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Lunes 25 de Octubre, 2004

Ricardo Verástegui, periodista peruano [Foto: FOS]
Ricardo Verástegui, periodista peruano [Foto: FOS]

Cuando la democracia no es representativa

Ricardo Verástegui , LIMA, Perú, Junio 9, 2003

La democracia representativa que hemos asumido en el Perú y en casi toda América Latina Taxi Heathrow Airport como sistema político para el logro del bien común en función del  fin supremo de la sociedad y el Estado que es la persona humana, tiene una debilidad, desde su nacimiento.

Es que no es representativa: si por democracia representativa se entiende el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo.

La democracia que tenemos se nos revela como un gobierno de los políticos y no como un gobierno del pueblo cuando observamos lo que éstos discuten y aprueban como bueno para el país y la población, desoyendo el clamor de la ciudadanía y cerrando los ojos ante la realidad que ésta vive.

En suma, la negación absoluta de la democracia representativa y la clara evidencia de la existencia de una ética pública basada en la componenda, el tráfico de influencias, la corrupción de funcionarios y una alianza del poder político dominante con los intereses de los grupos de poder económico nativos y los de las empresas transnacionales.

Ética pública que, por otra parte, empata con el pensamiento y la ética del interés privado que enarbola la supremacía del mercado y del individuo sobre el interés colectivo de las personas y de las naciones, y que ha encontrado en la prédica neoliberal y la globalización del dominio imperial del dinero a sus mejores aliados.

Por eso cuando observamos y descubrimos la brecha existente entre las promesas de los candidatos a gobernantes y lo que éstos hacen en el ejercicio del poder público no se trata de que la democracia representativa falla, sino que – lo que es más grave todavía – no existe.

Desafío que nos presenta la necesidad de construir un sistema democrático que ponga la economía al servicio de la persona y represente - real y efectivamente -  a la ciudadanía, así como la de vivir una ética basada en la reciprocidad y en la solidaridad  que sea el vaso comunicante permanente entre esfera pública y sociedad civil.

Únicamente de esta forma la democracia, el gobierno del pueblo y para el pueblo, será una realidad; y la ética pública y privada,  la búsqueda permanente por reducir la inequidad social generadora de pobreza en procura del desarrollo no sólo entendido como crecimiento económico que involucra inversión de capital.

Sino, también, como progreso científico y tecnológico, como un proceso que tiene relación directa con el crecimiento integral y sostenido de los seres humanos, de las culturas y del medio ambiente.

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Ricardo Verástegui, periodista peruano, trabaja en el Foro Solidaridad Perú


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