecostal carismático.
Por todo lo anterior se ubica al movimiento pentecostal-carismático como una "tercera fuerza" junto con el catolicismo y el protestantismo tradicional, advierte Segura.
Muchas de nuestras congregaciones evangélicas, agrega, han incorporado a su vida de fe una serie de manifestaciones extraordinarias; las "señales", "prodigios" y "milagros" o el rugir como animales ya no se entienden como fenómenos excepcionales, sino como acompañamiento necesario.
Mientras algunos opinan que esa pentecostalización es lo mejor que ha podido suceder y la llaman el "segundo pentecostes", otros, por su lado, luchan con todas sus fuerzas para desterrarla y la tratan como la peor de las herejías o la más dañina de las influencias para la sana doctrina, anota Segura.
Entre varios estudiosos del pentecostalismo carismático, Segura cita que Berrnardo Campos, teólogo peruano, pentecostal, y serio investigador del tema, señala que este movimiento tiene sus bases sociológicas como religión de las camadas pobres de la sociedad.
También como respuesta a la aflicción y sufrimiento de la sociedad; como construcción de una subjetividad popular como auto-producción simbólica, y como una forma de satisfacción religiosa al trauma de la conquista y colonización españolas y los posteriores colonialismos.
Entre las opiniones católicas acerca del pentecostalismo, cita que la revista Concilium, en junio de 1996, dice en su editorial "Desde hace demasiado tiempo no se atiende en la teología católica, protestante y ortodoxa al hecho de que los movimientos pentecostales se han convertido en un poder intelectual y político. Mientras que en las Iglesias tradicionales disminuye el número de sus miembros, éste va aumentando en las Iglesias pentecostales, y por cierto en todo el mundo".
El análisis del movimiento pentecostal-carismático, afirma, nos debe conducir a todos a la autocrítica y a la reflexión. Todas las iglesias cristianas necesitan oír la voz pentecostal que llama al examen honesto de la manera tradicional de vivir la fe cristiana.
También se hace necesario poner en el orden del día los grandes temas destacados por los movimientos pentecostales. Entre otros temas cita: una nueva conciencia de comunidad, la confianza en un Dios que obra milagros, la importancia de los dones espirituales para el ministerio de la iglesia, las oraciones espontáneas, y la experiencia de una vida guiada por el Espíritu de Dios, entre otros.
Finalmente, Segura menciona algunas riquezas del movimiento. Entre ellas su dinámica evangelizadora y misionera, la asimilación de la cultura popular dentro de su liturgia, la recuperación del culto como celebración gloriosa, gozosa y entusiasta.
Asimismo, su profundo interés en el Espíritu Santo unido a una piedad centrada en Jesús y la crítica a la formalidad mecánica de muchas de nuestras estructuras eclesiásticas.
Por otra parte, agrega, el movimiento pentecostal-carismático conlleva serios riesgos. Algunos opinan que América Latina no se está volviendo protestante, como diría David Stoll, sino que en nuestro seno se ha originado un nuevo movimiento religioso, "que se acomoda a la religiosidad popular y que refuerza los mecanismos tradicionales de control social".
Entre las señales de alarma menciona: su propuesta de relación directa entre crecimiento numérico y poder del Espíritu; su fuerte estratificación organizacional y la determinación del poder, acompañado de manipulación, caudillismo y rigidez; el desequilibrio entre su énfasis en los dones y en el poder del Espíritu y la carencia de reflexión social y ética.
También su desprecio a otras formas de vivir la fe cristiana; la escasa argumentación teológica y exposición exegética; su énfasis desproporcionado en temas como la demonología, o la glosolalia, u otro de carácter especial.
En conclusión, Segura resalta que el movimiento pentecostal-carismático es una fuerza significativa dentro del gran abanico evangélico en América Latina. Son importantes no sólo porque sean muchos, sino porque lanzan un válido juicio sobre la Iglesia establecida, que aparece lánguida y dormida en una época de grandes cambios.
Los evangélicos latinoamericanos hemos reaccionado con ingenuo triunfalismo frente al fantástico crecimiento numérico de nuestras iglesias. Debemos preguntarnos, pues, ¿qué clase de fe es ésta que ahora prolifera en América Latina? El tema no debe quedarse en círculos reducidos de creyentes. La reflexión y la preocupación debe ser compartida por todos los creyentes que procuran servir al Señor y ser fieles a su Reino.

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