
Hospitalidad eucarística del metodismo
José Aparecido de Oliveira, BELO HORIZONTE, Brasil
El neoconservadorismo es una realidad que da miedo. No solamente en el aspecto político, en Taxi Heathrow Airport el que muchos líderes conservadores han retornado al poder (por ejemplo George Bush en Estados Unidos, Silvio Berlusconi en Italia, etc), sino sobretodo en el campo religioso, en que antiguas y radicales prácticas resurgen para levantar murallas, barreras y separaciones que habían sido derribadas.
Tal es el caso de la última encíclica (carta pontificia) del papa Juan Pablo II, publicada el jueves de Semana Santa (17 de abril), en la que condenó las normas doctrinales, litúrgicas y ecuménicas que puso en vigencia el Concílio Vaticano II (1962-65).
No vamos a entrar a discutir aspectos de un terreno ajeno, pero vale la pena resaltar algunas de las prohibiciones que establece la encíclica "Ecclesia de Eucharistia" (La Iglesia vive en la Eucaristia).
En ella, el Papa afirma enérgicamente que sólo pueden recibir la comunión quienes se encuentran en "estado de gracia" y que están excluidos aquellos que "obstinadamente persisten en un manifiesto pecado grave", una clara alusión a los divorciados que volvieron a contraer matrimonio y a las parejas que viven en unión libre.
En el documento, Juan Pablo II también condena a los católicos que participan en cultos de otras confesiones cristianas.
La presente reflexión es importante para rescatar un principio que acompaña al pueblo metodista desde el inicio del movimiento: la invitación abierta y universal para la práctica eucarística.
Como medio de gracia y no destinada solamente a los que se encuentran en estado de gracia, la Cena fue instituida para las personas que “saben y sienten que necesitan la gracia de Dios, sea para impedirles caer en pecado, o bien para demostrar que sus pecados están perdonados, o para restablecer la imagen de Dios en sus almas”.[1]
Cuando se levantan prohibiciones y condicionamientos para participar en el sacramento de la Cena, el pueblo metodista debe reafirmar uno de sus principios más vitales y ponerlo en práctica, a fin de que este medio de gracia se extienda a todos y les comunique la gracia de Cristo.
La Iglesia Metodista de Brasil, a partir de esta herencia, no tiene ninguna dificultad en compartir la comunión eucarística con todas las personas que, con fe, desean participar en ella. La hospitalidad eucarística está confirmada en nuestros documentos.
En ningún caso, la celebración de la Cena del Señor se realizará a puertas cerradas, ni tampoco será negada a cualquier visitante, sea cual fuere su origen. Nosotros, los metodistas, afirmamos que la Mesa es del Señor de la Iglesia. Todos los que creen en Jesús y estén arrepentidos de sus pecados, están aptos para participar. El pastor o la pastora metodista no podrá negar la Cena del Señor a cualquier persona que se acerca a la mesa de Comunión. .[2]
Prohibir a las personas participar en la Cena es lo mismo que hacerlas sacrificar ante rudimentos y legalismos. Los primeros metodistas jamás renunciarán a su convicción de que “el Señor, ofreciéndose a sí mismo, hizo un sacrificio pleno, perfecto y suficiente por los pecados de toda la humanidad” (Ritual de la Iglesia Metodista), y por lo tanto no necesita ninguna adición.
La Santa Cena es un recordatorio del perdón, del sacrificio pleno y realizado, y no meramente una invitación con más condiciones e imposiciones.
Mucho más que un ofício commemorativo, la Cena para los metodistas es un momento en el cual la comunidad celebra la presencia real de Cristo, al representar su obra, cuyos efectos se tornan actuales en la vida de aquellos que creen.
Por tanto, antes de ser un acto de la Iglesia, la Cena es un acto del Señor, por medio del cual El comunica su gracia a toda la humanidad.[3]
Por eso es que los pastores y pastoras metodistas, el primer domingo de cada mes, reafirman este principio con orgullo y acogen con cariño a los visitantes que entran en nuestras iglesias y con nuestra compañía participan en “el recuerdo de la liberación; el compromiso con el Reino; el misterio de la presencia de Cristo; la motivación para la unidad; el alimento para la fuerza”.[4]
Ahora, más que nunca, nuestros templos, mentes, corazones y brazos deben estar abiertos para acoger a quienes desean participar en la celebración de la Cena. “Celebrarla, en un mundo dividido, nos compromete a luchar con el objetivo de superar las murallas de separación erigidas, no sin pecado, por el ser humano".
"La hospitalidad eucarística debe ser una señal que nos motive a buscar incesantemente la expresión visíble y completa –con respeto, diálogo y amor – de la unidad que tenemos en el único Señor”.[5]
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José Aparecido de Oliveira, pastor y periodista metodista del Brasil
[1] WESLEY, John. Journal: 28/06/1740 apud BURTNER & CHILES. Coletânea da Teologia de João Wesley. São Paulo, Junta Geral de Educação Cristã, 1960, p. 272.
[2] COLÉGIO EPISCOPAL. Carta Pastoral sobre a Ceia do Senhor. São Paulo, Imprensa Metodista, 1996, pp. 24-5.
[3] SOUZA, José Carlos de. Ceia do Senhor e Hospitalidade Eucarística – uma perspectiva metodista. Caminhando: revista da Faculdade de Teologia da Igreja Metodista, v. 6, n. 8, jul 2001. S. Bernardo do Campo, SP.Editeo/Umesp, pp.33-4
[4] SANTA ANA, Júlio apud SOUZA, p. 40.
[5] SOUZA, pp.44-5.

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