
Primero de Mayo
Oneide Bobsin, SAN LEOPOLDO, Brasil
Al principio hubo una sublevación en los cielos. Los dioses inferiores fueron incitados a protestar Taxi Heathrow Airport contra el trabajo que les fuera impuesto por los dioses superiores. El líder de la huelga fue apresado. Como castigo le cortaron los vasos sanguíneos. De la sangre de la divinidad nació la humanidad, sobre la cual recayó arduo trabajo.
Creada la humanidad, los dioses estaban libres del trabajo forzado. Construyeron, entonces, um santuario al dios que los liberó del trabajo forzado. Mientras rendían culto al dios liberador, la humanidad trabajaba arduamente; ella comía el pan, fruto del sudor de la frente.
Bajo el trabajo forzado en una tierra seca y llena de cardos y espinas, mujeres y hombres se rebelan contra los reyes que se habían convertido en señores de las tierras al creerse dioses. Diferente de la rebelión en los cielos, de la nueva sublevación nace el día del descanso y de culto.
En el relato de la creación del mundo y de la humanidad, conforme a las primeras páginas de la Biblia, el escenario de la rebelión no es más el cielo, sino la propia Tierra, cuyo único dueño es el Creador y no los reyes/dioses. Y los seres humanos, hechos a semejanza del Creador, son presentados como imágenes que sustituyen a los reyes/dioses.
Mas las caídas de la humanidad la hacen volver a los viejos dioses. En la caminata a la Tierra Prometida mujeres y hombres se cansan del camino arduo de la liberación en el desierto y fabrican un becerro de oro, al mismo tiempo que clamam por las ollas de carne de los tiempos de trabajo forzado en Egipto. Pero el oro fundido en forma de becerro/dios no fue capaz de parar la caminata.
Los fragmentos del mito babilónico y el nuevo significado dado por los autores bíblicos están lejos de meros relatos del pasado. Su actualidad se refleja en la lucha por el trabajo como afirmación de vida.
La conmemoración del uno de mayo en gran parte de nuestro planeta reafirma la centralidad del trabajo como medio de afirmación de una vida digna. Ya distantes de un tiempo de conmemoración festiva, trabajadores y trabajadoras lamentan el ocio impuesto por un sistema de exclusión. La vía sacra de millones y millones de trabajadores en busca de un puesto de trabajo nos remite al tiempo mítico de los babilonios; sólo que esta vez el mito es vivido de otra manera. Hombres y mujeres imploran por trabajo, aunque sea precario y en condiciones viles.
Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, oran a los dioses de nuestro mercado pidiendo que no les impongan más el desempleo como ocio forzado. Sus clamores hieren nuestro sentido de justicia: !Oh dioses del mercado, creen más puestos de trabajo!
Mas el Creador de la luz desciende de lo alto y viene a mostrar una nueva luz, haciendo del mundo una viña (Mateo 20. 1-16). Aun los que trabajaron apenas una hora recibieron del buen Señor el mismo salario, causando insatisfacción en los que trabajaron todo el día. La bondad del Señor de la viña revela que la satisfacción de las necesidades de la vida están por encima del trabajo.
La reducción de la jornada de trabajo sin disminución del salario, como una de las formas de aumento de puestos de trabajo, recibe una motivación evangélica y la sangre derramada de Jesus nos muestra que un mundo de trabajo para todas las personas es posible.
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Oneide Bobsin, Pastor de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en el Brasil y profesor de Ciencias de las Religiones de la Escuela Superior de Teología de São Leopoldo/RS/Brasil.

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