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Lunes 25 de Octubre, 2004

Ricardo Verástegui, periodista peruano [Foto: FOS]
Ricardo Verástegui, periodista peruano [Foto: FOS]

Bush, el deicida del siglo 21

Ricardo Verástegui , LIMA, Perú

Recientemente (para ser más exactos el miércoles 21 de mayo último) el senador demócrata por Taxi Heathrow Airport Virginia Occidental, Robert Byrd, acusó en el pleno del Senado al presidente George W. Bush de haber engañado a Estados Unidos sobre las amenazas de Irak para justificar la invasión a ese país árabe.

Byrd, uno de los legisladores más veteranos de los Estados Unidos, afirmó que “todo ese gran bombo que hizo el equipo de Bush sobre las armas de destrucción masiva en Irak como justificación para una invasión preventiva se ha transformado en algo más que en una incomodidad; ha levantado serias dudas sobre tergiversaciones y sobre el uso inconsiderado del poder”.

Asimismo atribuyó al gobierno dar “declaraciones falsas” acerca de cuánto dinero costó la guerra, cuánto durará la ocupación de Irak y cuántas fuerzas serán necesarias durante ese período; y de conceder los contratos para la reconstrucción de Irak a “los amiguetes  de la administración”.

Las imputaciones hechas por el octogenario legislador Byrd a Bush  y al gobierno estadounidense, todas ellas ciertas, podrían llevarnos a pensar que el presidente de Estados Unidos y su gente han mentido y mienten porque tienen un problema de mitomanía derivado de su visión religiosa fundamentalista en la que, como dijera el premio Nóbel de Literatura Gunther Grass, “han tomado a Dios como rehén” para justificar sus concepciones y acciones fanáticas.

Sin embargo, la práctica de la mentira de la actual administración estadounidense no es un asunto de desórdenes psicológicos de sus representantes, sino – como lo podemos confirmar ahora – un elemento central de la política interior y exterior de los Estados Unidos, iniciada el 2002.

Precisamente en febrero de ese año un artículo publicado por The New York Times reveló que el Pentágono estaba considerando “proveer de noticias, incluso falsas, a los medios de comunicación extranjeros como parte de la guerra contra el terrorismo”.

Y que para ello, según algunos analistas, la administración Bush  pensaba emplear a la Oficina de Influencia Estratégica, bajo la dirección del brigadier general de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, Simon P. Worden, creada expresamente para contrarrestar la propaganda antinorteamericana.

Ante estas constataciones ¿puede la comunidad internacional confiar en semejante gobierno? Un gobierno que utiliza la mentira para asesinar a pueblos enteros en defensa de los intereses de las transnacionales del dinero y preservar su liderazgo político militar mundial a sangre y fuego, haciendo tabla rasa de los principios del derecho y la justicia consagrados universalmente para hacer posible la vida y la convivencia humana.

Nosotros, como cristianos, sabemos que el que miente, que el que no hace justicia y no ama a su hermano no es de Dios, sino homicida(1 Juan 3:10,15); y que, por todo esto, Bush( junto a sus secuaces) se ha convertido hasta el momento en el más grande deicida del recién iniciado siglo 21.